Ajedrez y democracia.

December 8, 2014

A menos de que tengas doscientos años lo más probable es que al escuchar la palabra “democracia” pienses en prosperidad, justicia, progreso, y paz. Pero para mí la palabra “democracia” significa tiranía, guerra, y atraso. De manera que es probable que si nos encontrásemos en alguna parte tú y yo tendríamos algunas cosas que decirnos.

Cuando frente a un hecho se desprenden dos explicaciones: una basada en la realidad y otra basada en una ficción, no siempre gana la primera. Es posible que en una disputa entre la verdad y la ficción, sea la ficción la que gane, y no solo que gane, sino que además, por atractiva o conveniente, suplante a la realidad.

Imagina que una persona comenta que está cansada y otra le dice que la mejor forma de descansar es salir a correr un rato. Todos sabemos que la solución no es esa sino precisamente la contraria, pero con el mensaje adecuado y la intensidad suficiente se puede llegar a convencer a todo un pueblo de que la solución al cansancio está en salir a correr. En especial si el gobernante es el dueño de la fábrica de zapatillas deportivas.

No siempre las ficciones son lo opuesto a la realidad como en el ejemplo anterior, muchas veces son simplemente explicaciones alternativas y ficticias, como señalar que la solución al cansancio pasa por comer brócoli. El caso es que casi siempre estas ideas ficticias se propagan porque quienes están en el poder tienen el motivo y los medios para propagarlas, y porque la marabunta carece del ingenio necesario para detectar el engaño.

El truco de las ficciones políticas está en que nadie las detecta. Se sostienen precisamente porque son capaces de suplantar a la realidad de forma completa. Hay que acotar que no son mentiras cogidas por los pelos, son ficciones creíbles, difíciles de desmentir, que evolucionan junto con la sociedad a lo largo de varios siglos, en el caso de la democracia son los últimos 200 años, y es una idea que está tan arraigada socialmente que planteársela trae consigo un estigma social.

El mejor ejemplo para ilustrar esto es el de la Monarquía Divina porque es una ficción difunta: ya nadie cree en esto, pero hace unos siglos todo el mundo creía que la Monarquía Divina era el gobierno perfecto: un sistema en el que el Rey es elegido y puesto allí por D-os para gobernar sobre todos. Dado que en el pasado sí creímos en esto de forma colectiva y hoy nadie cree en ello entonces la única conclusión que se puede sacar es que o bien la ficción suplantó a la realidad en el pasado y estuvimos todos engañados; o lo estamos ahora y la Monarquía Divina sí es, en efecto, un designio de los Cielos.

Convencer a un ciudadano egipcio del siglo 3 AdC de que la Monarquía Divina no era real, que D-os no seleccionó a nadie, y que por lo tanto el gobernante estaba allí de forma más o menos arbitraria, sería un ejercicio tan complicado como convencer al ciudadano del siglo 21 de que la Democracia Participativa es una ficción, que no produce igualdad ni trae bienestar ni paz a los pueblos, y que en definitiva está en el origen de las tiranías.

Quizás esto es un artículo que por lo extenso debería ir en la sección de artículos, pero dado que las ideas aunque forman un cuadro sólido, entre ellas son más o menos independientes prefiero hacer varias notas cortas, cada una explicando una idea puntual acerca de la ficción de la Democracia, que un artículo largo. Esta es la primera de ellas acerca de lo pernicioso que es el voto popular.

Imagina que hay un tablero de ajedrez. Tenemos las fichas negras, las fichas blancas, un jugador a cada lado. Alrededor del tablero hay además una audiencia. A medida que se desarrolla el juego la audiencia hace apuestas. Algunos apuestan a favor del jugador negro. Otros a favor del blanco. Dependiendo de los movimientos que hace cada uno las probabilidades de ganar o de perder aumentan y lo mismo ocurre con las apuestas.

Supongamos que el juego acaba de empezar. El tablero está intacto. En este momento tanto el blanco como el negro tienen las mismas probabilidades de ganar, y por lo tanto colocar una apuesta a favor de uno o a favor del otro paga lo mismo: 50-50.

El blanco abre con un movimiento tradicional, como podría ser el Peón del Rey. Es un movimiento típico para el que existe una amplia gama de respuestas predeterminadas y que por lo tanto no afecta en gran medida el desenlace del juego. Si decides apostar en este punto las probabilidades siguen siendo 50-50 o supongamos que son algo así como 49-51 dado que el blanco ya ha movido.

Ahora imagina que en lugar de abrir de la forma tradicional, el blanco abre con una jugada torpe como el Peón del Alfil. Es difícil recuperarse si cometes un error estúpido al principio de un juego. Sabemos que la audiencia considera que el blanco tiene menos probabilidades de ganar porque las apuestas rondan el 30-70 a favor del negro.

Considera las posibilidades de este arreglo y piensa en lo que pasaría si tú pudieras conocer de antemano las apuestas que haría la audiencia en base al juego que se está desarrollando. Sabrías qué apuestas haría la audiencia dependiendo de cada movimiento, y podrías elegir cómo reaccionar en base a eso. Es decir, serías capaz de eliminar al jugador. Es una idea radical y hasta cierto punto genial. No dependes de la capacidad del jugador para elegir de qué forma mover las fichas y parece que has logrado desprenderte del error humano.

Pero aquí viene el problema y es el siguiente: para que este ejercicio tenga un final feliz la audiencia ha de cumplir con tres requisitos:

1) La audiencia ha de conocer el juego.

2) La audiencia ha de estar involucrada con el desenlace del juego.

3) No debe haber un conflicto de interés.

La audiencia ha de conocer cómo funciona el ajedrez y debe tener experiencia jugando. Si la audiencia no conoce la diferencia que existe entre abrir con el Peón del Rey y abrir con el Peón del Alfil, están apostando a ciegas y sus elecciones tendrán poca relación con la realidad por lo que guiarte por ellas no será mejor que lanzar una moneda.

Si a la audiencia le da igual el desenlace del juego porque no ha invertido nada en él entonces también tenderán a apostar por diversión. No apostarán de manera rigurosa ni estudiarán las posibilidades con atención. Quizás una manera de corregirlo sería observar cuánto dinero apuesta cada cual. Una persona que no ha invertido nada, o casi nada, en la apuesta tiene menos que perder que alguien que ha invertido una cuantiosa suma, podemos pensar que la tendencia es que la gente que invierte fuertemente lo hace con convicción: sabe a qué está apostando. El dinero se toma simplemente como una medida de cuánto confía el que apuesta en su elección: mientras más ha arriesgado una persona en una empresa, tanto más importante es para él el desenlace.

En última instancia es necesario que no existan conflictos de interés. Supongamos que a un miembro de la audiencia se le ocurre que si apuesta fuertemente a un resultado determinado puede ganar mucho dinero pero para ello necesita que el resto de la audiencia apueste al escenario contrario aunque no tenga mucho sentido hacerlo. Si esta persona puede utilizar su dinero para alterar el patrón de apuestas de la audiencia e influir en sus elecciones lo hará siempre y cuando le reporte un beneficio. Digamos que él sabe que apostar a cierto resultado le generará una cantidad de dinero, llamémoslo X. Y él determina que para influenciar las apuestas de la audiencia de manera que su apuesta funcione debe invertir una cantidad de dinero, llamémoslo Y. Esta persona cambiará el resultado de las apuestas siempre que Y sea menor que X. Así que podríamos estar basando nuestras jugadas sobre el tablero no en lo que verdaderamente la audiencia considera que es la movida acertada, sino en un espejismo: en lo que una persona de la audiencia eligió de antemano por su propio beneficio.

Es probable que de cada 100 personas que lean este artículo las que tienen experiencia alguna en política, y entienden de qué manera se gobierna sean exactamente 0. Sin embargo cuando llegan las elecciones todos pueden ir a votar. Su voto es tan valioso como la apuesta del que no sabe diferenciar entre el Peón del Rey y el Peón del Alfil. Elegir el destino de una Nación en base a las elecciones arbitrarias de millones de personas es tan absurdo como lo es elegir tu estrategia sobre el tablero de ajedrez en base a las elecciones aleatorias de cientos de espectadores que están viendo por primera vez un partido de ajedrez.

Supongamos que mis 100 lectores han decidido ir a votar. Es probable que la mayoría de ellos no tenga nada invertido en el país: no tienen una propiedad a su nombre, ni son dueños de una empresa que opera y genera beneficios en España. Alguno habrá que tenga una familia y sea responsable por la vida de sus hijos, pero pocos son los padres que se dan cuenta de ese hecho y lo asumen con la debida responsabilidad. Habrá varios con múltiples nacionalidades, o españoles por el mundo que viven en otro país pero votan por el destino de España aunque ni siquiera vivan allí. Por lo tanto la mayor parte de quienes votan en unas elecciones son personas que tienen poco invertido en el país. Es como el miembro de la audiencia del juego de ajedrez que apostó un céntimo y lo único que arriesga es su propio aburrimiento: elegirá en base al que prometa mayor entretenimiento a corto plazo.

Es evidente que cuando se trata de gobernar los conflictos de interés son múltiples y comprar votos es rentable. A veces ni siquiera hace falta dinero para comprar votos, basta con promesas y discursos. Así que el voto popular que es el principal mecanismo de la Democracia Participativa es un mecanismo pernicioso que desemboca en movimientos estúpidos.

Aunque al voto popular es la cura al cansancio –nos lo venden como “el gobierno de todos”, es “el gobierno del pueblo”– en realidad es el gobierno de nadie porque se parece más a jugar ajedrez con los ojos vendados o seguir las direcciones de un tercero cuyo interés está en conflicto con el interés del pueblo que la ficción que nos venden.

La Democracia Participativa también la presentan como la alternativa a otros sistemas primitivos. En lugar de tener un Jefe de Jefes como las mafias o las tribus de gorilas en la selva, nosotros tenemos la Democracia, ese maravilloso antídoto a la opresión y a la violencia.

La realidad, sin embargo, es que la nación que elige como modelo la Democracia Participativa está en un estado de constante fricción. La lucha por el poder entre diferentes facciones o partidos en períodos de cuatro años es una especie de guerra limitada en la que no se pueden usar armas, sólo el número de cabezas. Este sistema sólo lo soportan sociedades homogéneas y estables en las que hay una idea de destino compartido con pocas variaciones. La Democracia en esas sociedades es un mal que a duras penas se soporta, y las sociedades que no consiguen soportarlo desembocan en guerras civiles y el posterior gobierno de gorilas.

  • Alberto Aguerrea says:

    Muy buen artículo, una idea que siempre me ha rondado la cabeza.

    Pero… de esto me sale la otra duda que tengo: ¿si la democracia no es la mejor opción, cual es la mejor? ¿Qué condiciones habría que poner para poder votar a los líderes de nuestra nación? ¿Cómo podríamos asegurarnos que nuestros gobernantes elegidos de la siguiente forma nos representan a todos, o luchan por el bien común, o por el bien de la mayoría? ¿qué es el bien común?

    Pregunto porque realmente contra esas preguntas no se qué pensar

    Gracias Yael por el artículo!
    Se agradece que se hable de estos temas tabú!

    1. Marcelo says:

      El “voto calificado” sería cuanto menos una mejora sobre el actual sistema y ayudaría a depurarlo.
      My 5 cents

  • Jose Luis says:

    Hola Yael, no se si hablas frances pero esta proposicion de Etienne Chouard, me parece cundo menos interesante https://www.youtube.com/watch?v=QR-Y9A-zfNA
    un saludo

  • Doverx says:

    Tecnocracia, posiblemente un día, por oposiciones, estudios, uno trabaje como presidente administrando un gobierno al servicio de la sociedad nacional. Trabajo limitado, recurrente en aquellos ciudadanos que tengan mejor criterio de ejecutar el servicio de presidir una nación. No elegido por influencia de unos u otros, si no, por sus conocimientos avalados por una rigurosa oposición, todos pueden,pero no todos están preparados.

    Derechos y deberes ¿ donde está la libertad individual? Creo que en el desarrollo y obtención de beneficio tanto del individuo como los que se benefician de su progresion social.

    Clan,familia,sociedad, tienen individuos con cualidades, unos preparados para proteger,otros para generar bienes,otros para construir, etc, eso no se elige en votos, si no en hechos. Tu vales, tu lo haces, tu no vales, busca en que vales y deja ese puesto.

    Democracia, Tecnocracia,Feudalismo, en fin. El mundo ya giraba antes de complicados ensayos humanos. Al final el bien común, reforzar y proteger a los que mas producen, los que templan las asperezas nos van indicando como funciona la vida.

  • Thannia Blanchet says:

    Tiene sentido (y sé que muchos chairos de México estarán de acuerdo, aunque yo agradezco que no hayan ganado ellos), pero tengo la misma duda que todos (y asumo lo escribirás en otro artículo) ¿Cuál sería la opción más viable? Si las masas no están preparadas para votar y la monarquía absoluta es muy arcaica… ¿Hacer un examen de economía/política/derecho para poder votar?¿Votos clasistas?¿Que el gobierno sea un puesto meritocrático como en una empresa?¿Anarquía total?¿Hay alguna forma de gobierno en la que se pueda minimizar la corrupción?

  • Somedude says:

    Por cual partido de Esados Unidos votarías? Por los republicanos o por los demócratas?

  • Kate ~ says:

    Interesante alegoría con el ajedrez, prácticamente opino lo mismo.
    Yo añadiría que a mi modo de ver, aún si 30 de los 100 supieran jugar al ajedrez en una medida ‘x’, no necesariamente todos saber jugar razonablemente bien, y otros… pongamos 20, hayan oído hablar del juego; aún así, nadie estaría eligiendo. Quiero decir con esto que casi siempre que se saca una media de muchas variables amplias el resultado nunca es representativo de la realidad, el margen de error es amplísimo y la inmensa minoría es la que prima por lo cual al redondear, todo se queda en una aberración que trata de ‘satisfacer a todo el mundo’ y al final obviamente es contradictoria y no satisface a nadie. Osea que ya el problema no es que los que elijan no sepan elegir bien sino que el popurrí de opiniones da nada, un caos rotundo.

    Y vamos, esto contando que entre todos los políticos, fuese a haber alguno inteligente, con actitudes aptas, no corrupto… un político de los que ya no hay, si es que alguna vez los ha habido. No creo que los haya habido porque nadie lo suficientemente inteligente se mete a la política. Cualquiera con dos dedos de frente notaría que con tantas variables no es posible satisfacer a todo el mundo, un mundo que mayormente no sabe lo que quiere, o al menos no las consecuencias y necesidades de satisfacer lo que quiere, pero aún así lo exige en bandeja.
    También notaría que no se multiplica nada y mucho menos la riqueza simplemente cambiándola de sitio, todo lo contrario, se pierde residuo en la re-estructuración, por tanto, los que quedan ahí en el podio son los que prometen y re-prometen que pueden jugar la partida con normas diferentes y les dan burbujas de aire a los que no saben jugar, los que han oído pero mayormente pescan y se defienden de los que saben.

    Salud.

  • Euclides says:

    Este artículo justifica mi poca fe en la democracia a la que yo considero una trampa diabólica para tanto tonto, o para tanta gente buena que se deja engañar con facilidad. El mayor error de la democracia es considerar que todos los votos han de tener el mismo valor, cosa imposible que de momento ya empieza viciando el resultado final.

  • Patricia says:

    Estoy de acuerdo con lo que has expuesto, siempre me ha parecido curioso que el destin de los paises se deje en manos del vulgo, dentro del cual es posible encontrar muchas personas incapaces de encauzar su propia vida. Hace 100 años hablar del gobierno del pueblo podria considerarse un gran avance, dados los sistemas de gobierno previos, pero a dia de hoy lo unico que denota es que nos hemos quedado estancados. La falta de evolucion es lo que está matando al sistema y esta propiciando su decadencia. Esta la podemos ver dia a dia en la mediocridad de los politicos, la crisis economica, el auge de los extremismos…La mayoria de la gente se queda con “el menos malo de los gobiernos” pero me parece que este enfoque es conformista, creo que deberiamos aspirar a mejorar la democracia y hacerla evolucionar y una de las medidas seria restringir el derecho de voto de acuerdo a criterios objetivos como formación, patrimonio, inversiones, residencia, oficio… Un saludo y gracias, siempre es un lujo poder leer tus nes, ayudan a plantearme cuestiones nuevas y estimulantes.

  • Jedilady says:

    Muchas gracias por este artículo. Tengo ya un buen tiempo pensando (y diciendo) lo mismo. El voto popular es, sencillamente, arcaico y nada beneficioso. En todo caso, deberían poder llegar por meritocracia, cumpliendo toda una serie de disposiciones. Pero allí es cuando me pregunto de nuevo, en ese caso ¿quiénes serían los responsables de ello, y quién les elegiría?

  • Marina says:

    Muy interesante, y también el hecho de no poder hablar abiertamente de esto sin que se te tache de fascista o franquista (dos palabras que aquí en España salen enseguida). El problema, en el fondo, es dotar de una cantidad gigantesca de poder al estado: no importa el mecanismo por el que se decida a quién va ese poder, este sigue siendo desproporcionado. Creo que el mal menor es retirarle la mayor cantidad posible de ese poder al estado, de forma que la imperfección de cualquier modelo electivo tenga unas consecuencias reducidas para el conjunto de la población.

    Por otra parte, creo que habría que matizar cómo evaluar lo que cada votante invierte en la elección de uno u otro partido. Hay personas sin patrimonio o empresas a las que una decisión política puede hacer perder algo importante, como cobertura médica o una prestación social; la inversión es pequeña en términos absolutos, pero muy grande en términos relativos para esa persona concreta. Me parece que el desconocimiento de las reglas es un problema mucho más grande para la democracia que lo que cada uno se juega o no en unas elecciones, porque hay quien termina jugándose mucho más de lo que pensaba al principio, pero que aun así no puede votar con conocimiento de causa porque no tiene ni idea (no sé si me he explicado muy bien).

    Saludos y gracias por tu blog, en casa somos muy fans y solo lamentamos que no escribas más a menudo.

  • Muy buen artículo, plantea de manera muy clara (y con una analogía genial) lo que de otra manera es más bien difícil de comprender.

    Con respecto a la pregunta que plantean otras de las personas que comentan (y que es una pregunta que normalmente surge ante temas como este) sobre “cuál sería entonces la solución”, creo que tenemos que empezar por comprender que no todas las cosas están “inventadas”, y que es normal que nos cueste trabajo plantearnos otras alternativas, particularmente cuando esas alternativas no existen aún, o si acaso existen todavía no han sido popularizadas, o siguen siendo estigmatizadas, o lo que sea.

    Por otro lado, la duda que me surge con respecto a la participación política (y la que me mueve a seguir votando) es la siguiente: si bien sé que la democracia no es lo que pintan, que las elecciones (al menos en Colombia) están marcadas por los intereses económicos de los empresarios, los narcos, etc, que cuando voto por una persona en el fondo no tengo ni idea por quién estoy votando ni qué significará si resulta elegido (a pesar de que conozca su programa de gobierno)… ¿cómo se desconecta uno del sentido de “responsabilidad”? Es decir, si las personas que son críticas del sistema en el que viven y de las realidades políticas que los gobiernan deciden no votar, ¿no es una manera de dejar el “futuro del país” en manos de las personas que tienen AÚN menos idea de lo que pasa?

  • SGO says:

    Creo que en muchos comentarios se está confundiendo la democracia participativa, que es de la que habla Yael en su artículo (o nota), y que supone que los ciudadanos tengan capacidad de intervención e influenciar en la toma de decisiones de carácter público; con la democracia representativa, que es la forma de gobierno donde los ciudadanos ejercen el poder político indirectamente, es decir, lo ejercen a través de sus representantes, los cuales son elegidos mediante sufragio, en elecciones libres y periódicas.

    La democracia participativa defiende que los ciudadanos asuman un rol activo y protagonista dentro de la política y no, que se limiten al ejercicio del sufragio de las personas que les representarán, como ocurre en la democracia representativa.

    En mi opinión, la democracia participativa, pese a que se venda como un sistema más justo, plural y con mayor inclusión social, tiene como inconvenientes la falta de conocimiento que presentan los ciudadanos para tomar iniciativas que, aunque puedan afectarle directamente, requieren de un grado de información que sólo está al alcance de ciertas personas. Participar, como tal, puede ser “muy bonito”, pero la toma de decisiones debe delegarse en los profesionales que (se presumen) entienden y están preparados para ello.

    Por otro lado, al tomar decisiones mancomunadas, por el conjunto de los ciudadanos, se diluye la responsabilidad y, por tanto, se imposibilita la asunción de consecuencias ante cual negligencia o incumplimiento. A nadie se le puede pedir explicaciones si la decisión se toma por los ciudadanos a los que afecta, pues se carece de cabeza visible que asuma las consecuencias de su actuación.

  • Sanan.ex says:

    Hola:

    Yo también creo, como un comentarista anterior, que se esta confundiendo democracia participativa con representativa, pero también creo que ese comentarista confunde democracia participativa con democracia directa.

    En la democracia participativa lo que hay es un mayor uso de referendos y plebiscitos, sobre determinadas cuestiones claves e incluso para revocar mandatos si la ciudadanía cree que los electos están incumpliendo para lo que fueron elegidos.

    La democracia participativa no es incompatible con la representativa, es más, un adecuado balance y equilibro entre ambas es una de las mejores formas de democracia.

    La participativa “obliga” a los ciudadanos a ser parte activa de determinadas decisiones claves y no unos simples espectadores sin poder real alguno y que solo pueden ejercerlo cada cuatro, cinco, seis, etc., años, cuando toca votar y elegir representantes.

    Naturalmente esos mecanismos de participación tienen que tener unas reglas para su convocatoria y para que sus resultados sean vinculantes. Prácticamente todos los
    países democráticos contemplan el uso, más o menos extenso o reducido, de mecanismos de democracia participativa, en España podemos hablar del Referéndum Constitucional, el de la OTAN, el de la Constitución Europea o los diversos referendos autonómicos para sus respectivos estatutos (en las autonomías que usan esa herramienta).

    En Europa los casos más conocidos son Italia y sobre todo Suiza. Fuera de Europa hay muchos mas ejemplos, aunque el más conocido sea Estados Unidos y sus innumerables consultas estatales sobre los más diverso temas e iniciativas. De
    todas formas dudo que el post haga esos distingos y más bien va hacia una crítica a la democracia tal cual, que a la distinción entre representativa y participativa.

    Pero vayamos al meollo de mi comentario, que es sobre el contenido del post del blog. En mi opinión la autora minusvalora gravemente a la ciudadanía y a los
    mecanismos de aprendizaje. Es posible que “alguien” engañe a los “apostantes” una o varias veces, pero al final, la mayoría de los “apostantes” al ver los efectos y resultados de sus apuestas empezaran a desconfiar del manipulador y obraran en consecuencia.

    No considero que por tener o no propiedades el voto sea más o menos valido y, ademas, ese, llamémosle, argumento, es muy inadecuado para España. Este país se
    caracteriza, por suerte o por desgracia, por ser un país de “propietarios”. Nada menos que el 83% de las viviendas en España son en propiedad y del 17% restante de la población que vive en alquiler, mucho me temo que muchos de ellos no tendrán vivienda, pero sí otras propiedades o inversiones en este país

    El porcentaje de voto emigrante, que muchos de ellos tiene vinculaciones muy fuertes con España, incluso de “inversión” que es lo que parece preocupar o valorar mas la
    autora a la hora de cualificar un voto, es insignificante, por ejemplo, en las ultimas elecciones generales, el voto emigrante supuso un 0,28%.

    Por lo tanto la afirmación, basándose en propiedades o inversiones exclusivamente, que “la mayor parte de las personas que votan en unas elecciones – en España- tienen poco invertido en el país” como descalificación del voto, es un error de proporciones mayúsculas

    ¿La democracia puede desembocar en tiranía? Pues sí o… no. ¿La tiranía puede desembocar en democracia? Pues sí… o no. ¿Cual es mejor elección, una
    democracia, aun imperfecta y con sus claroscuros, o una tiranía? Esa es la pregunta clave. Casi todo el mundo, excepto al parecer la autora, diferencia esas dos formas de gobierno. Para ella, al parecer, solo hay tiranías expresas y tiranías disfrazadas. Por suerte no es así. Por muchos males y deficiencias que tenga una democracia como la española, y yo soy muy critico con algunos aspectos de ella, no es ni de lejos una tiranía o prototiranía.

    Los ejemplos que expone de monarquías divinas o de Egipto siglo III AdC adolecen de falta de contexto. Esos habitantes no habían podido comparar regímenes, solo conocían ese, la monarquía divina o al divino faraón, pero aquí en España muchos podemos comparar de primera mano, ya que vivimos los dos regímenes o conocemos a infinidad de personas de confianza que los han vivido. Entre una tiranía franquista y una democracia representativa, créeme, no hay color. Podemos elegir y la inmensa mayoría de los ciudadanos optan por la democracia, con todos sus peros.

    Un saludo:

    Sanan.ex

    1. Yael Farache says:

      1) El hecho de que el 80 y tanto por ciento de las viviendas en España sean de propietarios no implica que la mayor parte de los votantes en España son dueños de una vivienda. No sé de qué forma has llegado a esa conclusión a partir del primer dato, sin dar un salto lógico considerable.

      Si un grupo de 100 votantes vive repartido en 10 viviendas de las cuales 8 son de propietarios y 2 son de alquiler, el resultado es que tienes 8 votantes que son propietarios y 92 votantes que pueden ir a votar sin ser dueños de una propiedad. No sé cómo concluyes que la mayor parte del grupo es propietario de viviendas.

      2) El asunto del voto de los emigrantes (y de los inmigrantes también cabe acotar) no era otra cosa que un complemento de la idea anterior, es decir, un sub-apartado de la idea A, la de que un votante vota con más cuidado cuando tiene más que perder. El emigrante y el inmigrante que tiene múltiples nacionalidades tienen menos que perder que una persona que vive en el país en el que vota y que no tiene más remedio que vivir en él. Es una forma más de ilustrar el punto.

      3) No sé de dónde sacas la idea de que los egipcios no tenían con qué contrastar su sistema de gobierno. La Civilización Egipcia se desarrolló a lo largo de tres milenios, en paralelo con otras civilizaciones como la hitita, los hicsos, Babilonia, Macedonia, Judea, e incluso Roma y Grecia. Por su ubicación geográfica Egipto era un importante centro del comercio y mantenía relaciones políticas con el resto del mundo civilizado. La ciudad de Menfis en particular era considerado uno de los lugares más cosmopolitas desde el Imperio Medio en adelante. Los egipcios tuvieron contacto con sistemas tan distantes del suyo como lo fueron la democracia griega y el sistema de derecho romano.

      4) Por último, el panorama político no es binario. Hay alternativas a la democracia y a la tiranía. Es una falsa dicotomía.

      1. Sanan.ex says:

        Hola:

        1) Bien, explicare más la pertinencia de ese dato. Normalmente utilizo en mis comentarios muchos enlaces a fuentes, pero intentando respetar la política sobre enlaces del blog tiendo a simplificar demasiado. Usare como fuente de información el INE y en concreto la Encuesta Continua de Hogares. De esos datos se desprende que en España existen (en cifras redondas) 18.200.000 hogares con una media de 2,53 personas por hogar (la media de esos que mencionas es 10 personas por vivienda, muy alejada de la realidad, es una excepción muy particular y que no es válida para algo tan general como unas elecciones).

        Asimismo comprobamos que si consultamos el apartado de “Régimen de tenencia de la vivienda” comprobamos que hay un 79% de hogares con vivienda en propiedad (49% totalmente pagada y 30% con pagos pendientes de hipoteca) y un 16% en alquiler (el resto, hasta 100 son otras categorías, vamos a considerar que ninguna es en propiedad).

        Por lo tanto, si usamos esos datos nos da que, estadisticamente, unos 14.380.000 hogares tienen la vivienda en propiedad y como en cada hogar hay una media de 2,48 personas, aproximadamente unos 36,4 millones de personas en España viven en hogares de su propiedad (de forma extensa, ya que aunque la vivienda sea de los padres, los hijos pueden considerarse como “propietarios” también, aunque sean “propietarios potenciales a futuro”, ademas, los menores de 18 años no votan.).

        Aquí se puede aducir que hay una cantidad de personas que viven en un hogar pero que no forman parte del núcleo familiar (abuelos, tíos, etc). Pero si usamos la ECH de nuevo, vemos que esa circunstancia solo afecta al 2,6% de hogares de forma explicita y al 2,1% si contamos en esa categoría a toda la tipología de “otros”.

        Volvemos a considerar a la categoría “otros” totalmente como “menos propietarios” y nos sale que hay que descontar una media del 4,7% del total de población propietaria que hemos calculado antes, es decir, nos quedarían 34,7 millones de habitantes con vivienda en propiedad.

        La mas sencilla de las lógicas nos dice que dada esa proporción de habitantes con vivienda en propiedad, la proporción de votantes con vivienda en propiedad en unas elecciones sera muy mayoritaria.

        Cojamos los datos de las generales del 2011. El censo electoral sin CERA (es decir, sin potenciales votantes emigrados) ascendía a 34,3 millones sobre una población de 47 millones. Votaron 24,6 millones (excluidos los votos CERA). Podemos hacerlo mas exacto, pero una aproximación vale, el porcentaje de censo electoral sobre el total de población es de 73% y aplicando eso a cada categoría de propietarios y no propietarios nos daría lo siguiente:

        Propietarios de viviendas: 25,3 millones de potenciales votantes.

        No propietarios: 9 millones de potenciales votantes.

        Aunque la abstención en los no propietarios hubiera sido 0%, aun quedarían 15,6 millones de votos, como ya hemos visto que el voto CERA es insignificante, esos votos “faltantes” deben ser de “propietarios”.

        De todas formas, lo lógico es que los votos distribuidos se acercarían a 17,7 millones de propietarios y 6,3 millones de no propietarios (el resto, menos de 100.000 seria voto CERA).

        Naturalmente aquí solo se estima “propietarios de viviendas”, lo que no quiere decir que los “no propietarios” no tengan otros bienes, acciones, empresas, etc. Por lo que en el sentido estricto del post, en mi opinión no es que la mayoría de los votantes son propietarios de bienes “tangibles”, sino que son la inmensa mayoría.

        2) Yo tengo mis dudas sobre si solo importa el “tener más que perder” o también debe importar el “tener más que ganar”. Pero… muchísimo porcentaje de voto no es “racionalmente económico” y pesan mucho mas en la decisión de voto otras variables que las simplemente económicas. Esas variables religiosas, morales, éticas, ideológicas, emocionales, etc., que pueden contradecir o no la mejora económica del votante no tienen por que ser consideradas, así, a priori, de menor calidad o menos determinantes.

        3) Un ciudadano egipcio común tenia muy pocas oportunidades (por no decir ninguna) de comparar su “régimen” con la Democracia ateniense o la República romana. Quizás algunas élites gobernantes podían tener cierto conocimiento u oportunidad, pero lo último que les interesaría es difundir ese conocimiento al pueblo que gobernaban.

        El mayor contacto de un egipcio común con Grecia y Roma fue por la dominación “pseudocolonial” de esas potencias y, en fin, no creo que ese egipcio pensara en términos de “democracia” ante esas ocupaciones.

        En mi opinión supongo que mas del 99% de la población egipcia desde el nacimiento de la República romana (509 AdC) o de la Democracia ateniense (508 AdC) hasta el siglo III AdC o hasta época mucho más tardía, no tenia la menor idea de como funcionaba, se votaba, elegía, etc., en esos sistemas y por lo tanto poco podía hacer para comparar o elegir.

        (Es más, dudo que un porcentaje significativo de la población española sepa actualmente como funcionaban esos sistemas en realidad, mas allá de dos o tres generalidades).

        4) Pues depende de como quieras categorizar, actualmente el mundo se divide entre regímenes democráticos, autoritarios e híbridos. Dentro de las dos primeras categorías hay subcategorías, principalmente diferenciadas por la cantidad de libertades y derechos respetados o vulnerados.

        Si como alternativa a la democracia o a la tiranía te refieres (no creo, ni espero que sea así) a los regímenes híbridos (ejemplo paradigmático Singapur), pues desde luego sería una alternativa muy mala. Pero te rogaría si pudieras poner ejemplos validos, según tu opinión, alternativos y prácticos a la democracia o la tiranía.

        Singapur tiene un indice de libertad económica (según la Fundación Heritage y el WSJ) el segundo del mundo (detrás de otro “campeón democrático” como Hong Kong) y, por el contrario, las libertades civiles, la libertad de expresión, los derechos humanos y esas cosas que van más allá de la simple economía son continuamente vulneradas y aplastadas. Como decía antes, en otro contexto, la economía no lo es todo.

        Un saludo:

        Sanan.ex

    2. Eric Ester Burgos says:

      Creo que este artículo no menosprecia a la ciudadanía en lo más mínimo.
      El artículo explica, de forma fácil de entender, con un ejemplo algo que todo español debería saber por simple experiencia: La cantidad de ignorantes incapaces de reconocer un engaño o un timo, aún cuando se lo muestren en la cara y se les explique, o personas que reconociéndolo son incapaces de reaccionar es enorme. Y no sólo enorme, sino una mayoría aplastante.

      Y el problema no es tanto si los ciudadanos tienen o no propiedades, sino que los ciudadanos tengan o no interés por participar en la política que va a dirigir sus vidas. Y, por lo menos en España, hay una cantidad muy grande de ciudadanos a los que incluso “siendo inversores” en el país, no tienen ningún o muy poco interés en participar en su política.

      En relación al ejemplo del artículo, en España, quienes tratan de manipular las apuestas, muchas veces tratan más que de decantarlas de un lado u otro, de conseguir que nadie apueste. O al menos, de hacer creer a los apostantes que en realidad la apuesta no es algo serio y que se lo pueden tomar a la ligera o (mucho mejor) no apostar, aún cuando el resultado de la partida sea de vital importancia para ellos.

      La “pregunta clave” no es en ningún caso la que tú planteas. Y viendo tu punto de vista, creo que “más clave” es la pregunta ¿Existen otras formas de gobierno a parte de las “democracias” y las tiranías?

      Y en todo caso, notar que pese a que la mayoría de las tiranías que han existido han conllevado una calidad de vida pésima para una gran mayoría, tiranía no implica un pueblo pobre ni maltratado. Y desde luego, democracia no es, en contraposición, una forma de gobierno ideal para el pueblo.

      La diferencia entre ambas es sencillamente el número de personas que influyen en la toma de decisiones. Y en este sentido, y siguiendo con el ejemplo del ajedrez, en una partida entre una tiranía y una democracia, del lado de la tiranía se siente un jugador, que sabrá jugar mejor o peor, y del lado de la democracia se sientan multitud de personas que pelean entre ellas por mover las piezas.

      La diferencia entre la tiranía y la democracia es la claridad y la firmeza del rumbo que llevan.
      Así, una tiranía, puede ejercer un gobierno que traiga prosperidad para la ciudadanía o desgracia. Pero siempre tendrá una ventaja crucial sobre la democracia, es mucho más eficiente.

      La democracia sirve únicamente para librar al pueblo de los peores gobiernos posibles, a costa de privarle también de los mejores posibles.

      Y si hablamos de una “democracia representativa” como la española, que bien se podría llamar “tiranía por turnos”, que está a medio camino entre una tiranía y una democracia; en la que “el tirano de turno” es quien mejor consigue manipular a los apostantes. Éso ya nos habla de la honestidad y las intenciones del tirano de turno y de cómo este sistema garantiza aún más que el pueblo no tendrá el mejor gobierno posible pero abre la puerta a los peores posibles.

      1. Sanan.ex says:

        Hola:

        Difiero en lo del menosprecio a la ciudadanía, pero no es lo único en lo que difiero de tu comentario. El problema puede ser que quienes tenemos (o creemos tener) las cosas muy claras, podemos tender al “desprecio” o a“minusvalorar” las razones o motivos por los que otros no votan lo mismo que nosotros o siguen el mismo camino.

        En este país puede haber, y de hecho creo que hay, millones y millones de personas que se encuentran “cómodas” con un régimen bipartidista y con un gran poder de determinados poderes fácticos (económicos y no económicos). Tienen sus razones para estarlo y aunque a mi me pueden parecer equivocadas, son tan respetables como las mías para criticar o intentar cambiar ese tipo de sistema (¡ojo! No digo que todas las razones sean igual de respetables, solo digo que algunos argumentos o motivos, aunque sean contrarios a los míos, pueden serlo).

        No termino de entender algunos de tus argumentos. Una tiranía, por definición, vulnera derechos humanos, libertades civiles, políticas y de todo tipo. Un pueblo, bajo una tiranía, puede que no sea “pobre” en el sentido económico de la palabra, pero si es un pueblo maltratado, ya que le roban sus derechos y, como en el caso de Singapur que menciono en otro comentario, la economía no lo es todo, ni mucho menos.

        El ejemplo del ajedrez me parece parcializado, otra opción es que el tirano decida jugar el mismo o designar a otro por razones arbitrarias (sin relación a su calidad como jugador) y la multitud de personas elijan democraticamente al que consideran o ha demostrado ser el mejor jugador de ajedrez de entre ellos y… etc., etc. Con eso quiero decir que las opciones son muy diversas en ese ejemplo y no veo como puede decidirse la eficiencia de un sistema u otro con el ejemplo de esa partida de ajedrez.

        La eficiencia, de por sí, por sí sola, dice muy poco en el sentido que a veces, muchísimas veces, es más deseable una menor eficiencia a cambio de otras contrapartidas. Un ejemplo típico es la eficiencia económica que supondría aplicar la eutanasia a los ciudadanos cuando lleguen al final de su vida útil económica a la sociedad y pasen a ser una “carga”. Desde el punto de eficiencia económica, esa opción (o la eugenesia) pueden tener su explicación. Pero desde otra multitud de puntos de vista, que espero no haya necesidad detallar, esa eficiencia es indeseable.

        Lo bueno de una democracia, incluso de una democracia con sus fallos, como la española, es que existe la posibilidad de que haya una alternativa pacifica y democrática que rompa esa baraja “tramposa”. Normalmente los verdaderos gobernantes intentaran reconducir, volver al redil o asimilar a esa potencial alternativa (ejemplo el PSOE de 1982) pero a veces ni con la mayoría de los resortes de poder en sus manos, pueden conseguirlo. En una democracia puedo, razonablemente, diferir públicamente del Gobierno sin miedo a que me encarcelen o torturen. Naturalmente hay democracias muy imperfectas donde eso es discutible y hay más que zonas grises, pero en una tiranía, repito por definición, no podría diferir y actuar libremente, ya que si pudiera, pues no sería una tiranía (curiosa la tiranía que permitiera la formación de grupos políticos opositores, que se presentaran a unas elecciones libremente, que pudieran utilizar la libertad de expresión, reunión, manifestación, etc., etc).

        España no es un tiranía, es una democracia, donde el voto es libre, por muchas influencias con las que se bombardee al votante, quizás muchos de esos votantes resignados estén esperando una verdadera alternativa a la que engancharse.

        Y sí, uno de los grandes defectos de la democracia española, entre otros muchos, es que es demasiado representativa y poco participativa. Peo eso puede cambiarse cada poco tiempo utilizando los propios mecanismos democráticos, cosa que en una tiranía es prácticamente imposible.

        Una democracia no plena la puedes mejorar y seguirá siendo una democracia, una tiranía podrás “maquillarla”, pero no dejara de ser tiranía y, por propia definición, vulneradora de elementales derechos (es que si deja de vulnerarlos, repito, se convierte en democracia).

        Resumiendo, ¿que es mejor para la ciudadanía, desde todos los puntos de vista y en conjunto, una democracia o una tiranía? Esa es la primera pregunta y la segunda es ¿que otro sistema, según los defensores de una “tercera vía”, entre los que pareces encontrarte, es mejor que una democracia?

        Un saludo:

        Sanan.ex

        P.D.: espero que la respuesta no sea una “dictadura a la romana”, donde se nombraba dictador temporal a una persona con atribuciones muy extensas. Pero, eso sí, debía rendir cuenta de su dictadura tras su termino (eso, en la teoría, claro). No me gustaría caer en las garras de un Sila o un Julio Cesar.

        1. Eric Ester Burgos says:

          Busco “tiranía” y “tirano” en el diccionario. Después busco “dictador” por si me hubiera equivocado de palabra. Y me doy cuenta de que no. Sencillamente las definiciones de esas palabras son tendenciosas y/o son demasiado particulares.

          En cualquier caso, para que sea claro, explico lo que yo he querido decir con “tiranía”: Modelo de gobierno en que un solo individuo tiene la autoridad de decidir sobre la política de la sociedad en que se aplica dicha tiranía.

          Y ésto, es por tanto, el polo opuesto a la democracia desde el punto de vista de la distribución del poder. Pero sólo en ese aspecto.

          Nada tiene que ver si el gobierno llevado a cabo por una u otra forma es “mejor” o “peor” para “unos”, “otros”, “unos muchos” o “unos pocos”.

          Por lo que creo que si bien en tu comentario distinguías muy bien entre democracia representativa y participativa, por algún motivo confundes democracia y tiranía con el bien y el mal (desde el punto de vista de las formas de gobierno claro está).

          Y por historia, puedo entender que asimiles la tiranía a la maldad (como hace el diccionario), pero no me cabe que automáticamente éso pueda convertir en tu mente a la democracia en la bondad, pues también hay muchos ejemplos de que no es así.

          Lo que dices del ejemplo del ajedrez no es correcto.

          Para empezar porque siguiendo el símil, “que una multitud elija democráticamente a un jugador” no sería democracia pura y dura, sería una democracia representativa.

          Por otra parte, creer que esa multitud es capaz de elegir al mejor jugador entre ellos es ser muy crédulo y muy poco realista.

          Lo que dices de la eficiencia no tiene nada que ver con lo que decía yo.

          Que una sóla persona tome decisiones para llevar a cabo un proceso es mucho más eficiente que un gran grupo de personas decidan por democracia a cada paso del mismo proceso como actuar. Incluso si el tirano es rematadamente incompetente. El simple hecho de tener una idea clara de como se quiere acometer el proceso y el ahorro de tiempo que supone no estar debatiendo a cada paso (sin contar posibles marchas atrás en un cambio de opinión de unos cuantos) hace que sea más eficiente.

          No trato de valorar políticas concretas. Éso es otra historia.

          Cambiar los mecanismos por los que se rige la forma de gobierno en España, ésa “democracia representativa” es tan poco posible como lo es cambiarlos en una tiranía.

          La estupidez de la mayoría de la ciudadanía, la complejidad de los mecanismos, que no son más que una ilusión de que utópicamente se pueden usar para cambiar el modelo, y la voluntad de no cambiarlos de la inmensa mayoría de los representantes jamás elegidos y probablemente los que estén por venir, son garantía de que no cambiará ese modelo.

          Y diré más, que exista la ilusión de que se puede cambiar el modelo siguiendo las reglas del propio modelo, junto con el esfuerzo de los gobernantes por maltratar a la ciudadanía “pero sin que se le vean las marcas cuando salga a la calle”, hace mucho más difícil que se dé la única forma real de cambiar el modelo de gobierno. Que es con una revolución.

          Que dicho sea de paso, se alienta a ella mucho más con una tiranía, que no se preocupa en desagradar a la ciudadanía en lo más mínimo.

          Y supongo que será muy fácil que veas tu error en tus propias palabras:
          “ser tiranía y, por propia definición, vulneradora de elementales derechos (es que si deja de vulnerarlos, repito, se convierte en democracia).”

          Imagina una tiranía. Habrá un tirano. Imagina que el tirano no vulnera “derechos elementales” de la ciudadanía o deja de hacerlo.
          ¿Significa éso que ese tirano ha sido elegido democráticamente, o que someterá su régimen a votación popular? No.

          No, a menos que confundas los derechos fundamentales de las personas, la felicidad de la gente y todo aquello que es bueno en este mundo con la democracia. Cosas que no tienen nada que ver entre si.

          Por último, decir que yo no conozco a millones de personas que estén cómodas con la situación o el modelo político de España. Mucho menos que sean españolas.
          Yo lo que sí conozco es gente contraria a este modelo, gente frustrada con este modelo, pero sobre todo, mucha mucha gente que pasa olímpicamente de la política de su país. Gente que no invierte ni el menor de sus esfuerzos en tratar si quiera de informarse acerca de la situación. No hablemos ya de ser críticos y mucho menos de actuar en pos de lo que consideren mejor.

          Y creo que éso no es gente cómoda. Es gente distraída. Gente que no va a dedicar tiempo ni esfuerzo en considerar esos asuntos. Unos porque “a quienes les conviene” han conseguido convertirlos en ignorantes orgullosos de su ignorancia, otros porque no puede permitirse más tiempo ni esfuerzo en algo que no sea subsistir a muy corto plazo. Éso no es gente cómoda con el sistema. Pero quizá la zona por la que vivo sea una excepción y el resto de España esté muy contenta de su sistema bipartidista en una democracia representativa como la que hay.

          1. Sanan.ex says:

            Hola:

            Procuro contestar a todos los mensajes que son a su vez respuestas a alguno mio. A veces las respuestas son fáciles y otras no. Cuando son difíciles suelen ser por la calidad de los argumentos, de los datos aportados o por que no termino de entender esos comentarios y no se muy bien como responderlos.

            Mucho me temo que me encuentro en el segundo caso, tras leer y releer varias veces tus mensajes, hay cosas que se me escapan, me parece que son contradictorios en varios puntos y que partimos de muy diferentes conceptos de lo que significan diversas palabras como Democracia, Tiranía, Eficiencia, etc,.

            Pero intentare contestarte superando, en lo posible, mis limitaciones. ¿La aristocracia como “objetivo utópico” de sistema de gobierno? De verdad, me has dejado un buen rato sin palabras. Pero como he decidido tomarme en serio tus propuestas y sugerencias, te daré mi opinión. Me parece un objetivo, en vez de utópico, distópico, anacrónico y totalmente inadecuado. Pero he de suponer que te refieres, por lo que te leo posteriormente, a su significado etimológico como “gobierno de los mejores”.

            Claro que ¿quien decide quienes o que son “los mejores”? ¿Unos “mejores” para elegir, es decir, los “mejores elegidores” que eligen a los “mejores gobernantes”?, etc., etc. ad infinitum.

            Los científicos pensaran que son los más adecuados para gobernar, los empresarios pensaran que son ellos, los tecnócratas lo mismo, etc., etc. En fin, que es un “objetivo utópico” pero muy, muy distópico, al final lo que se consigue con eso es llegar a gobiernos oligárquicos y endogámicos.

            El tótum revolútum de condiciones que pones para elegir gobernantes tiene cierto parecido con una república presidencialista, como por ejemplo USA y con ciertas partes de su sistema electivo. Lo digo en el sentido que en ese país el presidente se elige por sufragio universal, no lo elige el parlamento y tiene una serie de poderes ejecutivos “directos” que solo pueden ser revocados por una mayoría cualificada de las dos cámaras (una Orden Ejecutiva que sea limitada por las cámaras, puede ser vetada esa limitación por el Veto presidencial, que para levantarlo se necesitan 2/3 en Senado y Congreso o puede ser derogada, claro, por el Tribunal Supremo, si la considera inconstitucional). Asimismo numerosos cargos como determinados fiscales, jueces, jefes de policía, etc, son cargos electos. No voy a entrar si eso es mejor o peor, si de esa forma se escoge a los mejores “gestores” o no, pero sí existen democracias que contemplan ciertos aspectos de los que pides.

            Otra cosa son las “elecciones parciales”, es decir, que los electores, por ejemplo, puedan elegir a IU para el Ministerio de Sanidad y al PP para el Ministerio de Economía. Eso seria el acabose, si el programa de IU en sanidad contemplara la sanidad gratuita para todos, el final del copago y la extensión de las prestaciones sanitarias y para ello necesitara 10.000 millones, resulta que el encargado de hacer el Presupuesto General del Estado es el Ministerio de Economía y este, dominado por el PP, con una visión totalmente distinta de la política sanitaria, destina para sanidad solo 1.000 millones. ¿Qué pasa ahí? Ambos han sido elegidos para gestionar sus respectivos ámbitos, pero como se puede ver, son totalmente incompatibles y eso se puede extender a todo tipo de ministerios y políticas sectoriales. Sería un desastre.

            Respecto a lo del “geranio”, pues es otra muestra de desprecio a la ciudadanía, junto con una referencia posterior a “la estupidez de la mayoría de la ciudadanía”. Los ciudadanos tienen, en sentido general, mucho más sentido común de lo que parece pensáis muchos, otra cosa es que ese “sentido común” les incline hacia opciones que a muchos no nos gusten, pero desde luego nunca les inclinaría a votar mayoritariamente a un “geranio” descerebrado (no en el sentido literal sino figurado de la palabra).

            Je, je, que el beneficio del gestor de una empresa privada depende del beneficio de esa empresa. Permiteme que me ria con esa ingenuidad, no es que haya un ejemplo, sino decenas, centenas, miles de ejemplos y muy actuales, de gestores con percepciones millonarias cuando “sus” empresas estaban prácticamente en la quiebra. Y de nuevo volvemos a la visión economicista, de túnel, sobre la sociedad y el país. La compensación que recibe un gobernante no tiene por que ser solo económica, por suerte, hay vida más allá de la economía. Quizás “el mejor” gobernante no lo sea por tener una mayor recompensa económica y esforzarse en ello, sino por servir a su país o a sus ciudadanos, quizás esa su recompensa mayor. Si la gente solo se moviera por motivos económicos no existirían, por ejemplo, los miles y miles de voluntarios de múltiples asociaciones que están ayudando, ante la desidia del gobierno, a sobrellevar la crisis a millones de marginados.

            Dejo de lado tu particular y exclusivo concepto de tiranía. Si un tirano legaliza a los partidos políticos, las libertades publicas, deja que se convoquen elecciones libres, etc, etc. Pues ese régimen en el momento que esos derechos y libertades sean efectivas, deja de ser una tiranía y se convierte en una democracia.

            Y no confundo nada, una tiranía es mala, así, por definición, puede ser más o menos mala, pero no hay tiranía buena. Una democracia puede ser “buena” o “mala” (cuando es una democracia formal donde en la realidad no se respetan los derechos ni hay elecciones libres, etc). Por lo tanto, el resumen de mi posición es que una tiranía, sea de derecha, de izquierda o medio-pensionista es mala y una democracia, sea más o menos representativa, participativa, etc., puede ser buena o mala, dependiendo de la calidad de sus protecciones y respetos a las libertades que en una tiranía siempre estarán vulnerados.

            Que una serie de personas elijan a un jugador que juegue la partida de ajedrez en su representación es un ejemplo perfecto de democracia. Negarlo es marear la perdiz, mi contra-ejemplo ajedrecístico solo era, repito lo dicho en mi anterior comentario, para hacer ver que eso de la partida de ajedrez, tal como se había planteado, era solo una de las posibilidades y que había muchas otras y que, por tanto, no servia para demostrar nada, ni si era mejor la tiranía o la democracia, ni nada por el estilo.

            Pues va a ser que además de tener un concepto particular y exclusivo de tiranía, también lo tienes de eficiencia. Un proceso es más eficiente si se hace en con menso recursos y se logra lo mismo. Que un proceso sea más rápido que otro no significa que sea más eficiente (ni eficaz, que son dos cosas diferentes). Te pondré un ejemplo, hay que tomar una decisión sobre que ordenador comprar en una oficina, yo, con tu tipo de “eficiencia”, me lo pienso durante un minuto y opto por uno determinado, tu y otros tres que trabajáis también allí, consultáis con varios expertos en informática, miráis opiniones independientes y valoráis pros y contras de cada posibilidad, y al final, dos días después que yo, optáis por otro ordenador distinto. Bien, en teoría yo he sido más eficiente al ser más rápido, pero existe una altísima probabilidad que la elección correcta haya sido la vuestra, aunque haya sido más lenta y elaborada. Lo mismo pasa si haces 100 piezas en una hora y yo las hago en dos, pero resulta que tu tienes un porcentaje de defectos del 50% y yo solo del 10%.

            Que la decisión sobre algo dependa de una sola persona no hace el proceso más eficiente (ni eficaz). Depende de muchos otros factores y en multitud de ocasiones, una decisión colectiva sera más eficiente y eficaz que una unipersonal.

            En España hay mucha gente harta del sistema (no de la democracia, sino de esta forma de gestionar la democracia) y hay mucha gente conforme con el sistema y eso se demuestra elección tras elección donde una mayoría del censo va a votar y ha optado, hasta ahora, por una gran mayoría, entre los dos partidos que sostienen este entramado (no solo ellos). Aún hoy en día, si sumas los porcentajes que les dan las encuestas a los partidos “defensores” del sistema (repito, entendido como el entramado o la gestión) supone una amplia mayoría. Eso nos puede gustar o no ( a mi no me gusta) pero cerrar los ojos a la evidencia, no hace que esta desaparezca.

            Yo desde luego soy mucho más optimista que tu y confío más en mis conciudadanos, no creo que haga falta una revolución para cambiar las cosas, a veces con darles una salida, una alternativa viable es suficiente y actualmente, por lo menos tenemos al esperanza de esa alternativa, que puede resultar o no, pero por lo menos existe.

            Un saludo:

            Sanan.ex

          2. Eric Ester Burgos says:

            Hola, habiendo conceptos de los que hablo que parecen escapársete, trataré ahora de ser más claro:

            Primero, decir que en tu respuesta has mezclado aspectos de dos mensajes míos diferentes. Y esos mensajes los hice separados por un motivo: hablaba de temas diferentes. En uno continuaba la discusión sobre la entrada del blog y en el otro trataba de responder una pregunta tuya hacia mí.

            En uno explico mi forma de entender el tema a debate y en el otro sólo comparto una serie de ideas sobre una forma de gobierno alternativa que me pedías y, evidentemente, no iba a describir un modelo de sociedad de cabo a rabo sólo para responderte. Era pues de esperar que las ideas que compartí, carezcan de explicación para todos los inconvenientes que uno pueda imaginar al leer esos escuetos conceptos.

            Y ahora ya de forma más específica (y espero que clara) sobre tu respuesta.

            – Sí, hablo de aristocracia refiriéndome a aquello que significa.
            Trato de utilizar las palabras por su significado (en medida de lo que sé) y no por lo que de forma incorrecta se haya asociado a ellas a lo largo de los tiempos.

            – Sí, una aristocracia no sólo es utópica por lo que se deriva de su significado: El gobierno de los mejores, es el mejor gobierno; sino por la imposibilidad de implementarla.
            Y es por ello que yo no hablo de una aristocracia sino de algo que trate de acercarse a ese modelo tanto como sea posible.

            Y si bien no hay un método objetivo infalible de escoger a “los mejores”, existen muchísimos métodos para escoger gente en función de sus capacidades para desempeñar una tarea concreta. Algunos de ellos muy buenos. Métodos que no garantizan que se escogerá al mejor siempre, pero que sí garantizan que se escogerá en base a unos criterios más adecuados que el de preguntar a todo humano mayor de X años “qué le parece” algo de lo que probablemente ni conozca.

            Y lo de que ello derive en gobiernos oligárquicos y endogámicos:
            1. La oligarquía es la forma de gobierno que hay en España y en la inmensa mayoría de estados del mundo (sino en todos), pues el poder real está concentrado en un porcentaje de la población ridículamente minúsculo.
            Y sí, una aristocracia no sería excepción. Aunque desde luego el poder estaría bastante más repartido de lo que lo está en las democracias representativas, pues cada aspecto de la sociedad lo gestionarían “los mejores” de cada aspecto, y todos un mismo grupo. Un “todos” que obviamente va a ser incompetente en muchísimos de los aspectos si no lo es en todos.

            2. ¿Endogámicos por qué? ¿Por colar el concepto como quien no quiere pero ya está añadido el descalificativo?

            Si te hubieras fijado, una de las ideas que apuntaba era que los mecanismos de tal modelo deberían de estar en todo momento en búsqueda de un gestor (para cuantos haya) mejor que el que ya hay.
            Así pues, de endogamia nada.

            – No estoy familiarizado con el sistema electoral estadounidense. Desconozco si tiene o no similitudes con las ideas que yo dí. En cualquier caso, por lo que tú dices no es un sistema que promueva ni favorezca la elección de los mejores. La democracia no es un método que ayude a tal fin. Y así, en éso, no se parecerá al sistema que yo propuse.

            – Sobre las elecciones parciales. ¿No se te ha ocurrido pensar que la financiación de todas las políticas de un estado no tienen porque ser gestionadas por un mismo órgano?

            Y aún si así fuera, sólo ser un sistema cuyos mecanismos favorecen que sean los más aptos quienes gestionen el estado ya hace que todas las políticas tomadas (por seguir tu ejemplo) por ministerio de sanidad y el de economía sean mejores y que ambos ministerios tengan buena capacidad de trabajo colectivo.
            Y por tanto, en el peor de los casos, el ministerio de sanidad tendría que hacer su labor lo mejor posible con los recursos de que disponga. Es decir lo que ya ocurre en gobiernos únicos con competencias en todo. Sólo que en este caso, los gobernantes estarían más cerca de ser los más aptos de lo que lo están los gobernantes de las democracias.

            Pero el caso es que cometes el error de pensar en la realidad de una democracia representativa cuando de lo que hablamos es de otra cosa. Con toda certeza en un estado que implementara ese sistema no existiría el PP ni IU. Y quién sabe si existiría un ministerio de economía (o un encargado de hacer los presupuestos generales. No sería extraño que habiendo varios gobiernos diferenciados por ámbitos, también hubiera un presupuesto de cada ámbito. Hechos por órganos diferentes.)

            Puede también que se implementaran mejoras (al ser un gobierno que favorece que gobiernen los mejores) en el sistema de configuración de unos presupuestos.
            Como por ejemplo no otorgar un presupuesto basado en reparticiones interesadas de forma particular y/o basados en datos de ejercicios anteriores; sino hacer unos presupuestos por demanda. Que fuera cada ámbito quien estimase sus necesidades en base a las nuevas políticas que pretende implementar sin haber de justificar su demanda en políticas concretas, pues la tarea de decidir qué políticas sanitarias convienen o son prioritarias no correspondería al ministerio de economiía, sino al de sanidad. Y por tanto, poco importa la visión sobre política sanitaria que tengan los elegidos para el ministerio de economía (que idealmente no tendrían ninguna visión sobre política sanitaria que creyeran más válida que la del ministerio de sanidad, pues ésos serían los más aptos para política sanitaria y no los del ministerio de economía).

            – Sobre la estupidez de la mayoría de la ciudadanía. Tenía la sensación de haber dicho lo siguiente, pero quizá no lo hice: Si como dices, la mayoría de la ciudadanía es tan válida y tan apta para tomar buenas decisiones, ¿cómo es que la inmensa mayoría de la población mundial fracasa en alguno o, más comúnmente, en muchos aspectos de su vida?
            Tan brillantes no serán.

            Y, en cualquier caso, es una cuestión de dónde situar el sistema de referencia. ¿Quieres decir que la mayoría de la ciudadanía no son estúpidos? Perfecto, colocal el sistema de referencia bien abajo. Vamos a ponerlo de forma que hasta el más tonto de todos los tontos quede aprobado en tu escala. Éso no cambia en nada la distancia entre la inmensa mayoría y auquellos claramente muchísimo menos estúpidos que esa mayoría.
            Y entonces, a falta de una unidad de medida, posiblemente tuviéramos todos a bien colocar el sistema de referencia de forma que no necesitáramos absurdas (y nuevas) formas supersuperlativas para separar entre “gente con sentido común, no estúpidos”, “genios” y las nuevas palabras que necesitaríamos para los que podíamos llamar genios cuando todavía existían los rematadamente estúpidos.

            – Sobre el geranio. Nada que ver en realidad con la estupidez de la gente. Mi crítica era hacia el sistema en si. Un sistema que permite que se elija como “gestor supremo” (presidente del estado / primer ministro / lo que sea) a la persona menos apta que se haya podido encontrar.

            Yo no quiero vivir en una sociedad que adora poder ser gobernada por un tonto. Menos aún por la simple razón de que lo han votado más tontos que inteligentes votaron otras opciones. Y mucho menos si quien me gobierna no es un tonto sino un aprovechado que poco le importa el bien de la sociedad y que ha sido elegido por saber engañar a una mayoría de tontos.
            Éso pone mi vida y la de los demás en una situación muy peligrosa. Y estar a merced de un peligro por mis propios actos, lo acepto (no podría ser de otra manera), pero estarlo por la ineptitud de los demás…

            – Sobre la retribución de los gobernantes.
            Decir que te equivocas con los ejemplos con los que has tratado de destruir mi argumento sobre los gestores de empresas privadas.
            Sobre los ejemplos que dices tener, pero que no llegas citar, si una empresa quiebra, esa empresa deja de producir beneficios y por lo tanto no existe dinero del cual ni el gestor, ni ningún empleado pueda cobrar. Por lo tanto, los ejemplos que dices tener no cobran de la empresa una vez esta quiebra. Es decir, cuando ellos lo hacen mal, su retribución se resiente en harmonía con el trabajo que han realizado.
            Y asímismo, antes de quebrar la empresa, si sus gestores tienen cuantiosas restribuciones sólo puede ser porque hasta entonces han conseguido con su labor que la empresa tenga ingresos suficientes como para poder disponer de esas retribuciones. Luego también van retribución a trabajo acordes.

            Además, me da la sensación, de que los ejemplos de los que no llegas a hablar son o se acercan a uno de los siguientes dos perfiles de estafadores:
            1. Banqueros.
            2. Adjudicatarios de concursos públicos.
            Y que aquí te ha traicionado la rabia, comprensible, hacia esas personas que, a veces de forma ilegal y a veces de forma perfectamente legal, han estafado a la sociedad o una parte de ella con mucho éxito. Pero éso no hace válido tu contraargumento.

            Si te resulta más fácil de comprender lo que yo quería decir, piensa en el pescatero de tu barrio. Si lo hace mal, cerrará el negocio y dejará de ganar dinero. Si lo hace bien, puede que llegue a tener el Corte Inglés del pescado y su retribución mejorará mucho.

            Lamentablemente, el beneficio que obtienen los gestores del estado no depende de lo bien o mal que lo hagan. Y es uno de los factores por los que pueden no tener motivación alguna en desempeñar bien su trabajo (no hablemos ya de desempeñarlo de la mejor forma posible).

            También me parece muy bien que digas que la compensación que recibe un gobernante no tiene porque ser sólo económica. Yo, tampoco dije éso en ningún momento.

            Yo sólo digo que si se quiere disponer del mejor gobernante posible, la oferta ha de ser competitiva. Y que el beneficio que se lleve el gobernante debe ir en harmonía con la labor que lleve a cabo, y en caso de que la labor realizada sea muy satisfactoria así debería de ser su retribución: Muy satisfactoria. Sea lo que considere cada gobernante como muy satisfactorio.

            El voluntariado está muy bien. Pero ¿Cuántos voluntarios son “los mejores” para llevar a cabo la labor para la que se ofrecen?

            – Sobre la tiranía. Dada mi definición de tiranía, puedes hacer con ella lo que quieras. Mas si pretendías entenderme, dejarla de lado no es lo más recomendable que se me ocurre.

            Y varias cosas:
            1. Especifica “libertades públicas”.

            2. En una tiranía no cabe el concepto de “partido político”. Puede haber organizaciones y asociaciones de todo tipo, pero no partidos políticos. Pues para ser un partido político se necesita hacer política. Y si no se tiene la capacidad de hacer política, pues sólo el tirano tiene esa competencia, no pueden existir partidos políticos. No es una cuestión de bondad o maldad del tirano. No pueden existir por simple coherencia con el hecho de ser una tiranía.

            3. Si un tirano convocara elecciones democráticas, evidentemente estaría disolviendo su tiranía en pos de una democracia. Pero ésto es una perogrullada.
            Y, de nuevo, confundes a la democracia con el progreso y con el bien.

            Te voy a poner un ejemplo muy sencillo. La inmensa mayoría de los hogares del mundo son una tiranía. Hay un tirano (a veces dos, aunque lo normal es que haya un tirano, y otra persona que cree serlo), y unos súbditos. Para hacerlo más sencillo aún, normalmente el tirano es la madre o el padre y los súbditos son los hijos y el progenitor que no es tirano (si lo hay).
            Y no por ello ése sistema es peor para ninguno de los integrantes de esa sociedad de lo que sería una democracia.

            No quiero imaginar el desastre que sería un hogar regido en democracia por unos padres con trillizos en edad adolescente.

            – Sobre eficiencia.
            Cuando tratas de rebatir mis argumentos sobre la eficiencia cometes un error que es particularmente grave si tenemos en cuenta que demuestras al principio saber que te estás equivocando.
            Tú dices “Un proceso es más eficiente si se hace en con menso recursos y se logra lo mismo.” y no puedo sino darte toda la razón.

            Pero a continuación basas toda tu argumentación en que un proceso más rápido no implica que sea más eficaz.
            Lo cual, también es cierto. Pero no tiene nada que ver con la eficiencia. Primero porque el tiempo no es el único recurso (en general, ni tampoco el único que afecta al tema tratado) pero más importante aún, Cómo bien dices con anterioridad, un proceso es más eficiente que otro si consume menos recursos para conseguir lo mismo. Es decir, para ser igual de eficaz.
            Por tanto, si ya de entrada tratas de comparar resultados de diferente eficacia, no tiene sentido tratar de discernir cual es más eficiente.

            Por otro lado, terminas diciendo que una decisión colectiva es más eficiente y eficaz que una decisión particular. Pero sin un solo argumento que defienda tal idea. Como si sólo por creer que habrías refutado mi argumento de eficacia te permitiera validar cualquier otra idea tuya sin justificación. No es así.

            Lamento mi pesimismo, y aún más lamentablemente creo que es a su vez realismo, pero hoy en España no hay ninguna alternativa “dentro del sistema” para cambiar el sistema. Y si crees que la hay… creo que el ingenuo no soy yo precisamente.

        2. Eric Ester Burgos says:

          Y en cuanto a un modelo alternativo:

          Para empezar el objetivo utópico sería, por definición, una aristocracia.
          ¿Cómo llegar a ella? ¿Cómo asegurar que es tal?
          No lo sé, pero sí tengo varias ideas:

          – Algo básico y fundamental, no ya en una aristocracia, sino en cualquier sociedad que no quiera estar completamente a merced de sus gestores: Separación de poderes del estado.

          Ésto es algo que se da por hecho en las democracias representativas, pero que no ocurre en general.
          Y si hablamos de España no ocurre en absoluto.
          El poder ejecutivo depende directamente del legislativo. Y el judicial cada vez está más influído por éste también.

          – Una regulación estricta de las funciones y las obligaciones de los gestores del estado que prevea mecanismos de cese de gestores cuya aplicación no dependa en ningún caso de los mismos y que no sean interpretables (o por lo menos lo mínimo posible).

          Es absurdo que en la práctica la continuidad de un gestor que no hace bien su trabajo dependa únicamente de su honradez (o de la de su partido).

          – Separación de los poderes según los diferentes ámbitos de gestión de la sociedad.
          En España, o la mayoría de democracias representativas el poder judicial bastante (no del todo) y el poder ejecutivo en parte también, ya están separados, no el legislativo.

          Es absurdo que los mismos gestores que deben gestionar la sanidad, gestionen también la economía o la defensa.

          En la actualidad ya existen comunmente los ministerios y los juzgados se especializan en uno u otro ámbito.
          Pero en ambos casos tanto los ministerios como los juzgados dependen jerárquicamente de un presidente y otros tribunales respectivamente. Y además, la separación es poco más que un decorado en el caso de los ministerios pues quienes lo constituyen pueden no tener ni la más ligera aptitud para el puesto.
          Y ésto es extensible también a los diputados. Actualmente si un geranio consiguiera de alguna forma un NIF, se le podría votar, podría salir elegido diputado e incluso ser presidente de la nación (y quizá lo hiciera mejor de lo que algunos lo hacen o hicieron). Y ésto es una aberración.

          Para todo puesto de trabajo se exigen unos méritos y aptitudes. Para los puestos que oferta el estado aún más estrictos que para los privados. Pero por algún motivo ésto no se aplica a los gestores del estado. Trabajo que, creo, es de extrema responsabilidad.

          ¿Qué se quiere garantizar con ésto? ¿Que hasta el más tonto puede ser presidente? No me parece algo de lo que estar orgulloso.

          – Siguiendo con la separación en ámbitos de los poderes, unas elecciones, como las que se hacen en las democracias representativas, pero a cada uno de los ámbitos.

          De ésta forma un partido puede ganar en un ámbito y otro en otro. Y en definitiva que la situación sea independiente para cara ámbito.
          Ésto facilita, por ejemplo, que se especialicen los gestores, y así el votante pueda, si quiere, votar a un partido para el ministerio de economía por la capacidad de quienes se presentan para manejar las finanzas, y votar a otro diferente al ministerio de educación por el mismo (u otro) motivo.

          – Establecimiento de requisitos mínimos para poder aparecer en una lista electoral.
          Requisitos diferentes para cada ámbito, obviamente.

          – Sistema de oposiciones para el acceso a los puestos de gestor en un ministerio.

          Y no sólo éso, búsqueda activa y constante de profesionales mejor cualificados para los puestos.

          – Programas electorales de obligado cumplimiento.
          No es admisible que se engañe al elector.
          La división en ámbitos/ministerios hace que los apoyos electorales representen más fielmente un apoyo a las políticas propuestas.

          – Por último, gestionar el estado debe de ser atractivo para el gestor. O rentable si se prefiere.
          La diferencia entre alguien que gestiona el estado y alguien que gestiona una empresa privada, en una democracia representativa, es que el beneficio que el gestor saca a su trabajo depende del beneficio de la empresa. Mientras que el beneficio que obtiene el gestor del estado no tiene nada que ver con el beneficio para el estado. (Nótese que ésto no pasa en una tiranía, donde el beneficio del tirano también depende de lo bien que lo haga. Con matices importantes evidentemente)

          1º Porque ése es el motivo de la inmensa mayoría de quienes tratan de gestionar un país. Y no hay nada reprochable en ello. ¿Qué necesidad tiene alguien de invertir su vida en mejorar la de los demás si no le compensa?

          Y la experiencia nos demuestra que cuando ésto no se hace así, los gestores se aprovechan de su posición igualmente, con la diferencia que esta vez de forma ilegal, sin ningún control y de paso descuidando sus obligaciones como gestor.

          2º Porque ¿Quién va a querer gestionar el estado si no es una opción tan atractiva como lo pueden ser otras?
          “El mejor”, que es el objetivo, seguro que no.

  • findasvintus says:

    Estoy totalmente de acuerdo. La democracia es una dictadura de los “mercados” encubierta. la gente se queda tranquila votando cada 4 años, pero realmente lo que hacen los gobiernos no tiene nada que ver con lo que se vota. Es el timo del siglo, y encima la usan como justificación para meter las narices en los asuntos del resto del mundo, con la excusa de que como somos una democracia tenemos la razón. Y ejemplos de lo que le pasa a un país sin tradición democrática cuando ponen (por cohones) una democracia, generalmente un país extranjero (lease eeuu), hay a porrones, y la inmensa mayoría acaban como estados frustrados.

  • Rafael Seaje Silva says:

    La democracia son dos lobos y una oveja decidiendo entre todos que van a cenar esta noche

  • pitayon says:

    Excelente aportación. Agregaría algo que me parece importante. Como el ajedrez y un sinfín de disciplinas, es deber de los conocedores el vaciar los conocimientos a la humanidad, los votantes en su mayoría por identificación y popularidad eligen a sus gobernantes, no por información valiosa. Desafortunadamente resulta imposible que el ciudadano común comprenda toda la información por diversas causas, entre ellas ignorancia, es pues indispensable traducir y hacer llegar información pura a ellos. La otra cara de la moneda es que el sistema actual está formulado para llenar tanto el ambiente de basura informativa que de por sí el hastío común impide la asimilación y no digamos participación de la sociedad. Un porcentaje muy pequeño sabe y los que saben están divididos en dos, los que quieren que los demás sepan y los otros.

  • Luis says:

    Buen artículo. La Optocracia es un sistema muy superior a la Democracia

  • Santiago says:

    Hola Yael. Esta es la primera vez que comento.

    Creo que te ayudaría leer más sobre el concepto de “Poliarquía” desarrollado por Robert Dahl. La Poliarquía (o “gobierno de muchos”) es la república óptima, entendiendo por lo “óptimo” a lo mejor de lo posible.

    Según Dahl, la Democracia, salvo cuando aplicada a pequeños grupos, es un ideal inalcanzable; es imposible tener un gobierno de todos, donde todos incidan en el proceso de toma de decisiones y administración de conflictos que tienen que ver con lo público, pero sabes (y para consolarte, Yael) eso es también, por suerte -señala Dahl-, innecesario, ya que para cada tema que se nos ocurra discutir *no existen realmente* tantas opiniones ni alternativas como personas hay en un país o ciudad, sino que al contrario, en cualquier terreno de discusión se pueden resumir las alternativas por las que optar en un acotado repertorio de opciones, y en efecto pueden surgir fácilmente voceros para defender y argumentar sobre cada una de esas preferencias, por lo que el mismo proceso participativo *decanta naturalmente* en lo que hoy tenemos muchos en Occidente: una “Democracia Representativa”. Allí hay representantes -los funcionarios electos por el voto popular, como es lógico de ocurrir en ciudades de millones de ciudadanos.

    La forma sofisticada de representación con que contamos hoy día es el sistema de partidos, y existen además diferentes modelos de Democracias Representativas: está el Presidencialismo (como tenemos aquí en Argentina, o en EEUU), el Parlamentarismo (como tienen en Inglaterra, donde hay un Primer Ministro en vez de un presidente) o sistemas híbridos como el de Francia.

    Pero más allá de eso, retomando, Dahl es realista y estipula elementos que son propios de una república saludable a la que llama Poliarquía (esto es lo que te recomiendo leer) y sugiere que deberíamos procurarnos llegar a un tipo de sistema de gobierno *de esas* características para alcanzar el óptimo democrático.

    ¿Mientras tanto? ¿Qué aptitud tomar hasta tanto las instituciones de la democracia de mi país alcancen el óptimo (si tal cosa alguna vez ocurre)? Pues siendo argentino, de seguro que si ocurre no estaré para contemplarlo, pero eso no me permite ser optimista. Y te explico por qué, y de paso, por qué no me gusta el pesimismo de tu artículo:

    Tan solo basta con tomar grandes periodos de la historia, como tu lo has hecho, remontándote a 200 años atrás, e incluso leyendo sobre Revolución Francesa en días previos a la escritura de tu artículo (cuando leí que lo harías me sorprendí porque yo también estaba leyendo sobre el mismo tema en esos días, por motivos parecidos). La diferencia principal, creo, entre tu y yo, es el valor y el juicio que le asignamos a esa lectura histórica, a ese racconto del tiempo transcurrido. Vamos a tomar los últimos 500 años. ¿Cuál es la tendencia? Pues es buena: una descentralización brutal del poder, de unos pocos a muchos. Y se está incrementando (piensa en Internet, la primavera Árabe, etc.).

    Yo sé que puede darte mucho fastidio que el ciudadano promedio sea un poco “imbécil”, y que puede asustarte que sean mayoría y que su voto valga como el tuyo. Claro es que la mayoría no tiene los saberes técnicos para entender en profundidad la mayoría de las cuestiones que en definitiva les impactan y atañen por ser que viven en una comunidad, y tan compleja. Pero el aumento de la sofisticación del ciudadano promedio en los últimos 500 años ha sido increíble. Mirame a mí, soy un simple chico de clase media que acceió a la Universidad y puede citar autores de memoria. ¡Cuando hace 100 años no existía la clase media! Es más, la mayoría de la población era analfabeta por entonces. Hoy casi todos sabemos leer y escribir, pero el analfabetismo es digital, o científico. Pero ya llegará. En su tiempo. El camino a la emancipación parece irreversible.

    Aún con todo lo que has dicho, creo que la democracia sigue siendo el mejor sistema de gobierno posible. Sólo hay que mejorar su calidad, y ese es un proceso infinito. Hay que tender a lograr la Poliarquía *de cada época*, la mejor república que se pueda construir dadas las condiciones, restricciones, tecnología de nuestro contexto histórico.

    Santiago De Simone

  • Comments are closed.

    -->