Benetint de Benefit el único maquillaje que necesitas
by Yaya.
Cuando pensamos en civilizaciones antiguas hay un punto de condescendencia. Admiramos sus capacidades pero solamente en cuanto a que nos parece imposible que pudieran lograr esas hazañas 3000 años antes de Cristo. Es un poco como cuando nos sorprendemos de que un niño pequeño haga un buen dibujo. Los creemos inferiores a nosotros no sólo en tecnología, sino también en inteligencia. Yo creo que es difícil comprender el espíritu de pueblos antiguos por medio de la historia tradicional. La historia tradicional trata sobre guerras y dinastías, y hay pocas cosas que comprender. Es mucho más interesante estudiar la historia cultural y en ese sentido, la historia del maquillaje dice mucho más sobre el ingenio de un pueblo y el balance del poder que sus batallas.
Los egipcios inventaron una pasta de plomo espesa para pintarse los rabillos de los ojos sin saber que era altamente tóxica. Los peinados de moda cambiaban con tanta rapidez en Roma que se han encontrado varias esculturas y estatuas con cabezas intercambiables, una cabeza para cada peinado (¿los primeros maniquíes?). En Mesopotamia se inventaron los labiales: las nobles molían piedras semi preciosas y mezclaban el polvo con aceites para pintarse los labios. Para perfumarse los egipcios tenían un sistema muy particular: se ponían sobre la cabeza unas bolas de manteca con incienso y mirro como si fueran un sombrero, y a lo largo del día, con el calor del sol la manteca se derretía y desprendía su fragancia.
Pero entre todo el maquillaje, es la historia del labial la que ha estado ligada directamente a la historia del poder. En las culturas en las que el maquillaje se usaba más para denotar status social que para diferenciar los sexos, tanto hombres como mujeres nobles se pintaban los labios. En esas culturas el maquillaje era aceptado y celebrado por toda la sociedad. Esa era la visión del labial que tenían en Egipto, Mesopotamia, en Babilonia y siglos después en Roma.
Sin embargo, cada cierto tiempo el maquillaje adoptaba otro rol: se convertía en un símbolo de feminidad. Naturalmente cuando los hombres renunciaron al labial fue cuando comenzaron a regular su uso. Para los líderes griegos, por ejemplo, el labial era un engaño, un artificio que las mujeres usaban para atraer a los hombres de forma poco honesta. Las mujeres nobles dejaron de maquillarse y sólo las prostitutas continuaron usándolo. Entonces surge la primera ley con respecto a los labiales: toda prostituta debe salir a la calle con labial. Curioso, ¿no? Era un símbolo de prostitución. Si no salían maquilladas podían ser acusadas de querer hacerse pasar por damas nobles.
Durante la Edad Media en Inglaterra la Iglesia llegó a prohibir el uso de los cosméticos y en particular de los labiales porque se consideraba una “invitación a Satanás”. La mujer que alteraba su apariencia con labiales estaba retando a Dios.
Calculo yo que justamente durante las épocas más prohibitivas fue cuando las mujeres comenzaron a pellizcarse las mejillas para lograr un efecto blush temporal. También imagino que las mujeres más ingeniosas buscaron darle la vuelta al tema del maquillaje preparando cosméticos con las hierbas de su jardín, pero a estas no tardaron en catalogarlas de brujas. Alguna de esas brujas seguramente fue la primera en pensar que era posible reemplazar la pintura de labios por tintes y que teñir los labios lograba un resultado tan natural que era imperceptible a simple vista. Se usaron muchísimas cosas para lograr ese efecto: henna, jugo de fresas, pasta de remolacha y vino.
Desde el Renacimiento en adelante el maquillaje ha sido relativamente aceptado y se ha desarrollado en paralelo con la química. Por eso hoy en día tenemos todo tipo de cosméticos con paletas de color infinitas y de máxima saturación que puedes usar sin correr el riesgo de morir envenenada. Pero a pesar de eso, las mujeres jamás nos recuperamos de la idea de la brujería. Olvidamos las recetas de cosmética de nuestras antepasadas con demasiada facilidad. Hay una confianza casi ciega en los laboratorios cosméticos y la farmacia, y es por eso que cuando Benefit sacó Benetint casi todo el mundo pensó que era un gran AVANCE. Las revistas alababan a Benefit por su ingenio, y hasta merecieron ser el blush que escogió Carrie Bradshaw para el intro de Sex & The City.
No, señoras, no os confundáis, los tintes de labios no son ningún avance, son más bien un magnífico retroceso a las formas primitivas y naturales de maquillarse. Benetint está lejos de ser totalmente natural, contiene alcoholes (como podéis ver en la tabla de ingredientes en la foto de aquí debajo) pero aún así es para mí es el único maquillaje esencial, el único must-have que siempre tengo a mano.
No soy una experta en química pero las cosas que terminan en ethanol suelen ser alcoholes. Sin embargo es bastante amigable, no tiene siliconas y jamás he leído un review de alguien quejándose del producto.
Si nunca has probado nada de Benefit, la marca es genial. A diferencia de marcas como MAC e Illamasqua, Benefit no está creada para maquilladores, su público es gente común y corriente. Cada producto de Benefit está diseñado para parecer más una golosina que un cosmético. Dentro del empaque de los productos de Benefit siempre hay un pequeño manual en el que te explican cómo aplicar el producto de forma visual.
Benetint funciona como blush y como labial, se ve increíblemente natural, y es de larga duración. Creédme, puedes dormir con esto puesto sin dañar tu cutis y a la mañana siguiente todavía está allí. Con Benetint no tenemos nada que envidiar a las prostitutas griegas, ni a las nobles de la Edad Media, ni a las brujas de ninguna clase.
El efecto es transparente pero con color. Como si le aplicas una capa en multiply a tu propia piel. Muy distinto al de un polvo, infinitamente distinto al de un gloss.
Esto es lo que hacen 3 gotas de Benetint.
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