El día que rechacé un trabajo en Refinery29
by Yaya.
Sólo tengo una resolución para 2012. No es un deseo puntual. No es algo tangible. No hará del mundo un lugar mejor. Pocas personas se beneficiarán de mi resolución, de hecho, es probable que nadie se beneficie. Perderé amigos. Mis familiares me darán la espalda. No me importa.
Este año he decidido ser honesta.
Hace un par de meses pasé por un momento de esos que te definen. Hasta entonces siempre me había sentido orgullosa de ser una de las pocas personas de 26 años que conozco que tienen sus cuatro abuelos vivos. Era como si mi familia estuviera en un plano al que la muerte no tiene acceso. En noviembre murió mi abuelo Marcos y eso fue muy triste. Mi abuelo me enseñó a jugar al ajedrez y también me enseñó muchos chistes buenos de los que ya nadie cuenta porque no son irónicos. Me parecía muy increíble que no iba a poder volver a verlo, increíble y triste al mismo tiempo. No pude ir a su funeral. Estaba en España y ningún vuelo llegaba a tiempo para el entierro. Me lo perdí.
Uno de esos días mi hermana me llamó para darme una buena noticia: había leído por internet que una de mis páginas favoritas, Refinery29, iba a abrir una edición para Miami y estaban buscando editor. “Yae, ¡es perfecto para ti!” Mi hermana es una persona genial.
Yo estaba muy agradecida por el timing del asunto. Realmente cualquier cosa más o menos hubiera funcionado de igual forma, pero el tema de R29 era perfecto porque era una distracción ideal. Así que me puse a hacer este currículum Ferrari:
Este fue el currículum que les envié junto con una carta de presentación (así se hace en USA). Yo sé que me vais a copiar la idea, pero me da igual porque en realidad no me la estaréis copiando a mí, el concepto fue de Israel: vender currículums como si fueran banners porno. Funciona.
Dos días después de darle al botón de enviar me escribió la editora general de Refinery29 para pedirme una entrevista. Yo estaba en España y las fechas de su viaje a Miami no coincidían con las mías. Di la causa por perdida. Contrataron a otra persona, una tía muy guapa y con más experiencia que yo en internet. Las fotos de la fiesta de inauguración de la edición de R29 para Miami me incomodaron, ¿para qué os voy a engañar? Cuando salió al aire la página revisé todos los posts buscando errores, pero la tía tiene una pluma como una catana para mi desgracia. Así está la cosa.
El 20 de diciembre estoy tan tranquila en mi casa planificando alguna idiotez para el blog cuando suena mi teléfono y es la editora de Refinery de nuevo. Esta vez quería aumentar la apuesta. Quería que fuera a Nueva York para conocerme. No estuvo fácil por navidad y año nuevo, pero lo conseguí. Yo no tenía claro qué me iba a ofrecer, pero cuando te dan una segunda oportunidad uno no hace preguntas. Pasó todo muy rápido. Hubo una reunión, risas nerviosas, estrechamiento de manos, caras que conocía de la página, cafés de oficina que uno bebe por cortesía, etcétera. En resumen: la editora que habían contratado dejaría la página y querían que yo la reemplazara. No quisieron explicarme mucho sobre el cargo en ese momento, pero sí me hicieron muchas preguntas. Fue una entrevista bastante normal para lo que yo imaginé que sería, y sin embargo había algo fuera de lugar. Lo que yo sentí no se corresponde con lo que pensé que cualquiera sentiría en una situación así.
Estaba en Nueva York. En las oficinas de una de mis páginas favoritas. Me querían pagar por escribir. Querían darme autonomía y cierto grado de libertad creativa. Es el argumento de todas las películas románticas, ¿no? (mi papel interpretado por Janeane Garófalo?, Sarah Silverman?, Jennifer Garner) y sin embargo yo no estaba feliz. No estaba satisfecha. Y Refinery29 no cambió, la que cambió fui yo. Algo pasó entre mi primer e-mail y esa reunión. El viaje que hice desde España hasta esa tarde en Nueva York fue un viaje en el espacio, pero también fue un viaje en mi interior.
Creo que en cierta medida todos sentimos lo mismo frente a posibilidades grandes. Me di cuenta de que frente a un éxito la sensación no era muy diferente a lo que siento cuando pienso en un fracaso. Es una sensación de vacío. Una ansiedad constante. Creí que para conseguir estar en paz tenía que hacer cosas grandes. Pero por más grande que sea lo que consiga, siempre habrán cosas más grandes para hacerle sombra. R29 no es el Pulitzer, y el Pulitzer no es la cura para el cáncer.
Hace unas horas hablé por teléfono con una de las editoras. Me llamó para decirme que sí. Me envió los lineamientos del cargo y mi primera asignación, y esto fue lo que le respondí:

Yo no quiero dedicarme 24 horas a escribir sobre moda. No quiero convertir mi vida en un juego de cool hunting. No necesito regalar mi tiempo ni mi esfuerzo a otros. Yo traduzco libros, eso me encanta. Tengo mi blog y amo cocinar. Quisiera escribir mi segundo libro. Son pocas las certezas que tengo sobre mí misma, pero espero que en 2012 pueda alardear de una certeza más: soy honesta.
El ciclo de angustia sólo se puede romper con una cosa y es siendo honesta.
Puede que mi resolución parezca una simpleza. Lo es. No sólo me refiero a no decir mentiras, eso es lo de menos en realidad. Honestidad significa no hacer nada por compromiso. Dejar de someterme a la voluntad de otros. Significa que en 2012 NO IRÉ A NINGUNA BODA. Que no le daré like a tus fotos en Facebook a menos de que me inspiren una sonrisa. Tampoco te haré RTs. No me compraré nada que no necesite. No me censuraré por miedo. Al mismo tiempo significa que seré responsable de todo lo que me ocurra este año. Si el 2012 resulta ser un mal año, será porque yo lo decidí así. Será mi año malo y de nadie más.
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[...] antes porque pensé que sería un suicidio social, y probablemente lo es, pero como este año he decidido ser honesta, entonces lo comparto con vosotros y me hago responsable del posible ostracismo. La foto de abajo [...]