SIENDO SERIOS: ¿A QUIÉN LE IMPORTAN LOS PERSONAJES FEMENINOS?

* Foto relacionada con el artículo
He visto las primeras cuatro temporadas de Breaking Bad en menos de una semana. Ha sido intenso. Mi conclusión es que es la serie más sobrevalorada de la televisión desde Mad Men.
No quiero decir con esto que Breaking Bad es una mala serie. Es buena, es una serie entretenida, bien hecha, con buenos actores y giros interesantes. Pero no me pareció ver en Breaking Bad una obra maestra de la televisión como la catalogan muchos. Breaking Bad no entra en mi top de mejores series de la historia.
Una de las razones es que los personajes femeninos son más planos que un sello. No tienen objetivos de personaje, ni dimensiones más allá de su función narrativa. Lo dije en twitter y esto es lo que un follower me respondió:
¿A tu madre? OH SNAP.
LA PREGUNTA CORRECTA
La pregunta está mal planteada. Si me preguntas a quién le importan los personajes femeninos te puedo responder que a la mitad de la humanidad. A mí. Si lees mi blog probablemente a ti también. Un personaje es un personaje y los buenos son consistentes independientemente de sus particularidades. Decidir que un personaje no te importa a priori solo porque es diferente de ti es una reacción curiosa.
Interesarse por un personaje es un acto de identificación y a fin de cuentas para eso contamos historias. Las contamos para identificarnos, para vivir a través otros, aprender de su experiencia, para trasladarnos, para comprendernos, para poder vivir. Es posible identificarse con un personaje aunque sus circunstancias te sean ajenas. Es posible identificarse hasta con animales, o con objetos inanimados. Dime que La Tostadora Valiente (el abuelo de Wall-E) no te sacó un par de lágrimas en tu infancia… y es un electrodoméstico.
No a todo el mundo le interesan todos los personajes, normal. Pero la indiferencia es una reacción. Es algo que sientes después de conocerlos y no antes. En muchas películas hacen del antagonista un personaje desagradable a propósito para evitar que te identifiques con él. Lo que es absurdo es tomar la indiferencia como algo que se decide y no como una reacción. Decidir, de antemano y sin conocerlo, que Ron Weasley no puede importarte porque es pelirrojo y tú no. Que no te gusta ningún personaje que interprete John Goodman porque es gordo y tú delgado, o que un personaje te desagrada solo con ver el poster porque, a diferencia de ti, es negro. En el caso puntual del personaje femenino es peor porque las mujeres no somos una minoría, somos la mitad de la humanidad.
Por eso la pregunta bien formulada sería: ¿A quién no le importan los personajes femeninos? Parece un cambio tonto agregar ese “no” allí, formular la misma oración desde lo negativo, pero es un cambio importante porque ubica la normalidad del otro lado. Lo normal es que te importen, como te importaría cualquier otro personaje, y si no te importan eres tú el del problema. Si no te importan los personajes femeninos como regla el problema es tuyo.
Pero de esta reflexión se desprende otra pregunta que quizás sea más importante. Si el valor de un personaje no reside en sus particularidades, si un hombre puede identificarse con el papel de una mujer y viceversa, entonces la pregunta no es a quién le interesan o a quién no, es ¿por qué nos interesan especialmente los personajes femeninos? Por qué y no a quién. Por qué nos interesan de una manera especial si podemos identificarnos con cualquiera.
LO QUE SÍ Y LO QUE NO: EL SITCOM Y EL REALITY SHOW
Para algunos la cultura es un espejo de la realidad.Es tentador creer que la cultura es un reflejo. Que la sociedad es de cierta manera y por lo tanto produce contenidos culturales que lo reflejan. Es fácil para alguien ver programas de eventos en vivo por la tele y sacar como conclusión que la gente se comporta así en la vida real, que el programa es un reflejo de lo que la gente hace.
Recuerdo un programa que pasaban en E! que se llamaba Wild On. Era un programa de viajes. La presentadora viajaba a un destino exótico, dedicaba los primeros cinco minutos a enseñar los monumentos más importantes, y el resto del programa se lo dedicaba a enseñar cómo eran las fiestas de ese lugar. Claro que no enseñaban una fiesta normal. Ponían a tías enseñando las tetas a cambio de collares en el mardi gras de New Orleans (QEPD), por ejemplo, o fiestas de togas en Grecia donde todos terminan follando. Cosas así. Si crees que la cultura es un reflejo de la humanidad y le pones Wild On a un extraterrestre como muestra de lo bien que nos lo pasamos en la Tierra al llegar se va a decepcionar.
La cultura puede ser un reflejo, pero tiene también una función social. La cultura popular legitimiza formas de ser. Baña ciertas actitudes con un halo de normalidad. Lo que aparece en la televisión se convierte en lo esperado. Otras actitudes las castiga. Es una guía de las formas correctas de ser. Esa función es una de las más importantes de la cultura. Compartir ese estrato común de símbolos nos hace homogéneos. Hace que la sociedad sea cohesiva y se mantenga unida.
Consumimos la cultura popular a través de los medios y entre ellos la televisión es fascinante porque tiene mecanismos muy sofisticados de hacernos diferenciar entre lo normal y lo que no es normal. Un ejemplo es la diferencia actual entre el sitcom y el reality show.
El reality show tiene dos padres: el programa de concursos y el documental. Uno de los primeros reality shows fue un programa de la PBS de 1973 llamado An American Family que trataba sobre la vida de una familia americana que estaba atravesando un divorcio. Tuvo 12 capítulos y la intención era hacer un documental. Pero por detrás del entretenimiento la serie legitimizaba el divorcio como algo normal.
Otros clips de la serie: 1, 2, 3
Al principio los realities eran programas de concursos como Survivor o Big Brother, en el que la persona mejor adaptada sobrevivía semana tras semana. En ese espacio se daban muchas ocasiones para legitimizar o penalizar actitudes. Pero a medida que se fue perfeccionando el formato cambió el público y el objetivo.
Hoy existe una cantidad impresionante de tipos distintos de reality shows. Los más populares son programas polémicos como Toddlers & Tiaras, To Catch a Predator, 16 and pregnant, o Teen Mom y todos sus spinoffs. Mucha gente se queja de esos programas, consideran que está mal que la televisión haga un circo del abuso infantil o de la irresponsabilidad sexual, creen que quienes ven esos programas lo hacen desde el schadenfreude, un morbo por el dolor ajeno. Puede que parte del público esté allí por eso sin embargo la función del programa no es legitimizar las actitudes de esta gente, es enseñarnos lo que no es aceptado.
Ese es el rol del reality show en este momento. Hasta realities más narrativos como pueden serlo Jersey Shore o Real Wives se basan en la idea de enseñarnos lo que no se hace. La legitimación es ahora territorio del sitcom y la penalización del reality. No admiramos a los sujetos de los realities. Nos reímos de ellos, o nos horrorizamos, pero están del lado equivocado de la sociedad. Por más que digas lo bien que te cae Snooki en twitter, (y vamos a estar claros Jersey Shore es una referencia obligatoria si quieres ser interesante) en realidad ninguno de nosotros quiere ser como Snooki. Queremos ser como los personajes de los sitcoms a pesar de sus limitaciones.
Queremos ser los personajes de How I Met your Mother. Los de Big Bang Theory. Queremos ser la bitch on apartment 23. Queremos ser Tina Fey. Queremos llevar una vida normal legítima y dentro de lo aceptado y quién lo determina en gran medida es el televisor.
De manera que cuando los personajes femeninos son tratados de una manera distinta a los masculinos eso no solo es un reflejo de lo que ocurre en la sociedad, es una legitimización de esa actitud que forma nuestras expectativas y nos dice que es lo normal.
Por eso me importan especialmente los personajes femeninos porque de ellos depende lo que se considera normal y lo que no, lo que es aceptado y lo que no, las expectativas que tenemos de nosotras mismas, y los objetivos que nos fijamos.
NO ES SOLAMENTE EL CONTENIDO
Que los personajes femeninos de una serie solo sean amas de casa, o solo sean mujeres que trabajan fuera dice algo sobre el rol que esperamos que cumpla la mujer en la sociedad. Claro que esperamos que haya diversidad en las series, que tengamos referentes variados, distintas formas de ver la feminidad. Pero no solo se trata del contenido. No se trata nada más de la imagen de la mujer, de sus roles, de su tiempo en pantalla, o de las líneas que le asignan.
El mayor desequilibrio está en lo que no se dice. En el tratamiento que le dan al personaje. Mi problema con muchas de las series, en especial con Breaking Bad, es que no le dan la misma profundidad a los personajes femeninos que a los masculinos. Ni Skyler ni Marie tienen objetivos de personaje. Ninguna parece tener una vida al margen de los hombres, aún en la cuarta temporada cuando quieren hacer de ellas personajes más humanos siguen sin darles una dimensión que trascienda la de su rol como mujer.
Es interesante compararlas con los personajes secundarios masculinos porque todos ellos tienen objetivos personales. Incluso Walt Jr., el hijo del protagonista, un personaje que también está ahí como monigote, tiene su propio objetivo, él quiere tener amigos y ser más popular. Por eso se cambia el nombre al principio de la serie de Walt Jr. a Flynn, le parece un nombre más guay. La misma cortesía no se la extienden a las mujeres.
No se trata nada más de Breaking Bad, es un problema que trasciende esta serie, es un problema más o menos general y que existe también fuera de la pantalla. A muchas mujeres se les educa con la idea de que sus deseos no importan, de que tiene que estar siempre al servicio de los demás. Es algo sutil, casi imperceptible, pero está allí.
Si un niño le da golpes a un muñeco, su madre podría decirle: “no rompas tus juguetes”. Si una niña golpea a su muñeca pueden decirle: “no golpees a tu muñeca, le duele”. Hay en esa diferencia de lenguaje una idea de fondo. Al niño se le da una orden práctica y ya, la niña, en cambio, es responsable del bienestar de los juguetes, debe cuidar de ellos, sus acciones tienen un efecto en el interior del otro y en la orden viene implícito un juicio moral.
Una mujer no puede ser egoísta, y cuando los personajes femeninos carecen de algo tan básico como un objetivo propio esa idea se refuerza.
EL TEST DE BECHDEL
Hay mucho camino que recorrer todavía para lograr que el personaje femenino sea tratado con el mismo cuidado que el masculino, pero podemos empezar por ser conscientes de las diferencias. Si nunca has prestado atención a los personajes femeninos dentro de las películas o de las series que ves, puedes empezar a hacerlo ahora. Te dará mucho que pensar estoy segura.
Una forma de medir la presencia de los personajes femeninos en la cultura es el Bechdel Test (o Mo Movie Measure). Para que una película pase el test de Bechdel tiene que cumplir con estas 3 características:
1) Tiene dos o más personajes femeninos con nombre propio (la camarera del restaurante que les rellena la bebida en el minuto 42 no cuenta)
2) Que hablan entre sí.
3) Acerca de algo que no sea un hombre.
Parece simple, ¿verdad? Te sorprendería la cantidad de películas que no pasan el test. Es sorprendente porque este test ni siquiera mide si la película tiene buenos roles femeninos, o si los que tiene son profundos, multidimensionales, etc. Lo único que mide es la presencia de personajes femeninos en la cultura popular que consumimos.
Es sorprendente porque si tomamos en cuenta que la mitad de la población mundial son mujeres es poco realista representar el mundo de otra manera, de una manera en la que el personaje femenino es casi inexistente, un accesorio, una treta para avanzar la acción de los personajes masculinos que llevan todo el peso de la historia. O un personaje que sólo tiene valor en relación con los hombres. La representación femenina es un problema que va más allá de Breaking Bad, no son casos puntuales y aislados, es un problema del sistema y si pruebas hacer el test de Bechdel verás lo difícil que es encontrar un film que pase la prueba.
LOS PERSONAJES FEMENINOS NOS IMPORTAN A TODOS
Según este artículo hay reglas tácitas dentro de Hollywood con respecto a la creación de personajes. El protagonista debe ser un hombre blanco porque la audiencia no quiere ver otra cosa. Si tu película tiene un protagonista diferente no te la querrán financiar. Pero si tu protagonista es un hombre blanco entonces puedes darte el gusto de aderezarla con otro tipo de personajes secundarios: negros, mujeres, gays, siempre y cuando no desvíen la atención del personaje principal y su objetivo.
Una película no debe tener muchos personajes femeninos porque a la audiencia no le interesan. Si los tiene no dejes que hablen entre sí de lo que sea que hablan las mujeres cuando están solas porque tampoco interesa. Ni siquiera si la conversación ayuda a que la trama avance o revela cosas sobre la historia, da igual. Según Hollywood si aparece un grupo de mujeres en la pantalla y hablan entre sí, la audiencia asume que están hablando de cosméticos y se distraen.
Pero estas reglas son absurdas. Cuando un personaje femenino es bueno nos importa a todos. ¿Te gustó Alien? Ripley es una mujer. ¿Terminator? Sarah Connor ¿Kill Bill? Beatrix Kiddo ¿Hunger Games? Katniss ¿El silencio de los corderos? Clarice. Cuando un personaje es bueno, da igual si es femenino o masculino, la película nos gusta y nos entretiene. Somos capaces de identificarnos con una mujer de la misma manera en que lo hacemos con un hombre. El problema no está en el género del personaje sino en su tratamiento. Si los personajes femeninos están mal desarrollados no interesan, pero tampoco interesarían si fueran hombres.
Un personaje con una personalidad profunda, con varias dimensiones, con objetivos, con ideales, con una personalidad definida, puede llevar adelante una película sin importar sus particularidades. Ripley ni siquiera es una tía buena, y la película fue un éxito. Los buenos personajes nos interesan a todos, su género es lo de menos.
Me gusta escribir sobre este tipo de temas y lo hago con frecuencia, si te gustan puedes suscribirte, te llegarán los artículos directamente a tu email y de vez en cuando envío un newsletter con contenido diferente al de la web.
Ahora enciende la TV, busca una peli y prueba el test de Blechdel!

