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Un caso de apartheid en Europa

September 2nd, 2015

El verdadero origen del adulterio.

August 30th, 2015

SHHHH

Hace un par de días alguien logró hacerse con la base de datos de todos los usuarios de la web de aventuras extramaritales “Ashley Madison” y la publicó en internet. De la base de datos sacaron del armario a cientos de adúlteros: famosos, políticos, pequeñas celebridades de Youtube. Todo el mundo tenía algo que decir al respecto. Muchos se rieron de los adúlteros por haber sido pillados con las manos en la masa. Otros los criticaron duramente por haber engañado a sus parejas. Hubo incluso quienes escribieron artículos para defender su derecho a la privacidad. Los adúlteros también hicieron de todo: ignoraron el tema, pidieron perdón, sacaron a sus mujeres a defenderlos, y otros argumentaron que su nombre aparecía en la lista porque “un pirata informático” lo puso allí.

El hecho es que, sin darnos mucha cuenta, el hackeo a Ashley Madison nos ha hecho hablar acerca del matrimonio, de la familia, y de lo que significa el adulterio. Para mí todo esto es positivo, porque el matrimonio en nuestra generación es un tema que se toca poco, y cuando lo tocamos lo hacemos con pinzas. Para nosotros el matrimonio es una reliquia, es como una olla de presión: alguien te la regaló cuando te mudaste, pero la metiste en un armario porque no sabes ni para qué sirve ni qué se cocina con eso. No la tiras a la basura porque quizás algún día prepares alguna receta que requiera de una olla de presión y no está de más tenerla, por si acaso. Eso es el matrimonio.

Pero a pesar de que el matrimonio nos resulta un concepto un poco obsoleto, a todos nos parece mal el adulterio. Posiblemente porque aunque no te hayas casado, seguramente has tenido un novio alguna vez y no te gustaría que tu novio te engañara. En ese sentido cualquiera se puede identificar con las víctimas del engaño. Hay consenso: ser adúltero está mal. Es tan unánime esta idea que quizás escribir un artículo sobre esto es innecesario. ¿Para qué? Decir que el adulterio está mal está a la par de decir que el cielo es azul, que el agua fluye hacia abajo, o que mil euros son mejores que diez: una verdad evidente. Decir que el adulterio está mal no requiere de valentía. No es un litmus test. Nadie te va a dar una medalla por decirlo.

Los mejores artículos, los más populares, o quizás los que más me gustan a mí, son precisamente aquellos que intentan derrumbar una verdad que parece inamovible, pero que en realidad no lo es. Como estrategia sería más astuto por mi parte tratar de argumentar que la infidelidad no está del todo mal. Que bajo cierto punto de vista, el adulterio es lo normal. Decir que hay que ponerse en el lugar de los adúlteros. Eso generaría toneladas de clicks, odio y amor a partes iguales, y posiblemente pondría el cociente de viralidad de la portada de mi blog a tope. Pero sería deshonesto.

Si no tomo la ruta anterior no es por falta de talento. Por alguna razón D*os me ha bendecido con la capacidad de poder argumentar cualquier cosa que quiera sin límite alguno y salirme con la mía, incluso cosas que a simple vista no tienen ni pies ni cabeza, y cuando tenía veinte años me divertía llevándole la contraria a la gente sólo por diversión. Pero llega un punto en la vida de cualquiera, por más talento que tenga, en el que desea hacer lo correcto. Decir cosas que son mentira, distorsionar la realidad, sólo para anotarme unos puntos no es kosher.

Entonces, ¿por qué escribir este artículo? ¿Qué valor puede tener hablar sobre lo malo que es ser infiel si todos estamos de acuerdo en que está mal? ¿Es agua bajo el puente? Quizás. Pero si en lugar de hablar de lo bueno y de lo malo, hablásemos de lo natural y de lo artificial, posiblemente el veredicto no sería unánime. Son muchos los que, a pesar de considerar que el adulterio está mal, lo encuentran natural. El argumento es este: en los humanos la monogamia prolongada es artificial, es algo aprendido. Por lo tanto un matrimonio honesto es un oxímoron. Cualquier persona que acepta casarse está sometiéndose a la infelicidad. Si el matrimonio es honesto vivirá una vida llena de insatisfacciones: tendrá que suprimir sus impulsos, ir en contra de su propia naturaleza. La otra posibilidad es que su matrimonio termine en un divorcio, o en la infidelidad de uno o de ambos.

Es importante explicar la diferencia entre infidelidad y adulterio. Ambos son en esencia lo mismo, pero el primer término se usa para noviazgos y el segundo se usa exclusivamente para matrimonios. Puedes ser infiel a tu novia, pero no puedes cometer un adulterio si no estás casado. En ese sentido, para la mayoría la infidelidad está mal porque es un engaño. El problema principal no está en estar con terceros, sino en ocultarlo. Si en lugar de hacerlo a escondidas el infiel confesara a su pareja su deseo, entonces podrían llegar a un acuerdo. Terminar o negociar. To sue or to settle. Por otra parte el adulterio como tal está mal porque además de ser un engaño, se le añade el agravante de que es la violación de un contrato. Este argumento considera que el matrimonio es una transacción como podría ser ir al banco: lo que el adúltero hace está mal en primer lugar porque está violando un contrato, no porque estar con varios esté en sí mal.

NO TE CASES

Hay un grupo que cree haber encontrado solución al problema del adulterio: no casarse. Si no te casas jamás serás un adúltero. Fácil. La solución a la infidelidad es un poco más complicada, pero pasa por un camino parecido: ten solamente relaciones abiertas. Si tú y tu pareja llegan al acuerdo de tener sexo con otros (y otras) entonces jamás lo engañarás. No sólo eso, además las relaciones poli ¡Son súper divertidas! Al menos eso declara la mitad de las revistas “femeninas”. Ningún entusiasta del poliamor admitirá jamás que si estás con todos no estás con nadie. Da igual si tienes una división jerárquica y organizada de los “niveles” en los que ubicas a tus diferentes parejas, una relación abierta implica necesariamente la disolución de la pareja.

Una relación romántica, al igual que un país, lo es en virtud de sus fronteras. Mientras más permeables son sus fronteras, menos sólida es. Digamos que la apertura y la cercanía son inversamente proporcionales: mientras más aumentas el grado de una, más disminuye la otra. Mientras más abierta es una pareja, menos “pareja” es. Y viceversa. Así que la solución del poliamor es una versión light del “no te cases”. Es: “ten un novio, sí, pero a medias”.

Para mí estas soluciones son siempre una chapuza. Es como cuando un autor novato está escribiendo una novela y no sabe cómo terminarla, así que decide matar al protagonista: se suicida, lo mata un desconocido, o un amigo, da igual. Sin personaje no hay historia. Punto y fin. Digo que este tipo de soluciones son una chapuza o una novatada porque lo son. Es la solución menos elegante a un problema complejo. No estás respondiendo la pregunta, estás negándote a responder. No estás resolviendo el problema, estás renunciando a él. Hay una diferencia.

Si el puente que une dos partes de una misma ciudad se cae, la solución es construir uno nuevo. Quizás repararlo, si queda algo que se pueda rescatar del puente original. Declarar que cruzar el río ya no es posible, que cada ciudadano tendrá que quedarse por fuerza de su lado de la ciudad y no volver a cruzar al otro porque no hay forma, o ir aún más allá y ofrecer como alternativa que cada parte de la ciudad se independice y forme su propia entidad separada no es una solución. Es una renuncia.

LA TRANSFORMACIÓN DEL MATRIMONIO

Desmontar las no-soluciones al problema es fácil. Lo interesante es entender por qué algunos consideran que estas dos alternativas: lo de las relaciones abiertas y lo de no casarse, son válidas. Para llegar a esa conclusión, primero hay que convencerse de que el puente se ha caído, y de que es imposible volverlo a construir. Es decir, hay que estar convencido de que es imposible ser fiel a una pareja. ¿Qué es lo que motiva esta creencia?

Para muchos será un tema de experiencia personal: quizás han sido engañados por una pareja en el pasado, o han engañado ellos, o lo han visto ocurrir a su alrededor. Esa es una razón de peso para creer que cualquier experiencia que tengan en el futuro se parecerá a lo que ya conocen. Pero en muchos casos no se trata de una conclusión personal, sino de una idea teórica que han aprendido. La idea de que lo natural en el hombre no es la monogamia.

He leído libros, artículos, y ensayos, usualmente escritos por profesores de “ciencias sociales”: antropólogos, sociólogos, psicólogos etc, que argumentan que lo natural en el ser humano no es la fidelidad sexual, que lo natural es la promiscuidad. Las conclusiones sobre “la verdadera naturaleza del hombre” las suelen sacar estudiando tribus primitivas, para ello se trasladan al África, a Asia, o a Sudamérica. Porque para el progresismo académico la naturaleza del hombre sólo se encuentra en estado puro en el barbarismo. La naturaleza humana, al parecer, no aflora en la civilización, es necesario un taparrabos para invocarla.

Es evidente que el hombre Occidental es, y ha sido desde hace siglos un ser monógamo. La monogamia es una parte fundamental de la sociedad organizada como la conocemos, lo que sirve de base a nuestra Civilización. La monogamia puede ser una opción poco popular si tomamos en cuenta todas las culturas de la historia de la humanidad, pero es que la civilización tampoco es común. La poligamia puede ser natural en las tribus del África, pero la monogamia es igual de natural en cualquier ciudad de Europa.

Históricamente el matrimonio monógamo, que era la base de la sociedad occidental, no era producto del amor romántico. Eso es nuevo. El significado del matrimonio ha cambiado en los últimos dos siglos, y guarda poca relación con lo que el matrimonio había sido tradicionalmente. Me di cuenta viendo una de mis películas favoritas: “El violinista sobre el tejado”. En la película, Tevye, que es un hombre pobre y padre de cuatro hijas, consigue comprometer a su hija mayor con el carnicero, que era el hombre más rico del pueblo. Su hija le dice que no puede casarse con él porque el sastre y ella están enamorados. Además le pide que la deje casarse con el sastre. Tevye sabía que su mujer no aceptaría la unión porque el sastre era pobre y el carnicero rico.

Así que Tevye regresa a su casa con el cometido de explicarle a su mujer, Golde, lo que ha ocurrido, sabiendo que ella no va a aprobarlo. La escena se desarrolla así:

TEVYE
Golde, he decidido darle permiso a Perchik, el sastre, para comprometerse con nuestra hija Hodel

GOLDE
¿Cómo? ¡Es pobre! ¡No tiene nada!, ¡absolutamente nada!

TEVYE
Es un buen hombre, Golde. Me cae bien. Y lo más importante es que a Hodel le gusta. Hodel lo quiere. ¿Qué podemos hacer? Es un mundo nuevo, un mundo nuevo. El amor, Golde… ¿tú me quieres?

GOLDE
¿Que si qué?

TEVYE
Que si me quieres

GOLDE
¿Que si te quiero? Nuestras hijas se están casando, hay problemas en el pueblo, estás enfadado, estás cansado, ¡ve a acostarte! Quizás tienes una indigestión.

TEVYE
Golde, te estoy haciendo una pregunta… ¿me quieres?

GOLDE
Eres tonto

TEVYE
Lo sé… pero, ¿me quieres?

GOLDE
¿Que si te quiero? Durante veinticinco años lavé tu ropa, cociné tu comida, te di hijos, ordeñé las vacas, y después de veinticinco años ¿me vas a hablar de amor?

TEVYE
Golde, la primera vez que te vi fue el día de nuestra boda, tenía miedo

GOLDE
Yo era tímida

TEVYE
Estaba nervioso

GOLDE
Yo también

TEVYE
Pero mi padre y mi madre me dijeron que aprenderíamos a querernos y por eso te pregunto, Golde, ¿tú me quieres?

GOLDE
Soy tu mujer

TEVYE
Ya lo sé, pero ¿me quieres?

GOLDE
¿Si lo quiero? Durante veinticinco años he vivido con él, peleado con él, pasé hambre con él. Durante veinticinco años mi cama fue la suya, si eso no es amor, ¿qué es?

Esa escena me enseñó que la idea del matrimonio ha cambiado drásticamente en los últimos dos siglos. Cuando vemos películas de época la idea del matrimonio era similar a la que tenían Golde y Tevye. Los matrimonios eran arreglados, eran asuntos familiares. No se trataba de amor romántico. Era un arreglo para perpetuar la familia y mejorar su condición. La mejor elección para una mujer era un hombre fuerte, con los medios para mantenerla de la mejor forma posible. La mejor elección para un hombre era una mujer joven y guapa (fértil) que pudiera darle varios hijos.

El matrimonio, por lo tanto, no dependía del amor romántico sino de la conveniencia. La idea del matrimonio era crear un equipo, el mejor equipo posible para tener hijos, criarlos, y vivir juntos toda la vida. Como el amor romántico no era un factor a tomar en cuenta en la elección y según la cultura el divorcio era muy difícil o imposible, los matrimonios no se disolvían: se mantenían juntos en las buenas y en las malas, hasta el final. Pero además, los matrimonios tenían todos los hijos que podían tener. Mientras más hijos tenían, era mejor. Los hijos formaban parte de la riqueza de una familia porque, además de perpetuar el nombre y hacer algo de provecho, al casarse crearían nuevas alianzas.

Eso tenía aspectos negativos, claro, cuando unían por fuerza a dos personas que no eran compatibles, por ejemplo, el resultado no era el mejor. Si una pareja tenía desacuerdos graves, o el marido golpeaba a la mujer, no siempre era posible separarse. Pero estas cosas también ocurren hoy. ¿Cuántas parejas se casan por amor romántico y al cabo de un par de años descubren que no son compatibles? ¿Cuántas parejas hay que se pelean y no pueden separarse por cuestiones económicas?

El matrimonio como concepto se ha transformado. La elección, que solía ser un tema familiar, se convirtió en algo individual. Cada uno de nosotros elige con quién casarse, a la familia solo se le informa. El criterio de elección pasó de ser la conveniencia, a ser el amor romántico. Este tipo de amor pasó a ser el único criterio a la hora de elegir una pareja, desplazó los criterios prácticos que habían sido la causa del matrimonio desde su origen. Por último, el objeto del matrimonio dejó de ser la procreación, el tener hijos, y pasó a ser la compañía. Las parejas, si tienen hijos, los planifican. Mientras menos, mejor, porque al hijo se le ve como una carga.

En realidad el cambio ha sido social. Nuestra cultura solía ver al individuo como parte de una familia, que tenía un patrimonio común. La unidad social más pequeña no era, como hoy, el individuo, sino la familia. Cuando una persona se casaba, realmente se estaba casando la familia. La fortuna de su pareja pasaba a ser la fortuna de todos: en nombre, en suerte, en bienes. Ahora el individuo y su familia tienen poca relación más allá de un a especie de amistad. Los hijos no se entienden como parte del patrimonio familiar, como un eslabón en la cadena, ni se entiende que tanto hijos como padres tienen una responsabilidad para con su familia. El cambio en nuestra percepción del matrimonio se ajusta a nuestro nuevo orden social que es individual.

¿Qué tiene esto que ver con el adulterio? Si bien el matrimonio ha cambiado, el adulterio es el mismo. Mientras exista la humanidad existirá el adulterio porque la gente toma y seguirá tomando decisiones estúpidas independientemente de sus circunstancias. Pero pensando en el tema de Ashley Madison me di cuenta de que el cambio en la idea de matrimonio posiblemente haya contribuido a crear una cultura en la que el adulterio puede entenderse como algo natural.

EL AMOR ROMÁNTICO

Si una persona tiene la capacidad de elegir a su pareja de manera individual, sin que le pese la opinión de terceros, usualmente elegirá la opción que más le guste a él. La conveniencia importa poco cuando estás enamorado. Por eso en parte, en el pasado los padres elegían por los hijos con la ayuda de casamenteras: porque era una decisión tan importante que no debía ser tomada a la ligera o bajo la embriaguez del romance. Era tan importante elegir bien, que no podían delegar esa decisión al hijo. Hoy, al retirar a la familia de la ecuación, y cualquier criterio de conveniencia, la elección se trata simplemente de gustos.

Lo que más contribuye a la cultura del adulterio es la obsesión infantil con el amor romántico. Esa cosa babosa, fugaz, que carece de valor y jamás perdura en el tiempo. Si una buena persona se convence de que la esencia del matrimonio es el amor romántico, de que esa es la base sobre la que fundarlo, al cabo del primer año, cuando se le pase el enamoramiento, concluirá que su matrimonio está en problemas, que ya no quiere a su pareja, buscará ayuda con especialistas, leerá libros sobre cómo reavivar “la chispa” en el dormitorio, y después de pasar por una larga agonía, quizás concluya que ese matrimonio no tiene salvación. Si no se atreve a engañar a su mujer, optará por un divorcio, de lo contrario se apuntará a Ashley Madison.

En vista de que el amor romántico es siempre pasajero, cualquier persona inteligente criada en el error del matrimonio por amor concluirá que todo matrimonio que perdura lo hace a costa de la felicidad de sus miembros. Si esa es la razón principal para elegir una pareja, entonces todo matrimonio está condenado irremediablemente al fracaso. Los matrimonios deberían durar lo que dura el enamoramiento. ¿Cómo privar al individuo de su derecho a sentirse enamorado?

La reverencia hacia el amor romántico raya en el fanatismo. Cualquier pareja que elijas, sea quién sea, es celebrada si la eliges por amor. Pero si alguien se atreve a usar un criterio distinto del amor romántico a la hora de elegir una pareja se convierte en objeto de reprobación. Cuando el criterio de una mujer al buscar pareja es la estabilidad financiera se le acusa de caza-fortunas, y si un hombre mayor usa como único criterio la fertilidad también se le juzga por ello. Vienen a ser una especie de apóstatas.

Las monarquías en general traicionan (o traicionaban) el concepto del amor romántico. Era lo que quedaba del matrimonio tradicional porque después de todo es uno de los pocos espacios en los que la familia y el patrimonio siguen siendo tan importantes como lo eran hace doscientos años. Entonces el Rey Felipe VI de Borbón eligió a Leticia y la mitad del país aplaudió porque fue por amor. En Inglaterra el Príncipe William se casó con una plebeya por la misma razón. Un grupo numeroso de personas defiende su elección porque al parecer ante todo el Rey Felipe no es Rey sino Felipe.

EL VERDADERO REMEDIO AL ADULTERIO

El carácter temporal de nuestro concepto del matrimonio tampoco ayuda. Es más fácil divorciarse que casarse. Creo que he llegado a ver anuncios de divorcios express, te disuelven tu matrimonio en dos horas. Después puedes volver a casarte, y repetir este procedimiento tantas veces como quieras. Cuanto más común es divorciarse y volverse a casar, menos valor tiene el matrimonio como institución. Pocos se lo toman en serio. Los hombres por lo general quieren variedad, pero muchos y en especial las mujeres engañan como quién va de shopping: están buscando el próximo antes de deshacerse del primero.

También afecta el objetivo del matrimonio. Si deja de ser una institución para perpetuar la familia y la propiedad; y se convierte en una palabra elegante para referirse al compañero de piso de turno, es mucho más fácil engañarlo. No es un contrato que uno se tome en serio. Si no hay hijos de por medio o los hijos se consideran una experiencia de vida, ¿qué más da engañarlos?

Como siempre, no voy a diagnosticar la dolencia sin recetar también la medicina. Si uno quiere mantenerse al margen de todo lo opaco, de las transacciones de callejón, de páginas web feas y situaciones bochornosas como puede ser que te pillen con las manos en la masa apuntándote a una página diseñada para engañar a tu señora, conviene entender el enamoramiento como lo que es: una forma de entretenimiento. Como jugar a la play, o hacer yoga, como ver una serie en la televisión, o leer un buen libro. Si llegas a casarte con alguien y te planteas en algún momento engañarlo, piensa si tu matrimonio vale más o menos, que un juego de la play. El enamoramiento no es algo a tomarse en serio. Definitivamente no es un criterio para elegir una pareja, especialmente si el objetivo es casarte con ella.

A los Reaccionarios nos gustaría echar el tiempo atrás y regresar a una época diferente en la que las estructuras sociales estaban mejor definidas. Pero eso es imposible. El matrimonio tradicional no creo que regrese y si lo hiciera no estoy segura de que me gustaría tener que dejar en manos de terceros las decisiones que definen mi vida. Pero eso no significa que tengamos que utilizar necesariamente el criterio del amor romántico para tomar decisiones de este tipo.

Si el enamoramiento florece entre tú y tu pareja: aquella que has elegido porque es la mejor persona para ti, la que más te conviene, porque es tu igual en todo, porque te complementa en tus carencias, porque tiene los medios y la disposición óptima, porque comparte tus afinidades y está dispuesto como tú a comprometerse, entonces será solamente un plus. Pero la elección debe hacerse primero. Si te enamoras primero y eliges después, corres el riesgo de sobre-estimar lo que tienes en frente.

El amor verdadero existe y no es algo que te ocurre. Es una elección. Es algo que cultivas. El amor verdadero es mucho más profundo que el enamoramiento, nace, como dijo Golde, de la convivencia con otra persona durante años. De fundir ambos destinos. De contárselo todo, de compartir las bendiciones y los problemas. Es un compromiso profundo contigo mismo y con tu pareja. Es saber que sois compañeros de vida, que estáis en el mismo bote, que es para siempre.

Problemas del primer mundo

August 25th, 2015

Antisionismo for dummies

August 22nd, 2015

Hola, de nuevo

August 18th, 2015

Es una especie muy particular de indecisión. Se siente como un temblor en la boca del estómago que sube hasta la garganta. Algunas veces es emocionante y me empuja a pulsar el gatillo. En otras oportunidades me echa para atrás.

Esa sensación me invade con especial frecuencia en mi relación con las demás personas, sobre todo cuando tengo que relacionarme con gente a la que no conozco, cuando tengo que llamar al banco, por ejemplo, o con gente que me importa mucho. Pero sobre todo me pasa con mi blog, con A70. Si me sigues desde hace tiempo conocerás la historia, si no da igual porque te la voy a contar.

Empecé a escribir aquí en un momento de mi vida en el que no tenía dirección: no sabía qué hacer ni a dónde ir. Tenía 24 años, me acababa de graduar de la universidad, no tenía trabajo, me había ido de casa de mis padres a un país extraño con 900 dólares en el bolsillo y sin un plan. Estaba perdida.

Este blog se convirtió en la única constante en mi vida. No importaba lo que estuviera haciendo, siempre podía escribir aquí. Daba igual la ciudad en la que estuviera, lo que estuviera pasando en mi vida, si tenía o no tenía un trabajo, o una idea de lo que quería hacer. El blog vivía en internet y podía escribir en él desde cualquier parte y en cualquier situación.

Escribí mucho, escribí cada día. Sobre cosas que me parecían interesantes, sobre cosas que me llamaban la atención, y también sobre mis deseos, sobre mis miedos, sobre las cosas que me hacían reir, y las que me hacían llorar. Cada vez que descubría algo sobre mí misma, o sobre las cosas que me rodeaban, lo compartía en A70 con total sinceridad. Y como estaba justamente pasando por un momento importante en mi vida, el momento en el que defines la persona que vas a ser, la mayoría de mis textos eran íntimos, me hacían vulnerable.

Al cabo de un año más o menos mi blog desató un fenómeno que no me esperaba y que me tomó por sorpresa: de la noche a la mañana mi blog se hizo tan popular que recibía cientos de miles de visitas cada semana, la gente comentaba en todos mis artículos, escribían sobre mí en sus blogs, hablaban sobre mí entre ellos en twitter, me pedían entrevistas por email, me invitaban a programas de radio, me ofrecían columnas en las revistas. No me lo esperaba y fue abrumador.

Recibí cientos de muestras de amistad. Gente que admiraba lo que hacía. Me contaban que mis artículos les gustaban, que encontraron alguno de ellos interesante, y de vez en cuando alguien decía que lo había inspirado a hacer cosas que de otra manera no hubieran hecho. Eso me hacía sentir bien.

Pero no todo el mundo me escribía por mis artículos. Muchos me escribían por mí como persona: para hablarme de mi aspecto físico, de mi vida personal, para juzgar mi carácter. Algunos me idolatraban, otros me odiaban. Ambos me hacían sentir fatal.

La gente que me odiaba escribía cientos de mensajes negativos cada día, sobre todo en Twitter, hablaban sobre mí en los peores términos y me mencionaban en sus discusiones de manera que me despertaba y tenía que leer toda la bilis de internet dirigida hacia mi persona con el desayuno.

Mi blog estaba en el pináculo de su popularidad y lo que sentía era mucha rabia. Porque cuando la gente me mencionaba en twitter para insultarme me sentía mal, pero cuando me mencionaban para aplaudirme a título personal también me sentía horrible. Me sentía como una impostora y cada vez que sonaba la alerta de twitter me daba ansiedad.

También me afectó ver cómo la popularidad de mi blog transformó mi relación con la gente que consideraba importante en mi vida: mis amigos, mi familia. Antes de que mi blog se hiciera popular, me sentía cómoda con ellos, las interacciones eran las mismas que había tenido siempre. Pero con el “boom” de mi blog la gente que me rodeaba no supo cómo tratarme. En lugar de continuar tratándome como siempre, las cosas cambiaron.

Muchos se alejaron de mí. Empezaron a tratarme como si no me conocieran. Otros se sentían incómodos con el hecho de que hablaba de cosas personales en el blog y sentía que podía hablar de ellos en cualquier momento. Me enteré por terceros que hubo algunos que dijeron que hacía mi blog por narcisismo, por notoriedad. Una persona cercana me preguntó si me creía Lady Gaga porque me hacía fotos para el blog. Da risa el comentario, pero en el momento me dolió que me lo dijera.

También pasó lo opuesto: gente que no me había escrito en años reapareció y me trataban como si fuese su mejor amiga. Imagino que eso es a lo que se refieren cuando dicen que alguien “te hace la pelota”. Me parecía todo artificial y raro, como si estuviera intentando conducir un camión en Berlin con un mapa de Miami

Como no supe manejar la atención de una masa tan grande de desconocidos, y tampoco supe cómo adaptarme a mi nueva relación con mis antiguos amigos, un día decidí irme de internet. Cerré el blog, cerré la cuenta de twitter, me fui de Facebook, lo abandoné todo. No quería saber más nada de internet porque el blog que comencé con tanta alegría, que mantuve durante años con tanta disciplina, en el que compartía todo con generosidad, que en su momento fue mi constante, se había transformado para mí en una fuente de tristeza, de ansiedad, y de culpa.

Así que me fui. Durante más de un año lo único que hubo por mi parte fue silencio absoluto. Al principio estaba dolida, la sensación era como si mi blog hubiese sido mi novio y hubiese terminado conmigo. Con el tiempo me fui sintiendo mejor, se disipó la ansiedad, recuperé la confianza en mí misma, y volví a escribir, aunque solo para mí.

Cuando me recuperé por completo, había días enteros en los que no pensaba ni un momento en el blog ni en nada de lo que pasó. Con el tiempo me di cuenta de lo fácil que es olvidarse de las cosas. Era como si lo del blog jamás hubiese ocurrido. Mantenerme al margen de todo era como reescribir la historia. Me di cuenta de que fue un error haberme ido.

Mi blog había sido importante para mí. Fue la primera cosa importante que hice en mi vida que me funcionó y lo conseguí a punta de trabajo duro. Me sentía muy orgullosa de eso, de todo lo que había escrito, de las cosas que conseguí con él, de los libros que escribí, de los amigos que hice gracias al blog. De toda la gente que me seguía por mis artículos. Y un día, así como me habían dado ganas de irme, me dieron ganas de regresar.

Pero para poder hacerlo, tenía que encontrar una manera de que internet no me rompiera el corazón una segunda vez. Después de darle muchas vueltas hice un pacto conmigo misma: iba a elegir un tema impersonal, y de eso hablaría. No me haría más fotos especialmente para el blog. Proyectaría una imagen seria, no mezclaría mis intimidades en los artículos, y no escribiría cada día. Escribiría una vez cada cierto tiempo cuando tuviera algo importante que decir.

Elegir el tema era lo más complicado. Aunque siempre me ha gustado mucho leer, no quería convertir A70 en ese blog masturbatorio que intercala poemas intensos con reseñas de Infinite Jest. Hay demasiados y todos son igual de insufribles. Tampoco llevo una vida de desenfreno juvenil para hablar de “la vida nocturna”. Creo que no hay nadie en todo internet que tenga hábitos más ancianos que los míos. Mi idea de viernes-noche es pedir sushi para llevar, comérmelo viendo alguna película de Jane Austen en Netflix Instant. Soy feliz.

Me gusta mucho cocinar, pero no me gusta hablar de recetas de cocina, me da pereza hacerle fotos a la comida, y difícilmente me daría por satisfecha a menos de que inventara yo las recetas…y aint nobody got time fo dat.

Me gusta la filosofía, la ética, y la política. Tres temas que son lo más alejado posible a escribir artículos personales. Tengo posturas definidas, siempre está pasando algo nuevo así que siempre hay temas sobre los que se puede escribir, y además considero que lo mejor que puede hacer una persona en este momento es retar la corrección política diciendo lo que todo el mundo piensa y nadie dice. Así que a eso me estuve dedicando durante los últimos dos años, poniendo un artículo nuevo cada cinco meses.

No me fue mal. La gente lee lo que escribo, les interesa lo que tengo que decir. Pero me parece que ahora sí estoy preparada para retomar las cosas donde las dejé y volver a escribir con periodicidad.

En este último mes he estado escribiendo casi todos los días y me siento muy bien. Esta es la primera vez que me atrevo a escribir sobre mí misma después de dos años. No sé si lo tomaré como costumbre, o si este será el único artículo personal, lo que quería era deciros “hola” de nuevo, “aquí estoy otra vez”.

La propuesta de inmigración de Donald Trump

August 18th, 2015

Hasta ahora no estaba segura de que la candidatura de Donald Trump fuese en serio. Conociendo su carácter mediático pensé que cabía la posibilidad de que la campaña política no fuese más que un ardid publicitario.

Por eso hasta ahora no había dicho nada sobre Donald Trump. Pero ayer publicó su plan de inmigración, lo que pretende hacer como presidente para arreglar el problema de inmigración. Y no es una explicación vaga, sino una detallada lista, en la que explica punto por punto todo lo que va a hacer para arreglar el problema.

Me sorprendió porque en mi opinión esto significa que su candidatura sí va en serio. No sólo significa eso, sino que está un paso por delante de todos los demás. El control lo tiene Trump, el tema de conversación lo ha elegido él y lo único que pueden hacer los demás candidatos es responderle. Digamos que acaba de sacar un 20 en la tirada de iniciativa.

Pero además, su propuesta es buena. No, buena no, es genial. Es un plan blindado porque propone los problemas, la solución que piensa darles, pero además explica cómo va a implementar las soluciones, y cómo va a financiarlas. Viéndolo todo en estos términos es fácil entender que el plan es realizable. Todo lo que pretende hacer lo va a financiar sin pedir créditos ni aumentar los impuestos.

Algunos lo van a acusar de radical, seguramente, pero son pocas las modificaciones que pretende hacer a la ley. En realidad la mayor parte de su propuesta trata sobre hacer cumplir las leyes que ya existen pero que por alguna razón no están siendo implementadas.

Su propuesta se basa en 3 principios:

1. Una nación sin fronteras no es una nación: hay que levantar un muro en la frontera sur.
2. Una nación sin ley no es una nación: hay que hacer cumplir las leyes que existen de acuerdo con el sistema de gobierno constitucional.
3. Una nación que no sirve a los intereses de sus propios ciudadanos no es una nación: cualquier plan de inmigración debe hacerse para que mejore los empleos, los sueldos, y la seguridad de los americanos.

Después pasa a explicar cuáles son sus soluciones, cómo va a implementarlas, y cómo se van a financiar los proyectos.

Con respecto al muro en la frontera: conseguirá que sea el gobierno de México el que cubra los costes de construcción porque México es el responsable de la inmigración ilegal a los Estados Unidos. Trump ha dicho varias veces que considera que es una política deliberada del gobierno mexicano. No sé si las evidencias que Trump ofrece para probar esto son concluyentes, pero definitivamente levantan importantes sospechas acerca de las intenciones del gobierno mexicano.

Para conseguir que México pague por la construcción del muro Trump implementará sanciones económicas a México que solamente serían levantadas si México acepta pagar por la construcción del muro. Las sanciones propuestas son: decomisar las remesas (el dinero) que los inmigrantes ilegales envían a sus familiares en México, aumentar el precio de las visas a los profesionales y diplomáticos mexicanos (y de ser necesario cancelarlas); aumentar el precio de las cartas de cruce de la frontera, aumentar el precio de las visas de los trabajadores del NAFTA, aumentar las tarifas en los puntos de entrada a los Estados Unidos desde México, y propone además la posibilidad de reducir las ayudas que EEUU presta a México cada año.

El segundo punto trata sobre cómo hará cumplir las leyes de inmigración que ya están escritas. Para hacerlo tiene varias ideas. Triplicará el número de oficiales del ICE (los que se encargan de procesar los casos de inmigración ilegal). Sólo hay en todo el país 5000 oficiales del ICE que tienen que atender más de 11 millones de casos de inmigración ilegal. Es una fuerza insuficiente, por eso los casos de inmigración no se procesan, así que Trump quiere triplicarla. Lo va a financiar resolviendo el problema de fraude fiscal con los números de ITIN que permiten a inmigrantes ilegales cobrar créditos fiscales que no les corresponden. EEUU gasta millones de dólares en pagar créditos fiscales fraudulentos a inmigrantes ilegales. Solventando ese problema se puede usar el dinero para pagar a los nuevos oficiales del ICE. O al menos eso dice su propuesta. No sé si los fraudes de los inmigrantes ilegales son lo suficientemente cuantiosos como pagar el sueldo de 10 mil oficiales nuevos, eso habrá que verlo.

Implementará un sistema llamado e-verify y lo hará obligatorio para las empresas a nivel nacional. E-verify se usa para corroborar el estatus de una persona en EEUU. Introduces los datos de la persona y te dice si es un ciudadano, residente, inmigrante, turista, etc. Lo hará obligatorio a la hora de contratar a un trabajador en cualquier empresa americana para proteger los puestos de trabajo de los americanos frente a la mano de obra ilegal.

Deportará a todos los inmigrantes ilegales que han cometido crímenes. Para obligar a los países de origen a aceptar a sus criminales de vuelta, va a cancelar las visas a los países que no acepten sus propios criminales. Además hará que cometer una ofensa como inmigrante ilegal en EEUU sea un crimen aparte.

Detendrá a los inmigrantes ilegales en lugar de hacer el “catch-and-release”. La política actual cuando un inmigrante ilegal es aprehendido es detenerlo por un breve período de tiempo y después soltarlo. Trump los detendrá hasta que se les deporte de vuelta a su lugar de origen.

Eliminará el derecho a la ciudadanía por nacimiento. En EEUU si dos inmigrantes ilegales tienen un hijo en suelo americano, ese niño es automáticamente un ciudadano americano, y puede eventualmente “pedir” la residencia/ciudadanía para sus padres, hermanos, y familia extendida. Esta es la forma más común en la que un inmigrante ilegal pasa a tener estatus legal dentro del país.

Quitarle la financiación a las Ciudades Santuario. En EEUU hay muchas ciudades cerca de la frontera que se rehusan a colaborar con el gobierno federal para deportar a los inmigrantes ilegales, incluso a aquellos que cometen crímenes en el país. La policía local no extiende al gobierno federal la información sobre la identidad de los inmigrantes ilegales. De manera que el gobierno no puede hacer nada al respecto. Trump promete quitar la financiación a estas ciudades hasta que colaboren con la justicia.

Otras medidas que va a implementar y que detalla en el plan son: aumentar las multas a quienes permanecen en EEUU por un tiempo mayor al que le permitía la visa, cooperar con las fuerzas locales que luchan en contra de las bandas violentas de ilegales como el MS-13 y el 18th Street Gang, etc.

Al leer todas estas cosas lo que sorprende no es que sean medidas radicales, sino que estas cosas no se estén haciendo en este momento. Cuando lees la propuesta de Trump entiendes por qué está tan estropeado el sistema de inmigración americano: porque hasta las leyes más básicas se violan constantemente.

El último punto trata sobre respetar los intereses de los americanos por encima de los intereses de los demás países y trata acerca de políticas a largo plazo que permitirán a EEUU regresar a niveles más conservadores de inmigración. Estos son algunas de las estrategias:

Aumentará el salario mínimo de corte para las visas H-1B. Esta es una visa de trabajo que se le da a “trabajadores cualificados” como ingenieros y programadores. Las visas H-1B sólo son válidas para trabajar con la empresa que pide al trabajador o hace de “sponsor”. Lo que quiere decir que un inmigrante que entra con una visa H-1B sólo puede permanecer dentro del país con su visa mientras trabaje para esa única empresa. Si la empresa lo echa o si renuncia, su visa expira y tiene que salir (o quedarse de manera ilegal)

El problema con estas visas es que transforman al trabajador en una especie de esclavo de la empresa que lo pide en el sentido de que está totalmente sujeto a lo que la empresa quiera hacer. La empresa que lo pide no se somete a la libre competencia con otras empresas para ganarse al trabajador, por lo tanto no tienen que subirles el sueldo porque no les preocupa que el empleado se vaya a otra empresa. Esto crea una situación en la que los sueldos se mantienen bajos artificialmente, y conviene mucho más a una empresa contratar a empleados con visas H-1B que contratar americanos.

Esto explica en parte por qué el desempleo en sectores STEM (science, technology, engineering, math) es tan alto: los americanos no consiguen trabajos en sus áreas a pesar de haber estudiado para ello.

Si se aumenta el salario mínimo requerido para otorgar una visa H-1B, se asegura que los trabajos que se otorgan a extranjeros son realmente especializados y no trabajos de programación simple que podría hacer cualquier americano recién graduado de la universidad.

Requerirá a las empresas contratar empleados americanos primero que extranjeros. Las solicitudes de empleados se le deberían enviar primero a la oficina de desempleo que al departamento de inmigración.

Será obligatorio para los que quieran aplicar a visas y a residencia americana demostrar que pueden mantenerse por sí mismos: que pueden pagar por su vivienda, su seguro de salud, y otras necesidades antes de que se les permita la entrada a EEUU para que no abusen de los servicios públicos americanos.

Reemplazará la visa J-1 (de trabajadores jóvenes) por un programa de bolsas de trabajo para los jóvenes americanos que será implementado en las empresas en las que antes se utilizaba el programa de visas J-1.

Implementará un programa de refugiados para niños americanos. Se elevarán los estándares de admisión de refugiados y asilados políticos para eliminar los abusos. Se invertirá el dinero que antes se destinaba a los asilos para darle a los niños americanos huérfanos una mejor calidad de vida: orfanatos más seguros y mejores comunidades. También se utilizarán los excedentes para mejorar la seguridad de las comunidades que tienen altos niveles de crimen en los Estados Unidos.

Es importante leer todo lo que Trump propone de primera mano, sin intervención de los medios porque se sabe de antemano cuál será la reacción de los medios a cualquier cosa que Trump diga. La estrategia de la izquierda ante una amenaza es siempre la misma: soltar a los comediantes: utilizarán clips de dos segundos sacados de contexto, chistes de Colbert y Vines graciosos.

Pero si lees su propuesta en sí, el plan es sensato. Cualquier persona que quiera que EEUU sea un país seguro y próspero apoyaría un plan como este. Es difícil encontrar puntos en los que estar en desacuerdo con lo que Trump plantea.

El establishment conservador también lo va a linchar. No desde el punto de vista de la justicia social, que importa menos, sino desde el punto de vista de la pureza política: ¿es Trump verdaderamente conservador? Cuando la derecha se siente amenazada no recurre a la comedia sino al silencio: no escucharemos a Fox News hablar del plan de inmigración de Trump. Se enfocarán en discutir cualquier otra cosa: los obstáculos que pone a las empresas a la hora de contratar empleados, su antigua postura en pro del aborto, su opinión sobre la seguridad social universal, etc.

Pero yo estoy muy contenta de que Trump sea un candidato popular porque considero que la crisis más grave en EEUU es de inmigración y es una emergencia que hay que atender. Trump es el único que lo está haciendo y por eso deseo que gane. Realmente creo que puede ganar precisamente porque solía ser demócrata, porque no es un típico conservador, porque es de NYC, y porque defiende la seguridad social, creo que atraerá a cierto sector de los demócratas que se oponen a la inmigración y que jamás votarían a un republicano que se opone al sistema público de salud.

Además creo que será un candidato atractivo para los independientes y para la gente que no suele ir a votar porque no es parte del establishment, no es un político de carrera. Es un outsider. Está al margen del sistema.

Y como punto aparte, a mí me gusta Trump en lo personal porque tiene una cualidad que era natural en las monarquías, pero que se perdió con la democracia: es imposible comprar a Trump. Donald Trump, al igual que los antiguos monarcas, dispone de una fortuna tan grande, que no necesita ser corrupto: su futuro está garantizado. Nadie va a comprar el favor de Trump con dinero, ni podrán influir en sus decisiones por medio de donaciones a su campaña. Esto hace que Trump sea un candidato mucho más difícil de corromper.

En cuanto a su intervencionismo: sí, Trump no propone reducir el Estado, es verdad. Trump propone en ciertos casos ampliarlo (como con los oficiales de inmigración). Propone intervención del Estado sobre los asuntos de las empresas privadas (como el sistema de e-verify, la eliminación de las visas J-1, forzar a las empresas a contratar ciudadanos antes que inmigrantes) Sin embargo hay que entender que la libertad no es siempre la política más inteligente. Las libertades son algo a lo que aspirar, pero para poder conquistarlas es necesario tener un estado de orden y de bienestar previo. La libertad debe ir en proporción al orden.

Un país en desorden, un país caótico, con altos niveles de criminalidad, con leyes que no se hacen cumplir, no se arregla dando mayores libertades a los ciudadanos. La manera de arreglarlo es por medio de la intervención del Estado. El Estado debe intervenir para poner orden. Solamente cuando el país está ordenado y la situación está bajo control se puede ampliar las libertades.

Imagina que eres parte de la tripulación de un barco. El Capitán se retira temprano a dormir, siempre a la misma hora y permite que la tripulación elija a qué hora acostarse. Durante la noche un grupo de tripulantes se quedan despiertos hasta muy tarde, jugando a las cartas, bebiendo, apostando. A medida que pasa el tiempo estas sesiones nocturnas empiezan a devenir en peleas, hasta que tiran a uno por la borda. Para resolver este problema, ¿qué debe hacer el Capitán? ¿Debe castigar al grupo? ¿Debe permitirles continuar con sus sesiones nocturnas? ¿Debe prohibirlas? Si es un hecho aislado, quizás sea suficiente con un castigo. Pero si la situación se perpetúa, si los tripulantes problemáticos traman un motín, si las peleas se extienden y se meten en los camarotes de los otros tripulantes, tiran por la borda a gente que no tenía nada que ver con sus sesiones, si roban dinero a los demás, si la situación ha devenido en caos y se ha salido de control, lo único que puede hacer el Capitán para recuperar el control es poner un toque de queda obligatorio y guardias en todas las puertas. Dar más libertad, definitivamente no va a resolver el problema.

En este momento la inmigración en EEUU está fuera de control. Los daños que ocasiona al país son tales, que la primera prioridad debe ser frenarlo. Para ello es necesario que el Estado intervenga: deportar a los criminales, implementar “obstáculos” como el muro, y retirar los loopholes y los privilegios que permiten que la situación de caos se perpetúe como la visa H-1B. Una vez frenada la inmigración ilegal y deportados los criminales, una vez que la inmigración legal regrese a los niveles aceptables, se podrán volver a relajar las políticas inmigratorias. No antes.

Me interesa que gane Trump porque aunque no soy americana, es el interés de cualquier occidental que Estados Unidos sea un país fuerte. Cuanto más fuerte es Estados Unidos, más fuerte es Occidente y más débiles son sus enemigos. Pero además, cuando Estados Unidos implemente estas políticas en su país, Europa estará más inclinada a copiarlas porque sentirá que tiene una especie de permiso moral para hacerlo. Si Trump controla la inmigración, los países europeos estarán más dispuestos a hacer lo mismo.