Kirsten McMenamy por Steven Meisel para Vogue Italia Agosto 2010
by Yaya.
Cuando salió esta portada hace unos días:
Fue el catalizador de una serie de debates acerca del canon de belleza femenino. Por qué ahora de pronto está bien tener el cabello canoso y blanco si hace apenas unos años Nicole Kidman fue bastante abucheada cuando apareció con sus raíces au naturale en el estreno de Australia. Algunos ingenuos creen que es parte de un movimiento de la moda hacia algo más plural. Otros se indignan ante la idea de modelos de 50 años en las portadas de Vogue (hola, Kate Moss). En lo personal me aburren estas polémicas, en especial cuando se trata del supuesto “canon femenino” y prefiero mantenerme al margen que quedarme dormida.
La historia para mí comienza cuando la revista es impresa, distribuída y llega a la pantalla de mi ordenador desde las esquinas más recónditas de tFS (no me pidais invitaciones que no me quedan). Porque lo que sí me causó una sensación bastante lejana al aburrimiento fue la editorial:
Colocaré sólo dos fotos más en grande y el resto en galería para no recargar la página, pero os recomiendo que las veáis todas antes de seguir leyendo:
No soy -y jamás he sido- del tipo de personas que van a desparasitar niños indígenas a la selva, ni cuyas expectativas de vida incluyen un acercamiento circunstancial al tercermundismo. Porque de todo eso ya tuve bastante en mi vida y no por elección. Agrego además, que tengo una buena brújula para los debates y no parpadeo ante los temas tontos como el gran escándalo MAC-Rodarte. Sin embargo, cuando vi este editorial algo me dijo que no está del todo bien. No sólo porque el resultado no tiene nada que ver con lo que esperaba de la editorial de McMenamy y la retrata en el reino de lo trágico, tóxico y triste. Aparentemente sólo está bien ser viejo cuando todo a tu alrededor se está derrumbando. Sino que aún más importante que eso, trivializa el derrame de petróleo en el Golfo de México. Reduce el conflicto a una serie de fotografías de una sirena con botas Dsquared. Pasas la página y tienes un anuncio de champú. Es aplanar e igualar el discurso ecológico con el discurso usualmente banal (sí, banal) de marcas de moda y pasarelas.
Y si su intención era mostrar al mundo el horror del petróleo, pues creo que hay maneras mucho menos directas y dimensiones más interesantes del conflicto que una mujer cubierta de petróleo y ahogándose.
¿Es que ya no hay más nada que decir? ¿Se nos agotaron los temas fotográficos que tenemos que cogerlos de las tragedias naturales?
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