Published 1st Mar 2012

Mis tetas y yo

Las tetas es un tema que todo el mundo quiere tocar, pero poca gente lo hace desde la honestidad. Las revistas te dan tips para sacarles partido, tus amigos se sientan a valorarlas, los políticos buscan legislar sobre la teta, las redes sociales directamente la prohíben, la asociación contra el cáncer te advierte de sus riesgos, y los cirujanos de la ley de la gravedad.

Pero las tetas son parte de una persona. Aprendemos desde pequeñas que hay que temer a nuestras tetas, y nadie nos enseña a amarlas. Podrías pensar que este artículo es simplemente una excusa para enseñar las mías, pero te puedo asegurar que al terminar de leerlo te dará vergüenza haber pensado eso.

¿Qué se siente al tener tetas? No es una pregunta que uno se plantea a menudo. Tener tetas es raro. Una niña pasa los primeros 12 o 13 años de su vida sin tetas. Después, un buen día, le salen dos objetos en medio del pecho que redefinen su relación con el mundo. No se puede estar preparado para un cambio así.

Hay niñas que se desarrollan demasiado pronto, son las primeras de la clase. Sus tetas le parecen un cartel que anuncia al mundo su condición. Las hay que se desarrollan tarde. Sus amigas tienen tetas y ella no. Se pregunta si todo está bien, si a ella también le saldrán y cómo serán. Hay otras que se quedan esperando porque nunca les salen. Y todas, independientemente del momento en el que les ocurra, sienten angustia.

Frente al espejo la niña descubre que las tetas no tienen un propósito propio. Las tetas son para el otro. Para amamantar a un niño en un futuro. Para ser codiciadas por un hombre. Las tetas no sirven para nada si no hay un otro. Son una expresión física de su condición femenina. De ser un ser para otro ser. Un ser que se define en el otro. Toda la injusticia de la especie se concentra para ella en su pecho. El útero también es injusto, pero odiar la regla es algo que se acepta socialmente. Para odiar las tetas tienes permiso, pero únicamente en cuanto a sus particularidades “odio mis tetas porque son así” y no en cuanto a concepto.

Después está el tema de la atracción. La niña que posee tetas descubre que no le es indiferente a la mirada de los hombres. Los ojos la siguen a donde va. Antes de tener tetas, una niña tiene culo, es cierto, pero el culo siempre se está yendo, las miradas se le pegan por detrás. Las tetas siempre están viniendo, y encontrarse de frente con la mirada del otro es una experiencia nueva. La niña se siente protagonista, pero no sabe qué sentir al respecto. No sabe si quiere o no la atracción que genera. Puede sentir que no la merece, que no ha hecho nada para conseguirla. Las tetas crecieron en ella sin su intervención.

Algunas se descubren poderosas. Yo tenía una amiga en el instituto que tenía las tetas grandes y sabía explotar su poder. Como consecuencia le pusieron de sobrenombre “la Chichi” por esta canción. No hace falta mucho para ser la puta del instituto. Muchas de las niñas que tienen mala fama la tienen más por la forma de sus tetas que por su experiencia, su cuerpo las traiciona. Nadie quiere ser La Chichi.

Después del instituto las consideraciones son de otro tipo. Dependiendo del lugar en el que vives las tetas simbolizan cosas distintas. Por lo que sale en las noticias puedes pensar que en Venezuela es casi obligatorio tener las tetas operadas y enseñarlas, pero en realidad eso depende de tu círculo social. En el mío tener las tetas grandes y usar ropa ajustada es considerado de baja clase social. La gente de bien se cuida mucho de este tipo de deslices, porque a diferencia de Europa donde el orden social en la mayoría de los casos está determinado por la raza, en Latinoamérica el orden social se establece por la clase socioeconómica.

Algunas sufrimos por tenerlas grandes, otras por ser planas. A algunas mujeres no les gusta la forma de sus tetas, a otras el color. Los pelos son más comunes de lo que todo el mundo cree. Algunas tienen los pezones raros, invertidos, o demasiado grandes, o protuberantes. No hay un prototipo de teta normal, aunque todas creemos que sí. Aceptar tus propias tetas es un proceso que dura años, y cuando finalmente lo haces, se te empiezan a caer.

LAS TETAS: EL DEBATE

Yo sabía que tenía las tetas grandes, y por eso me esforzaba por ocultarlas. No quería ser una “choni”. Además me gustaba la moda con todos sus mitos. Pensaba que un componente del buen vestir era el desdén por lo sexy. De manera que pasé alrededor de 10 años con cuellos cisne, pelo corto, y una talla incorrecta de sujetador.

Hace dos años más o menos que me he liberado de los cuellos cisne poco a poco. No es que vaya en tetas por la calle, simplemente he sustituido los jerseys por camisetas de cuello abierto. Ha sido una lucha contra mis propios prejuicios, pero lo he logrado. Lo sorprendente es ver las reacciones de la gente ante mi nuevo “look”. Nada de lo que he hecho en mi vida ha generado tanta polémica. Me acusan de todo tipo de cosas. De enseñar mis tetas para ganar popularidad, de habérmelas operado, de ser machista, hasta de “venderme”.

Mi primer “fan”, un argentino que se llama Serge, me seguía desde que abrí el blog. Me escribía por email. Él y su novia tienen un estudio de fotografía, o de estilismo, no recuerdo, el caso es que me enviaba sus fotos para que le diera mi opinión de vez en cuando, y a lo largo de un año intercambiamos varios correos. Pues bastó con que pusiera este post para que pasara de admirarme a repudiarme. No sólo me dejó un par de comentarios en el grupo de Facebook “y ese boobshot?”, sino que además me envió un email diciéndome que su novia y él se habían equivocado conmigo.

La verdad es que es la primera vez que me toca estar de este lado del debate. No los culpo porque cubierta hasta el cuello yo también me sentía sobre una tarima moral. Yo apuntaba el dedo. Criticaba el escote ajeno. Una vez dije de una amiga que se vestía como una “secretaria porno”. Kim Kardashian me parecía una desvergonzada. Paris Hilton no. No tenía que ver con su actitud sino con el tamaño de sus tetas.

EL PACTO DE EVA

El verano pasado Israel y yo fuimos a Málaga. Estábamos tumbados en la playa tan tranquilos, cuando de la nada salió una tía en tetas, puso su toalla en la arena frente a nosotros y se acostó a tomar el sol. No era una tía especialmente guapa, y ni siquiera estaba mirando a Israel, pero yo me indigné.

Para situaros un poco en contexto: no estoy acostumbrada a ver tías en tetas. En América es ilegal tomar el sol topless excepto en las playas nudistas. Todas se operan en Venezuela, pero nadie se quita el bañador. Así que la imagen fue algo nuevo para mí. Por otro lado, aceptar mis sentimientos negativos también era algo nuevo. No se supone que uno debe sentir indignación frente a una tía sin bañador. Pero estaba practicando la auto-aceptación, y la primera parte de la auto-aceptación es verse tal cual uno es.

Me indigné, me puse territorial. Lo que yo sentí era una traición. Pero nada había ocurrido. ¿Por qué me sentía traicionada?

Le dije a Isra: “Si ella quería venir a la playa en tetas, debería haber venido con sus amigas. Eso estaría bien. Pero ¿venir sola, en tetas, y acostarse allí frente a todo el mundo? Eso sólo lo haces si estás buscando algo” Intenté darle la vuelta a la idea: ¿qué pasaría si algo hubiese pasado? ¿con quién me enfadaría? Mi respuesta me confundió aún más: me enfadaría con mi novio. Entonces, ¿dónde está realmente el problema?, ¿cuál es la traición que ella comete? y más importante aún: ¿contra quién?

No creas que yo aceptaba estas ideas con facilidad. Sé que son súper machistas. Pero la única manera de combatirlas es permitiéndome sentirlas, para poder entender de dónde salen. Después de darle vueltas durante horas descubrí lo que sentía realmente: el acto de ir a la playa en tetas es injusto porque tienta a los hombres, incluyendo a mi novio. En ese momento escuché un eco en mi cabeza. La idea me resultaba familiar, muy familiar, de hecho. Es una idea muy antigua. Salió de la Biblia, del episodio de Adán y Eva.

Eva tentó a Adán. Adán no tiene la culpa de su pecado porque fue Eva quién lo tentó. ¿Por qué Adán no se resistió? Porque no pudo. Eva es irresistible. Su poder radica allí. Las tetas simbolizan la sexualidad feminina, son la marca de Eva. La sexualidad femenina es el pecado original, la mujer es la pecadora, y las tetas son su arma. El hombre se defiende del peligro que ella representa cubriéndola. Le hace cubrirse de la misma manera en la que Eva se cubrió después de probar la manzana.

EL LUGAR DE LA MUJER

Pero la idea de que la mujer es peligrosa no es exclusiva de occidente. La Biblia no creó esa idea, es sólo un reflejo de un sentimiento que la precede. Para estudiar este tipo de cosas, el lugar que ocupa un concepto (la idea de la feminidad) dentro de una cultura se suele estudiar usar la lingüística.

Las palabras estructuran nuestro mundo. Sus categorías lo ordenan. Agrupamos bajo una misma categoría los objetos que consideramos semejantes. El lugar de la mujer se estudia desde la categoría más amplia: el género. Se estudia, por ejemplo, el tipo de palabras que tienen género femenino y por qué se les agrupa junto a la mujer. Qué dice de la visión que tiene una cultura de la mujer cuando comparte género con ciertas cosas y no con otras. Por qué en español la casa es femenina y no masculina, por ejemplo.

No todas las culturas tienen género femenino y masculino en su lenguaje, el inglés, por ejemplo, es un idioma neutro. En el español tenemos 2 géneros: femenino y masculino. Pero en Australia existe entre las tribus aborígenes un idioma llamado Dyirbal que tiene 4 géneros diferentes: masculino, femenino, vegetales, y misceláneos. Dentro del género masculino están los hombres, los peces, las culebras, los kanguros, y las lanzas. Dentro del género femenino está la mujer, el fuego, y las cosas peligrosas (1). La mujer para ellos es fogosa y peligrosa. Un ser de cuidado.

El Dyirbal lo hace de manera explícita, pero en la mayoría de las culturas la mujer está vista de esa forma: como una criatura peligrosa, difícil de comprender, e irresistible al mismo tiempo.

(1) Women, fire, and dangerous things de George Lankoff

LA MUJER COMO EL OTRO

A la mujer se le teme también porque es “lo desconocido”. La mujer ocupa el lugar de “el otro”. El hombre se siente sujeto de su mundo, y sitúa a la mujer a su lado. Es lo suficientemente parecida a él como para poder reflejarse en ella, y al mismo tiempo también la desconoce, se le escapa. Ella es al mismo tiempo conocida y desconocida, la interrogante y la respuesta, y como es distinta de él, ella es para él su juez. Por eso un hombre de negocios le consulta sus decisiones a la mujer. Puede que ella no tenga idea del tema, pero él toma en cuenta su opinión porque ella es la juez de su mundo.

El hombre teme al poder de la mujer y al cubrirla “desaparece” su feminidad, su otredad, su amenaza. Ella acepta cubrirse siempre y cuando todas las demás mujeres se cubran con ella. Dado que la sexualidad femenina es irresistible, la mujer cree que nada puede competir contra unas tetas desnudas. No importa qué tan bella, inteligente, sensible, o apetecible ella se considere, cree que frente a unas tetas desnudas, su atractivo queda “neutralizado”. Por esa razón ella sólo acepta cubrirse si no hay otras tetas a la vista.

El pacto de Eva también es un pacto entre mujeres, y traicionarlo tiene consecuencias. Cubrir las tetas es un pacto de desarme. Muchos países tienen armas nucleares, pero hay un acuerdo tácito, un pacto, de no usarlas. Si un país amenaza con hacer uso de su poder atómico, los otros países lo condenan. Y lo mismo ocurre con las tetas.

La mujer que se exhibe traiciona ese pacto. Salir en tetas es hacer uso de tu bomba atómica cuando todos los demás guardan las suyas. Es violar un pacto que iniciaron los hombres, pero que perpetuamos todos. La mujer vigila que el pacto se cumpla, y castiga a la infractora con la burla, el rechazo, o el ostracismo. El hombre, en cambio, anhela que rompa el pacto, pero cuando lo hace la tilda de puta.

La mujer somete a la infractora a la burla para desacreditar la amenaza que representa. El hombre tilda a la infractora de puta para desacreditarla como juez. El hombre teme el juicio de la mujer fácil. Si una mujer ha estado con muchos hombres diferentes, puede juzgarlo a él, y por lo tanto, puede poner en riesgo su masculinidad. La mujer virgen no ha estado con nadie y el hombre junto a ella se siente seguro. La mujer es peligrosa para el hombre en cuanto a que lo juzga. Tildar a una mujer de puta es descalificar su argumento a priori. La mujer es peligrosa para la mujer en cuanto a que aniquila su atractivo. Tildar a una mujer que se exhibe de puta es para ambos una manera de protegerse.

Pero la castigue un hombre o una mujer, para que el castigo sea efectivo tiene que hacerse en presencia de un tercero. Por eso el castigo es siempre en público. El castigo es siempre social.

LA HERENCIA DEL MONOTEÍSMO

Soy judía y estudié en un colegio judío. Desde pequeña me enseñaron a sentir orgullo por ser la primera religión monoteísta del mundo. Se nos enseña que el monoteísmo es la forma más civilizada de religión. Que el politeísmo es absurdo, el paganismo es arcaico, y la idolatría está vinculada a religiones crueles.

Imagino que a los católicos les enseñan algo parecido. Que creer en un sólo dios es la forma “correcta” de entender el mundo. El agravante en el catolicismo es que además es proselitista. No solamente lo consideran correcto, sino que consideran que es lo ÚNICO que es correcto. Esperan que todos los pueblos adopten su religión.

Pero en el monoteísmo, ¿cuál es el papel de la mujer? Si el pacto de Eva salió de la Biblia, ¿qué otras cosas que nos afectan tienen sus raíces en la religión?

La relación del hombre con la mujer (y por lo tanto el lugar que la mujer ocupaba en su sociedad) ha cambiado varias veces a lo largo del tiempo. Por lo general está vinculado al lugar que el hombre le da a la naturaleza, y en especial al lugar que le da a la tierra.

Durante la era paleolítica el hombre era nómada y se mantenía de la caza, la pesca, y la recolección. Los viajes eran largos, el territorio difícil, el clima duro. El hombre del paleolítico empleó toda su energía en sobrevivir. Pero a pesar de que sabía construir herramientas, no sabía sembrar ni domesticar animales.

En esa cultura primitiva, la mujer no gozaba de una buena posición dentro de la jerarquía social. Movilizarse de un lugar a otro era un trabajo arduo. La mujer es más débil que el hombre y por lo tanto no puede cargar mucho peso. Pero sí consume: come y bebe tanto como él. Durante varios días cada mes está indispuesta. El niño era una carga aún más pesada que la mujer porque durante 3 años no puede ni caminar. Cuando digo que no gozaba de una buena posición en la jerarquía social me refiero a que cuando no habían suficientes recursos sacrificaban a los niños y dejaban a las mujeres atrás (1).

Todo cambió con el sedentarismo hace unos 15 mil años. Por primera vez la tierra se convirtió en un recurso escaso. Los hombres querían tierra para sembrarla y para cuidar de sus rebaños. Se sentían atados a ella de una forma especial. Los sedentarios sacaban su comida de la siembra, y a diferencia del nómada, él podía administrarse. Sabía de cuánta comida disponía, podía guardarla para momentos de escasez así que los niños y las mujeres dejaron de ser una amenaza para la supervivencia y se convirtieron en una parte necesaria de la familia.

El hombre sedentario descubrió el tiempo. Aprendió a medirlo con las cosechas. Descubrió que el mundo es cíclico. Que las cosechas se corresponden con la luna, con las estaciones, con las mareas. Midió los movimientos de las estrellas en el cielo y creó un calendario. Comprendió que al igual que el universo, la mujer también es cíclica. Su fertilidad la inserta en el tiempo. Para el hombre sedentario la mujer poseía dentro de sí el secreto de la naturaleza. Así se convirtió en la encargada de la siembra ritual, su fertilidad fecundaba también a la Tierra (3).

La siembra era una actividad tan ardua como la caza o la recolección. El hombre sedentario quería varios hijos para poder distribuir el trabajo. Pero desconocía la paternidad. Creía que el embarazo era un secreto de la mujer, que los hijos brotaban de ella como brotan las plantas de la tierra. Así que además de ser la responsable de la fertilidad, la mujer era también la dueña de la vida. Daba la vida y también la quitaba. (4).

Los primeros sedentarios temían al poder de la mujer, y por lo tanto su religión adoraba a La Diosa. Ella era omnipotente, inmortal, y estaba profundamente conectada a la naturaleza. Era la responsable de la capacidad de creación, y también de la de destrucción. Su nombre variaba de acuerdo con la cultura, pero estuvo presente en casi todas las sociedades que se asentaron cerca del Mediterráneo: Astarté, Ishtar, Inanna, Nina, Nut, Isis, Ashtoreth, Au Set, Hathor, Nammu, o Ningal. (5)

No es casual que todas estas diosas estén representadas por sus tetas. Las tetas eran el máximo símbolo de la fertilidad. Las tetas de la mujer eran la fuente de su poder, pero no en cuanto a que el hombre no puede resistirse a ella, sino en cuanto a que es ella quien le da la vida al hombre. Si la mujer es quien da la vida, y quien la quita, el hombre siempre estará sujeto a ella. El hombre es secundario. Sólo existe después de la mujer. Es en este punto en el que entiendes que el pacto de Eva no fue un pacto entre hombres y mujeres, fue un pacto entre el monoteísmo y la mujer. Al cubrirse las tetas la mujer cedió su poder al hombre. Cuando una mujer muestra sus tetas con orgullo no está traicionando un pacto, está desafiando el orden social. Está poniendo en peligro la estabilidad de la estructura patriarcal. La traición y el pecado fueron simplemente dos excusas convenientes para hacer abdicar a la mujer.

El monoteísmo borra a la mujer. En el judaísmo su papel es pasivo. Hay un par de heroínas por ahí, (Yael decapitó a un rey enemigo clavándole una estaca en la cabeza), pero en líneas generales, hay pocas figuras femeninas con las que una mujer judía se puede sentir identificada en un rol activo. El catolicismo lo reduce aún más. Dentro del catolicismo la mujer sólo puede ser María o Eva. La madre bondadosa y pura, o la mujer mala tentadora. No hay intermedios ni otras opciones. Por eso se santifica la maternidad en occidente y se repudian las otras dimensiones de la feminidad.

Como existe un sólo modelo válido a seguir (la vírgen), la única posible interacción entre mujeres es la competencia. Si sólo tienes una meta válida, todo se parece a una carrera. Todas somos versiones más o menos perfectas de lo mismo. En la carrera por la perfección el juego sucio vale: como una mujer sólo puede ser una cosa, y como Eva y María nunca se dan en simultáneo, entonces si demuestro que la que tengo al lado es una Eva, tengo menos competencia en mi carrera. Convertir a otra mujer en Eva es putificarla.

(1) No recuerdo en dónde leí esto, pero el artículo de la wikipedia en inglés sobre el paleolítico está bastante completo, puedes leerlo aquí. Y también hay un artículo muy interesante en Primitivism.com donde explican el impacto de la agricultura en en el hombre, si quieres leerlo pulsa aquí.

(2) The Oxford Encyclopedia of Women in World History, Vol. 1

(3) Lo sagrado y lo profano de Mircea Eliade

(4) El segundo sexo de Simone de Beauvoir

(5) The Living Goddesses de Marija Gimbutas

Nota: no soy teóloga, ni arqueóloga, ni historiadora. Todo lo que sé lo aprendí de Google, descargas ilegales, y libros robados. Hay muchas teorías con respecto a las culturas primitivas. Muchas se contradicen. Yo no sé cuál es la mejor, pero estas son las que más me interesan a mí.

PUTIFICAR

Lo más peligroso del pacto de Eva es que es tácito. Desde que naces formas parte de él sin saberlo. Las mujeres lo perpetuamos sin saber muy bien por qué. A las niñas se les roba el poder desde muy temprano, toda su infancia es una preparación para él. Se les educa para seguir el pacto aún antes de que le salgan las tetas, pero no se le dan razones. Cada vez que la madre se ríe del escote de otra mujer está enviándole a su hija un mensaje velado: debes cubrirte. Y no sólo se educa en la casa, se hace en el colegio, en la tele, en internet. Facebook me quitó esta foto de mi grupo porque viola los términos y condiciones de uso:

El problema no es que Facebook haga cumplir una de sus normas. El problema es que ESA sea una de sus normas. Que consideremos la teta como algo prohibido. Que se ponga a la mujer en una posición en la que cubrir su cuerpo es una obligación. Después de recibir este tipo de mensajes durante toda tu vida, es normal que sientas ganas de repudiar a otra mujer que rompe el pacto. Pero es probable que no sepas el por qué. Es probable que, al igual que me pasó a mí, si te encuentras con una mujer que está rompiendo las reglas te sientas traicionada y que tu sentimiento te parezca irracional. Es probable que quedes tan perpleja y confundida como yo.

Si el mecanismo por el que el pacto se perpetúa en el tiempo es dañino, peor son las consecuencias concretas del pacto: el estigma social de la puta. En inglés tienen una palabra para eso: slutshaming (se pronuncia slotsheimin). En el siguiente vídeo una niña de 13 años explica lo que es el slutshaming y por qué está mal. El video está en inglés, pero si no hablas inglés no te preocupes, voy a explicarlo debajo.

“Slutshaming” es una palabra compuesta por dos palabras más: “slut” que significa “puta”, y “shaming” que significa “avergonzar a otro”. Pero aquí en A70 lo voy a llamar “putificar” para hacernos la vida más fácil.

Putificar significa degradar o burlarse de otra mujer por su conducta sexual. Las excusas para putificar a otra mujer son muchas. Se le putifica por usar ropa ajustada o reveladora, por disfrutar del sexo, por tener sexo con frecuencia, o con varias personas, o incluso se le puede putificar porque existe un rumor sobre ella. No siempre se le putifica implicando que es una puta. Se puede hacer de una manera más sutil implicando que por su conducta sexual es tonta, superficial, o machista, o cualquier otra cosa negativa.

Una persona que putifica a otra cree que está castigándola solamente a ella, pero dado que la putificación se hace en público, el mensaje es para todos y es el siguiente: una mujer que disfruta de su sexualidad es mala, participar en actividades sexuales es malo, la mujer debe cubrirse. O mi favorito: nadie quiere a una mujer que es una puta.

Pero si el sexo es concensuado y te sientes segura con tu pareja… entonces el sexo es bueno. Disfrutar de tu cuerpo es bueno. Expresar tu sexualidad es bueno. Lo que hagas con tu cuerpo, con tu ropa, y con tu pareja es algo privado. Nadie tiene derecho a juzgarte por eso. No, ni siquiera tu madre.

La putificación alimenta la tolerancia a la violencia contra la mujer. El pacto de cubrir a las mujeres parte de la excusa monoteísta de que su sexualidad es peligrosa. Que al igual que Adán, el hombre no se puede resistir al pecado de la mujer. Esa idea representa un grave peligro para nosotras. Si la mujer es la que tienta y el hombre no se puede resistir, entonces ¿de quién es la responsabilidad cuando ocurre una violación? Si crees en el pacto, entonces la respuesta es simple: la mujer tiene la culpa por haberse expuesto. El hombre no se puede resistir. ¿Ves el error?

Hace unos meses en Nueva York un profesor de universidad le dijo a sus alumnas que no usaran faldas cortas o shorts si no querían que las violen. Semanas después una mujer iba en bicicleta con minifalda y un policía la paró y le dijo que fuera a su casa a cambiarse de ropa si quería evitar una violación. Este tipo de cosas no se quedaron atrás. Pasan cada día a nuestro alrededor. (1)

Al mismo tiempo alimenta la idea de que está bien burlarse o degradar a otra mujer. Propaga la idea de que está bien ser violento (verbal, o físicamente) con ella si ella rompe alguna regla social. Pero ser violento nunca está bien.

La única manera de liberarnos del pacto es ver a las mujeres que nos rodean como aliadas, y no como enemigas. En vez de criticarles el escote, apláudelo. Apláudelo aunque tú no te lo pongas. Aplaude su coraje, y aplaude también su libertad de elección.

(1) Duly Noted: Scenes from SlutWalk NYC

EL FEMINISMO MACHISTA

En mi grupo de Facebook hubo una discusión sobre feminismo hace poco. Lo que me sorprendió es que mucha gente tiene una idea equivocada de lo que significa el feminismo. Algunos creen que es “como el machismo pero al revés”. Otros creen que las mujeres quieren ser exactamente iguales a los hombres. Entiendo que tengan esas lagunas porque en nuestra cultura el feminismo siempre se ha visto como algo extraño. Pero aquí voy a hacer un repaso veloz de lo que significa en realidad.

El feminismo es buscar activamente la igualdad entre los sexos. ¿Qué tipo de igualdad? Igualdad de derechos, e igualdad de oportunidades. Le debemos gran parte de nuestros derechos al feminismo. Gracias al feminismo podemos votar, por ejemplo. Hay muchos tipos de feminismo, y aún más tipos de feminista. Pero todos parten de las dos premisas anteriores.

Las feministas de los 70 estaban divididas en el tema sexual. Lo llamamos The Sex Wars. Los debates dividieron a las feministas en dos grupos: las anti-porno y las pro-sexo. Las anti-porno consideraban que la sexualidad masculina era la raíz de la opresión de la mujer, que el hombre ve a la mujer como un objeto sexual, y que por eso la mujer debe defenderse. Su idea de defensa era cubrirse, y prohibir la pornografía. Las pro-sexo consideraban que el sexo era algo placentero y bueno para la mujer, que el porno le devolvía algo de su poder, y que la elección le corresponde a la mujer. Al final de los 90 no quedaban ya feministas anti-porno y el tema sexual quedó zanjado con la idea de la elección individual.

Yo en lo personal encuentro el debate a estas alturas absurdo. Me parece absurdo también que el porno se siga viendo tan mal. Yo soy mujer y veo porno. Sé que muchas de vosotras también lo hacéis. Pero es probable que aunque lo hagas sientas vergüenza de hacerlo o de decirlo. Es normal. Lo que no es normal es estigmatizar en público algo que TODOS HACEMOS EN PRIVADO. No voy a proponer que se le cambie el nombre de porno al porno, porque cuando hay actrices maquilladas y cámaras y todo es tan producido es realmente una película como las de Hollywood. Pero cuando una pareja se graba en la tranquilidad de su hogar, o una mujer se hace fotos de su propio cuerpo, para mí no es porno, es sexo. Sexo y ya. Sexo delante de una cámara. ¿A que se te quita la mitad de la vergüenza viéndolo desde esa perspectiva?

Pero en realidad el cisma va más allá del porno. Es algo mucho más profundo. Es una actitud. La feminista anti-porno de esa época sigue existiendo con otra cara. Es la feminista machista de hoy en día que degrada a las mujeres por mostrar su feminidad. Creen que ninguna mujer puede disfrutar de la cocina, o de las manualidades, o de tener hijos, o de sus tetas. Consideran que todas estas cosas son producto de la educación, de la sociedad patriarcal. Y así se enfrentan a la opresión de la mujer negando la feminidad.

Si regresamos al segundo párrafo y volvemos a leer el objetivo del feminismo: la igualdad entre los sexos, la contradicción se hace evidente. Una sola cosa precede la igualdad de derechos y de oportunidades. Lo que está por debajo de todo es la libertad de elección. Sin la libertad de elección, la igualdad de derechos se convierte en una imposición de obligaciones, y la igualdad de oportunidades en un camino designado.

Esto es justamente lo que hace el machismo. El machismo tiene muchas formas, pero lo principal es que busca quitarle a la mujer su capacidad de elegir. Robarle a una persona su libertad de elección es convertirla en una víctima. El machista obliga a la mujer a quedarse en su casa, le prohíbe estudiar, o la fuerza a vestirse de una manera específica. ¿Qué hace el mal feminismo? Lo mismo. Le prohibe que cocine, que se exhiba, que participe del sexo, y que disfrute de su hogar.

En ese sentido el mal feminismo y el machismo son lo mismo, y ambos subordinan la individualidad al bien social. Ambos traicionan al individuo. Pero cada persona sólo vive en su individualidad. La mujer no existe como concepto, sólo se realiza en la singularidad de un sujeto concreto. Nadie se realiza en lo colectivo. Respetar el derecho de libre elección es la base del feminismo, y también de ser una buena persona.

EL REGRESO AL POLITEÍSMO

¿Realmente es tan difícil comprender que la feminidad tiene más de una cara? ¿Que una mujer puede ser más que Eva o María?

Es fascinante ver el cambio del lugar de la mujer en la mitología. ¿Cómo pasamos de adorar a Cibeles, una diosa que va en un carro tirado por leones, a adorar a la Virgen María? Cibeles es fuerte, aguerrida, orgullosa, y poderosa. La virgen es una mujer sumisa, silenciosa, obediente, y esclava del hombre. ¿Con qué excusa convencieron a nuestras abuelas para que cambiaran a Durga por la virgen? La excusa debió ser realmente buena, lo que no me explico es cómo seguimos dándole crédito a religiones tan humillantes.

Lo que voy a decir a continuación te va a sonar bastante New Age, pero dame un voto de confianza y léelo hasta el final porque no soy del tipo de persona que se interesa en el reiki, o en los palitos de incienso. Mi idea va por otro camino.

En el hinduismo, una religión politeísta, existe una diosa llamada Shakti. Es la diosa de la energía cósmica. Es la fuerza que mueve a todo el universo. Es también la diosa del poder creativo de la feminidad, y se le llama “La Gran Madre Divina”. Al igual que la virgen, Shakti es la gran madre, pero a diferencia de la virgen, Shakti tiene poder en sí misma. Shakti no depende de nadie, su existencia está directamente unida al universo, y es la responsable de sus cambios.

Quizás lo más interesante de Shakti es que para los hindúes ella existe dentro de cada mujer. No existe solamente como una manisfestación, no, cada mujer ES Shakti literalmente. Dentro de cada una de nosotras Shakti vive y crea, y por eso para honrar a Shakti tienes que honrarte a ti misma. Shakti no se sacrifica por el otro, ella se regocija en sí misma y conoce su poder de creación. Es una diosa digna.

Al mismo tiempo Shakti convive perfectamente con todas las demás diosas del hinduismo. Con Parvati, Lakshmi, Devi, Durga, y Kali. Cada una de ellas es poderosa, y todas son perfectas en sus diferencias. Como no hay un único modelo a seguir, sino múltiples, la mujer hindú aprende a valorar las diferencias en las mujeres que la rodean. La mujer politeísta aprende la tolerancia, la apertura, y a disfrutar de la variedad. La mujer monoteísta aprende a sincronizarse con un sólo ideal y a ver a sus semejantes en términos de competencia.

Quizás el hinduismo está muy lejos de nosotros. Nos es ajeno, pero podemos tomar como ejemplo las religiones politeístas de nuestro pasado. Las mujeres griegas, por ejemplo, también vivían en una sociedad patriarcal como la nuestra, y sin embargo en Grecia tenían 12 dioses principales: 6 eran hombres, y 6 eran mujeres.

El cielo, la tierra, el mar, y el inframundo estaban gobernados por los dioses masculinos, pero cada una de las diosas navegaba dentro de esa realidad de una forma diferente. Algunas se unían a los hombres y se desprendían de la feminidad (como Atenea, o las feministas anti-porno), otras se apartaban (como Ártemis), algunas se aislaban hacia adentro como Hestia, y otras vivían dentro de la sociedad, aceptando su rol de mujer (Hera, Perséfone, Démeter). Finalmente estaba Afrodita que vivía bajo sus propias reglas, tomando amantes por placer.

Cada una de estas diosas representa una cara de la feminidad. Son una fracción de La Diosa. Afrodita representa la parte fértil de la Diosa. Démeter, su parte maternal. Hera representa el papel de La Diosa como Reina de los Cielos. Pero al fin y al cabo, cada uno de esos arquetipos brota de la psique humana. Todas tenemos diferentes diosas dentro de nosotras que interactúan, se activan y se desactivan a lo largo de nuestra vida.

Existe la mujer que ama lo salvaje y que desea ser libre como Ártemis, pero también existe Hestia, la diosa del hogar, que ama su casa y la autoreflexión. Hay mujeres a las que les gusta genuinamente cocinar, bordar, tejer, y tener hijos. Es tan válido disfrutar de esas cosas como ser una mujer de carrera, una exploradora, o mujer de mundo.(1) También puedes adoptar varios modelos diferentes. Hay mujeres que se sienten mal porque creen que su personalidad es contradictoria, pero quizás tienen varias diosas diferentes dentro de sí, y eso está perfectamente bien.

Cuando te abres a nuevos arquetipos, a nuevas diosas, eres tolerante con las mujeres que hay a tu alrededor. Comprendes que el mundo no es una carrera, y que no existe una sola meta. Hay muchas maneras de ser mujer, y cada una es válida. El camino de la autoaceptación comienza por la apertura mental.

(1) Estas ideas sobre los arquetipos de las diosas griegas no son mías, son de una psicoanalista jungiana que se llama Jean Shinoda Bolen. A los que recibís mi newsletter, os comenté que estaba leyendo su libro en el newsletter #2. Si quieres leerlo puedes comprarlo en el FNAC o por Amazon.

ACEPTA TUS TETAS

Tus tetas son tuyas. Te hacen mujer con todo lo que eso significa. Las tetas te dan tu poder. Ellas simbolizan tu fertilidad, tu conexión con la naturaleza, tu lugar en el mundo. En ellas se plasma tu poder de dar la vida. No renuncies a tu poder sin dar una buena pelea.

Cuando te mires al espejo sé gentil con tus tetas. Cuando escojas tu ropa también. Compra los mejores sujetadores para ti, que sean de tu talla y te den un buen soporte. Camina sacando el pecho y no encorvándolo. No las critiques por sus “fallos”. Si estás descontenta con tus tetas, en el fondo es un reflejo de un descontento más profundo hacia ti misma. Aprende a querer a tus tetas y te estarás aceptando un poco más.

Ama tus tetas cada día, y siéntete orgullosa por tenerlas. Comprende a las mujeres que te rodean. Aprende también a apreciar las tetas ajenas porque después de todo, son también símbolos de tu feminidad. No juzgues a otras por su escote, ni siquiera a las famosas. Lleva tu feminidad con orgullo. Lo que quiero decir es que toda mujer debería sentir la libertad de mostrarse como quiere y cuando quiere sin ser juzgada por su elección. Si quieres usar escotes, o si quieres mostrar tus tetas, ¡hazlo! y si alguien te critica siéntete libre de hacerles un corte de mangas.

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