Derechos de autor en la industria de la moda
by Yaya.

Una cosa que me impactó mucho cuando llegué de Miami fue todo el escándalo alrededor de la ley Sinde. No tanto por el escándalo en sí, eso ocurre en todas partes cuando salen leyes polémicas que no parecen beneficiar al usuario promedio, lo que me impresionó fueron los argumentos que usaban a favor y en contra. Quienes apoyan la ley opinan que descargar películas es equivalente a robar, y que los dueños de las páginas de internet no deben sacar provecho (léase: dinero) de cosas que no les pertenecen. Quienes se oponen piensan que la cultura debe ser algo abierto y democrático al alcance de todos. Al final, ninguno está atacando el problema en sí. Ambos están inmersos en el debate buscando reivindicar ciertos valores personales a modo de vendetta. Son ideas abstractas e impuestas sobre el fenómeno de los derechos de autor que no tienen nada que ver con lo que realmente está ocurriendo. Nadie se pregunta qué es más beneficioso para la industria.
Por qué en vez de enfrascarnos en cómo nos gustaría que fuera el mundo, nos esforzamos por buscar un nuevo modelo de negocio que se adapte a la nueva realidad. ¿Qué negocio conocemos que sea creativo, que ofrezca productos a sus usuarios susceptibles de ser copiados y que sin embargo tenga éxito? Hmmm… ¿La moda?
Pensé en colocar un vídeo muy interesante sobre la industria de la moda y los derechos de autor que dio Johanna Blakley para TED (podéis verlo pinchando aquí) pero como está en inglés, preferí escribir el artículo e incluir la información valiosa del video.
EN LA INDUSTRIA DE LA MODA NO EXISTEN LOS DERECHOS DE AUTOR
En algún lugar de tFS hay un tema dedicado a clones de moda. La gente encuentra dos prendas que parecen iguales y las colocan para “denunciar” el plagio. Es usual encontrar clones de marcas como Chloé en cadenas como Topshop. Pero también ocurre que un diseñador copia a otro diseñador. Son copias directas. No hablo de un ligero parecido, de un aire, o de algo que podría ser una coincidencia. Hablo de réplicas exactas. Cuando esto ocurre hay una lluvia de respuestas de los usuarios en plan “qué decepción, nunca imaginé que _____ pudiera copiar así”. Pero para quienes realmente entienden cómo funciona la moda, cuando un diseñador replica una prenda vintage de otro diseñador es una muestra de genialidad.
Que Marc Jacobs sea capaz de repasar toda la historia de la moda y dar con ese único vestido que no hace falta cambiar ni un ápice, y que reúne todo lo que es fresco y emocionante hoy en día es una muestra de genialidad. Claro que para las nociones de derechos de autor de la academia y de la persona promedio, Marc Jacobs está cometiendo un plagio, y además de plagio, suena como algo ilegal. Pero no es ilegal.
Hace muchos años que los legisladores de los países de todo el mundo decidieron que la moda era algo demasiado utilitario como para tener derechos de autor. Básicamente querían protegernos porque sería terrible que alguien patentara, digamos, los bolsillos, y ahora cada vez que alguien quisiera fabricar una prenda con bolsillos tuviera que pagarle al “creador”. De manera que en la industria de la moda, cualquiera puede copiar a cualquiera y vender el diseño como suyo. Esto significa que los diseñadores pueden incorporar a sus colecciones cualquier elemento o prenda que quieran, sin límite alguno.
LO ÚNICO QUE UN DISEÑADOR PUEDE REGISTRAR ES SU MARCA
A pesar de no poder registrar sus creaciones, un diseñador puede registrar su marca. Puede registrar su logo, sus empaques y el nombre.
Así las grandes marcas forran muchos de sus items con su monograma (los bolsos LV son el mejor ejemplo). Es una medida de protección. Otro diseñador puede copiar la forma del LV Speedy Bag, pero no puede forrar su bolso con el monograma de LV, así que su creación está un poco más protegida frente a las copias. Cosa que aunque en teoría parece muy lógica, realmente se apoya en una especie de superstición jungiana en la que el monograma adquiere las características de un talismán. No funciona en la realidad porque lamentablemente la piratería funciona al margen de la ley y no existe nada más jugoso que copiarse un logotipo. De manera que aunque tu competencia no te esté copiando (no nos vamos a engañar, el público que compra en LV no es el mismo que compra en un mercadillo) el hecho de que te cruces con 20 mujeres de origen dudoso con una copia pirata de tu cartera de 2,000 dólares le quita un poco de brillo a todo el asunto.
LA FALTA DE DERECHOS DE AUTOR ES BENEFICIOSA
Para quienes están acostumbrados al debate de los derechos de autor, les sorprenderá el éxito y lo provechoso que es el negocio de la moda. Gracias a que no existe el derecho de autor, los diseñadores se han visto obligados a elevar la confección. A comenzar a crear arte en vez de prendas utilitarias. La falta de derechos de autor ha convertido la industria de la moda en un sistema muy complejo y abierto, increíblemente variado, en el que la creatividad efervece.
A diferencia de otras industrias creativas como el cine, la pintura, la fotografía o la música; el diseñador de moda puede tomar cualquier referencia e incorporarla sin miedo a que lo cataloguen de plagio, o peor, que lo demanden. Los diseñadores son capaces de generar productos de manera colectiva. Nadie es capaz de inventar cosas radicalmente nuevas, los artistas no crean, reconfiguran, y por eso penalizar ese acto frena la creación.
Otro beneficio de la copia son las tendencias. Las tendencias no son impuestas -como muchos creen- por una cabeza flotante que dirige en las sombras (no, no es Anna Wintour). Las tendencias surgen precisamente porque los diseñadores se copian entre sí, y copian lo que tiene éxito en las marcas de los demás. Se crean porque la moda no es solamente algo que va de arriba hacia abajo, es un proceso doble que también está influenciado por lo que la gente compra y lo que la gente se pone en la calle.
Los que más se benefician de todo esto son las cadenas de moda rápida como Zara, Topshop, MNG, etc. Son famosos porque copian los modelos de las marcas de lujo y las venden mucho más barato. Un defensor de los derechos de autor podría pensar que si Topshop saca el mismo modelo que Chloé a 200 dólares, entonces Chloé se va a ir a la quiebra. Pero el público que compra en Topshop no es el mismo que compra Chloé (¿En serio?). La ropa de diseñador está hecha con mejores materiales, con mejor acabado y tiene ese valor añadido de ser real. Por otro lado, las cadenas high street ayudan a que las tendencias se cristalicen mucho más rápido. Nosotros: los inovadores, los marcatendencias y los early adopters, no queremos ponernos lo que todo el mundo lleva. Queremos ser los primeros, y muchos no tienen la posibilidad de comprarse ropa de diseñador cada mes. Zara y compañía, nos ofrecen la posibilidad de movernos a mayor velocidad.
Esto hace que los diseñadores no descansen. Cada mes deben inventarse una prenda revolucionaria que todos querremos ponernos y mencionar en nuestros blogs, y eso es fantástico. Aumenta la producción, la creatividad y enriquece a la industria.
QUÉ HACEN LOS DISEÑADORES PARA SOBREVIVIR
El hecho de que algo sea beneficioso para la industria no significa que es beneficioso o agradable para el individuo. Claramente, a Diane Von Furstenberg le molesta que le copien sus faldas, y Burberry debe perder mucho dinero cuando algún otro diseñador le copia un abrigo. Así que la manera de protegerse es volver su producto más complejo y más específico. Un poco como Charlie Parker que inventó el bebop para que los blancos no pudieran copiarlo, o como Woody Allen que desarrolló un personaje que no le queda bien a nadie más que a él mismo. Así cualquiera puede copiar una prenda de Comme des Garcons, pero no tiene tanta gracia porque sólo funcionan dentro de la estética de Rei.
Otra estrategia para sobrevivir a las copias es las colaboraciones con cadenas de moda rápida. Cuando algún diseñador, digamos, Lanvin, colabora con H&M está expandiendo su alcance a un público al que normalmente no tiene acceso.
LOS NÚMEROS NO MIENTEN
La industria de la moda no es la única que tiene poca protección. La comida no tiene derechos de autor. No puedes patentar una receta porque son una serie de pasos, son hechos concretos. No puedes proteger un plato sin importar que tan único y original sea su sabor o su presentación. Lo mismo ocurre con el diseño de coches, son utilitarios. Los peinados, los maquillajes, los chistes, los trucos de magia, los perfumes. Ninguno tiene derechos de autor.
A la izquierda está una gráfica que acompañaba la charla de TED que compara las ganancias en dólares de las industrias con poca protección (moda, alimentos y coches) con las industrias de mucha protección (Cine y literatura). Creo que es un poco evidente que alguien no está haciendo bien las cosas.
La lógica detrás de los derechos de autor ha sido la misma por cientos de años. Básicamente se contemplan dos variables: si algo es un objeto artístico merece ser protegido. Si es utilitario, no merece ser protegido. Pero, ¿dónde está la frontera entre ambos? La segunda variable a tomar en cuenta es que si algo es una idea que merece ser libremente distribuida entonces no obtiene derecho de autor. Si es un objeto tangible y nuevo, un invento que alguien creó, entonces esa persona merece beneficiarse de su creación por un tiempo y por lo tanto tiene derecho de autor.
La cuestión está en que todo esto ha sido transformado en la era digital. Ya no consideramos la música como un objeto tangible. Un libro ya no es una cosa que está en el estante de nuestra biblioteca. Son archivos digitales, no están sujetos a una realidad física tangible, y como podemos distribuirlos con muchísima facilidad, circulan libremente de la misma manera que lo harían las ideas. Este proceso no es posible de frenar. Sin embargo las discográficas, las productoras de cine y las editoriales se aferran a la noción del derecho de autor como si fuera un salvavidas y la única posible solución al problema de las ventas bajas. Qué tal si en vez de luchar por una causa que han perdido de antemano se van en la otra dirección. Qué tal si comienzan a producir frenéticamente de la misma manera que ocurre en la moda. Si buscan formas de crear tendencias, de que la gente tenga un apetito por productos nuevos, y emplean en eso su tiempo, en vez de tratar de proteger un producto tan efímero que muere el mismo día que nació.
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