La verdad acerca de Pablo Iglesias y su partido político Podemos

July 20th, 2014

Sé que lo que estás a punto de leer es largo y habla mucho acerca de Venezuela. Pero ten paciencia: si lo lees al completo entenderás no solamente lo que está haciendo ahora mismo Podemos, sino que si ganan conocerás de antemano todo lo que va a pasar en España en los próximos diez o quince años.

Mi amigo Dayron Padilla nació en La Habana bajo el régimen de Fidel Castro. Cuando tenía 15 años su familia arriesgó la vida para escapar a Venezuela. Lo lograron y se quedaron en Caracas.

Desde el primer mítin Dayron se obsesionó con Chávez. Quería hacer entender a todo el mundo que votar por Chávez era el error más grave que podían cometer en sus vidas. Algunos venezolanos sospechaban que Chávez estaba de alguna manera vinculado a Fidel Castro, para Dayron la relación estaba clara como el agua. Para él votar por Chávez era como auto-infligirse una dictadura.  Sus amigos, y en general la sociedad venezolana, no creía que Chávez estuviera asociado con Cuba o con el comunismo, en primer lugar porque Chávez lo negaba en televisión, se proclamaba un demócrata y un liberal, en segundo lugar porque Dayron era un tío peculiar con un acento cubano marcado y la gente creía que estaba medio loco.

Un día nos trajo el cuaderno de ejercicios que usaba en el colegio en Cuba y entre los ejercicios obligatorios había una “Oda al rifle” y un dibujo de la cara del Ché Guevara que había que colorear sin salirse de las líneas. También trajo una cartilla de racionamiento y nos sorprendimos mucho de las cantidades, por ejemplo, su familia tenía acceso a un sólo kilo de arroz al mes.

Pero las cosas que Dayron nos enseñó nunca surtieron el efecto que él esperaba. Él las traía para enseñarnos lo que ocurría en Cuba y lo que podía pasar en Venezuela si Chavez ganaba las elecciones. La gente en cambio veía sus cosas como quien observa un artefacto extraterrestre. Sentían un interés mórbido por las experiencias que Dayron tuvo en Cuba, pero no creían que algo así iba a tocarles a ellos. Una frase muy común en esas discusiones era “Ay Dayron, no seas exagerado, Venezuela no es Cuba”. La gente estaba convencida de que era imposible que en Venezuela ocurrieran cosas como esas porque estaban demasiado lejos de nuestra realidad.

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Politica 101

August 16th, 2013

Históricamente, la forma más efectiva de convertir a un socialista es echarlo de casa de sus padres, conseguirle un empleo, y hacerle pagar impuestos. Por eso los que llegan a la edad adulta siendo socialistas suelen ser en su mayoría vagabundos, desempleados, y profesores universitarios de artes liberales.

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Islam 101

June 23rd, 2013

En febrero de 1993 un coche bomba detonó en el estacionamiento de las Torres Gemelas. 606 kilos de nitrato de urea en una furgoneta Ford Econoline de color amarillo. La intención era tirar abajo la Torre Norte para que cayera sobre la Torre Sur. Dos pájaros de un tiro.

El 11 de septiembre no fue el primer ataque terrorista a las Torres Gemelas aunque sí fue el primero en cumplir su cometido. Del ataque de febrero de 1993 lo que quedó fue un cráter de 60 metros de profundidad en el estacionamiento, seis muertos, y más de mil heridos.

El FBI logró arrestar a cuatro de los terroristas a los pocos días del atentado, pero el que lo planificó todo, Ramzi Yousef, logró escapar a Pakistán con un pasaporte falso y le perdieron la pista.

Dos años después, en 1995 Yousef reapareció en Las Filipinas con un plan para detonar una docena de aviones americanos. Mientras mezclaba los explosivos en la cocina de su apartamento en Manila, tuvo un accidente, el apartamento se incendió y tuvo que huir.

La policía encontró un ordenador en el apartamento con todo tipo de información acerca de Yousef y su vida en Manila. Tenía una novia filipina, salía a beber por las noches, y visitaba con asiduidad un club de strippers, en pocas palabras: no parecía un hombre religioso. Con la información que encontraron pudieron capturarlo en Islamabad.

Antes del juicio le hicieron una entrevista en la que le preguntaron por qué había planificado los atentados si su comportamiento era el de cualquier hombre occidental. Yousef respondió: He hecho tantas cosas malas en mi vida que lo único que podría hacer en este momento para redimirme ante Dios es ir a Israel a matar judíos.

Lo que sorprende de su respuesta es lo diferente que puede ser la moral de una persona a la de otra. Para Yousef matar no forma parte de la categoría cosas malas que he hecho en mi vida, sino que pertenece a la categoría de lo bueno, de aquello que me redime.

Lo que no queda claro al leer esa entrevista es si esa idea es algo personal que se le ocurrió a él, si es la ideología de un grupo minoritario de musulmanes fanáticos, o si es algo propio del islam, algo que sacó directamente de las enseñanzas de Mahoma y del Qur’an.

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Efecto Rashomon

March 1st, 2013

yael farache

Cuando pasó el autobús a rescatar a la gente, el hombre de fe se negó a subir. “No quiero quitarle el espacio a otra persona que pudiera necesitarlo más que yo” dijo y agregó: “Tengo fe en Dios, él me salvará”. El huracán rompió los diques del río y la ciudad se inundaba. A medida que aumentaba el nivel del agua, el hombre de fe subía por las escaleras del edificio a los pisos superiores. Cuando llegó al quinto piso se asomó por la ventana y vio un bote de remos pasar. El grupo de rescate le dijo que saltara por la ventana y que se subiera al bote, que lo llevarían a un refugio. “No quiero ocupar espacio en el bote” respondió el hombre de fe, “Dios me salvará”. La ciudad se inundó por completo, la devastación fue total, el hombre de fe estaba en la azotea del edificio cuando vio acercarse un helicóptero que le tendió una escalera. El hombre de fe se negó por tercera vez. Horas más tarde, con el agua al cuello y sollozando, el hombre de fe miró al cielo y gritó: “Dios, he hecho todo lo que de mí has pedido, he tenido fe en ti siempre, ¿por qué me has abandonado?” Dios no respondió y el hombre de fe murió ahogado.

Dos personas discuten esta historia. Uno es un ateo militante. El otro es un cura. El ateo le dice al cura que si el hombre hubiese aceptado la ayuda de los grupos de rescate se hubiese salvado y que esperar la ayuda de Dios fue el error que lo sentenció a muerte. El ateo concluye que el hombre murió por su fe. El cura le responde que no se trata de eso, que Dios le envió al hombre de fe un autobús, un bote, y un helicóptero pero él no aceptó ninguno porque pensó que Dios se manifestaría de otra manera. Para el cura Dios nunca abandonó al hombre, lo que lo sentenció a muerte no fue su fe, sino su soberbia.

Estas dos interpretaciones contradictorias surgen de los mismos hechos. Ante la misma historia dos observadores interpretan dos cosas diferentes. Un mismo evento puede inspirar percepciones incompatibles, incluso contradictorias, en quienes lo observan. A este fenómeno se le conoce como el Efecto Rashomon por una película de Akira Kurosawa en la que hay 4 versiones incompatibles de un mismo crimen.

En nuestra cultura se considera apropiado respetar todas las percepciones de un hecho y darles el mismo valor independientemente de lo contradictorias que puedan ser. ¿Murió el hombre por su fe o por su soberbia? No lo sabemos, pero sí sabemos que tenemos que respetar ambas versiones. Lo que raras veces hacemos es preguntarnos de dónde vienen las diferencias. ¿Cómo se originan las interpretaciones de un hecho? ¿Cómo elige cada uno sus creencias?

Si le preguntamos al ateo de dónde se originan las creencias, te diría que las creencias son involuntarias. Que él, como escéptico, sólo puede creer en algo cuando encuentra que las evidencias son irrefutables. El ateo dirá que es imposible para él creer en una religión sin tener evidencias porque una afirmación extraordinaria requiere de pruebas extraordinarias. Para el cura, en cambio, el problema es de otro tipo. Para el cura creer en algo es un acto de la voluntad. Cada persona elige en qué creer independientemente de las evidencias, a esto es a lo que llama “fe”.

Para la mayoría de la gente la postura del ateo es más sensata que la del cura. Pero merece la pena considerar por qué. Si hablamos de creencias, los escépticos saben en qué creer cuando todo está resuelto. Es fácil creer en algo que está comprobado, pero cuando algo se comprueba deja de ser una creencia. Se convierte en conocimiento, en observación. El ateo, por lo tanto, no cree, se limita a conocer. Una persona no puede creer o no creer en la Ley de Gravedad, una persona puede entenderla, puede conocerla, puede observarla, estudiarla, o incluso puede experimentarla, pero no puede decidir si cree en ella o no porque es un caso resuelto. Sólo se puede creer mientras existe incertidumbre.

Esto es una idea importante si como yo tienes problemas para manejar la incertidumbre. A mí me costaba dormir si tenía un examen importante al día siguiente porque no sabía qué me iban a preguntar, por ejemplo. Una de las peores maldades que podías hacerme era contarme un acertijo y no darme la respuesta. Lo que me ponía más nerviosa era que alguien me dijera: “tenemos que hablar” me sentía mal todo el rato hasta que hablábamos. Después descubrí cómo manejar esa sensación de incertidumbre de una mejor manera, administrando mejor el escepticismo.

La incertidumbre no es otra cosa que escepticismo. Cuando después de estudiar sientes incertidumbre por el examen es porque piensas que aunque tú te has preparado tienes probabilidades de fallar. Crees que evaluando de forma fría todas las posibilidades, hay un porcentaje de escenarios en los que que todo sale mal. Es imposible acabar con la incertidumbre, siempre habrá expectativas y cosas por las que tendrás que esperar. Pero no hace falta eliminar la incertidumbre para eliminar la ansiedad, sólo hace falta atacar el escepticismo.

Técnicamente el escepticismo es lo opuesto a la creencia. Se trata de erradicar la necesidad de creer en algo más allá de la evidencia. Esa postura tiene su lugar en áreas importantes del conocimiento, como la ciencia. Imagina las trágicas consecuencias de tener un doctor que basa su práctica en sus creencias. Tienes un infarto y él cree que sabe qué hacer, quizás podría aplicarte unas hierbas curativas, lo leyó en un libro chino, tiene una corazonada de que eso te ayudará.

Pero el escepticismo es poco útil en otros ámbitos. Hace poco le enseñé a alguien el MBTI, un test de personalidad que divide a la gente en 16 arquetipos diferentes. Es un test que le suelo dar a la gente al conocerlos porque me ayuda a entender cómo son. Me dijo que no creía en él. Le pregunté por qué, y me dijo que “no habían suficientes evidencias de que es verdad”. Esa postura escéptica, la misma que en la ciencia es necesaria, es poco útil cuando hablamos de categorías mentales porque las evidencias dan un poco igual si la herramienta es útil.

Un ejemplo de esta idea es el lenguaje. Hay pocas evidencias de que la palabra “mesa” y una mesa guardan algún tipo de relación. Podríamos cuestionar cuál es la validez del lenguaje si ninguna palabra se relaciona con lo que denota. ¿Deberíamos dejar de usar el lenguaje por eso? ¿Es el lenguaje inútil por carecer de evidencias que lo sustenten? ¿Qué ocurre con otras creencias?

Cuando digo que soy atea y soy teista a la vez algunos se ríen. Eso es imposible. Te estás contradiciendo. No tiene sentido. Quizás, pero supongo que depende de lo que las creencias signifiquen para ti. Soy atea, pero no por negar la existencia de Dios. ¿Cómo puedo yo saber si existe o no existe? Soy atea en lo práctico porque creo que uno debe actuar como si Dios no existiera en lo público, al relacionarse con los demás. No se debe obligar a nadie a hacer nada, ni se debe esperar del otro que comparta tus creencias. Pero al mismo tiempo soy teísta, porque creo que uno debe actuar en su casa como si Dios existiera, creyendo en todo lo que te haga feliz, fuerte, y sano, en lo que te inspire y te ayude a crear, independientemente de las evidencias. Si Dios existe o no existe, es irrelevante.

Las creencias son el arma para vencer la incertidumbre. Allí en donde nadie ha estado las creencias dibujan para ti un mapa. Da igual si coincide o no con el territorio si tenerlo en la mano te ayuda a atravesarlo. A lo que voy es que es útil creer en algo que te hace sentir bien. Si una idea te ayuda a ser fuerte, y a trabajar por lo que quieres da igual si es cierta o no. Cuando entiendes ese punto, comprendes que las creencias no son algo que te sucede, sino que puedes usarlas como herramientas.

La mayoría de la gente no las usa. Son católicos, por ejemplo, porque nacieron de esa manera. Como su familia es católica y fueron bautizados, se casan en una iglesia y creen en Cristo de la misma manera en que creerían en Brahma, Vishnu, y Shiva si hubiesen nacido en una familia hindú. O son socialistas porque sus abuelos eran socialistas y sus padres después de ellos, tener una creencia diferente les resultaría una especie de traición. Para este tipo de personas sus creencias son accidentes, son algo con lo que nacieron, no son algo que han elegido voluntariamente y por eso la identificación es irracional.

Pero una vida de provecho se vive con determinación. Hay que elegir las creencias con cuidado. No importa si algo es cierto o no, las creencias se transforman en pensamientos, los pensamientos en palabras, las palabras en acciones, las acciones en carácter, y el carácter en destino. Hay que elegir y cultivar las creencias porque determinan tu vida.

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Por qué no publiqué con Planeta

January 8th, 2013

Hay 3 tipos de autores: los que escriben por amor al lenguaje, los que escriben por amor a la vida, y los que escriben por amor a los libros.

Yo siempre he sido del último tipo. Desde que aprendí a leer mi pasión han sido los libros. Mis regalos de cumpleaños y de Hannukah eran siempre libros. Uno de los regalos que recuerdo con más cariño fue la colección Planeta de Julio Verne que me regaló mi padre cuando tenía ocho años. Los leí todos y desde entonces no he dejado de leer.

Así que cuando la editora de no-ficción de la Editorial Planeta me contactó para publicar mi libro, me hizo mucha ilusión.

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* El email es de Mayo. Ella se refería a La Vida Simple, un libro que estaba escribiendo y que había comenzado a vender en preventa a mis lectores en Marzo. Para el momento en el que recibí este email había vendido más de 9 mil copias.

Nos reunimos en Madrid y quiero contaros la historia porque además de ser divertida, es un perfecto ejemplo de por qué el mundo de hoy es incompatible con el mundo antiguo al que pertenecen las editoriales y donde (para bien o para mal) van a quedarse.

Nos reunimos en el Café del Espejo, Paseo de Recoletos. El local estaba vacío así que cogí la mesa junto al cristal que da a la calle. Lo único que sabía era que querían publicar mi libro, y poco más, así que estaba llena de expectativas. Pedí un agua con gas mientras esperaba a la editora. Después de un rato llegó, se sentó, se presentó y me dijo: Bueno, cuéntame.

Bueno, cuéntame es una manera rara de comenzar una reunión que tú has concertado. Quiero decir, que si la editora me contactó a mí y me pidió que me reuniera con ella lo lógico era que la que me propusiera algo fuese ella a mí, no yo a ella. Me quedé desconcertada. No sé cuántas vueltas me dio, porque cuando salí de la reunión tenía la cabeza como un bombo y no recordaba ni de qué habíamos hablado. No tenía una idea clara de lo que Planeta quería, pero en la hora que duró la reunión y sin saber cómo, me había comprometido a enviarle a la editora todo lo que me pidió:

a) Estadísticas de las visitas de mi blog.

b) Unos párrafos detallando el tema del libro.

c) Un capítulo del libro.

d) Tabla de contenidos del libro.

e) Las preguntas y los comentarios que me habían estado haciendo los lectores de la preventa por email.

De vuelta en el hotel, le comenté a Isra lo que había pasado. Me dijo: Si alguien quiere hacer un negocio contigo no te marea. Si le da vueltas al asunto sin llegar a nada en concreto te está mareando, al final no vas a sacar nada en claro, y te va a hacer perder tu tiempo. Lo llamé pesimista.

Le escribí a la editora para enviarle algunas de las cosas que me pidió y le dije que mi idea de trabajar con Planeta era cederles los derechos sobre la versión impresa del libro, pero conservar los derechos sobre el ebook para mí.

Mi idea era que los dos nos podíamos beneficiar con un acuerdo como ese: Planeta sacaría ganancias de lo que se vendiera en las librerías y cautivaría nuevo público que de otra manera no hubiese llegado a conocer mi blog, a cambio yo seguiría promocionando el libro a través de internet que es lo que sé hacer bien y muchos de mis lectores comprarían la versión impresa del libro a Planeta. Ese hubiese sido un plan simbiótico en el que los dos nos beneficiaríamos mutuamente haciendo lo que cada uno sabe hacer. Win-win.

Había razones por las que no era sensato ceder a Planeta los derechos del ebook. En primer lugar, porque tenía en marcha un proyecto en el que habían apostado más de 9 mil personas para ese momento, una comunidad de lectores que querían tener una relación conmigo y con lo que escribo, no una relación con Planeta.

En segundo lugar, porque, como le dije a la editora, en dos meses, y sin publicar el libro ya estaba viviendo de la escritura trabajando directamente con mis lectores, sin utilizar ninguna editorial como intermediario. Había tardado casi tres años en conseguirlo ¿Por qué iba a cambiar lo que tenía por un trato con una editorial?

La editora me dijo que sin cederle los derechos del ebook no podíamos llegar a un acuerdo así que lo dejamos así.

A veces pasan estas cosas, a veces hay algo que a uno le hace ilusión pero para poder hacerlo tienes que ceder algo que es más valioso que lo que te están ofreciendo y decides que es mejor no hacer nada. Es una lástima, pero así funcionan los intercambios.

Fueron pasando los meses y más gente fue comprando el libro. En Noviembre ya eran 30 mil los que lo habían comprado en preventa. El libro había generado el suficiente dinero como para mantenerme durante un año y dedicarme a escribir sin tener que preocuparme por nada más. Así que una tarde cuando estaba corrigiendo y editando el libro, pensé en la ilusión que me hacía tener un libro impreso con mi nombre en la portada y el sello de Planeta. Me imaginé poniéndolo en el estante de mi biblioteca junto a los libros de Julio Verne, y le volví a escribir.

Le dije que si todavía estaban interesados estaba dispuesta a cederles el derecho de los ebooks. Pensé que era una buena idea porque ya había vendido muchas copias por mi cuenta, las suficientes como para poder trabajar tranquila en otros proyectos. Pensé: I *can* have the cake and eat it too.

Así que volvimos a negociar y esta vez logré que me hicieran una propuesta clara. Esta fue la oferta final de Planeta después de meses de negociar:

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Entiendo que las editoriales ofrezcan poco a los autores por editar sus libros en papel, después de todo la editorial es la que asume el riesgo: tiene que hacer gastos de materiales, impresión, publicidad, distribución, sin contar lo que tiene que pagarle a su plantilla, total, que el autor deja el riesgo de la empresa en manos de Planeta y a cambio recibe un pequeño porcentaje de las ganancias, vale. Lo absurdo es que hagan lo mismo con la versión digital. ¿Cuál es el riesgo que una editorial asume con la versión digital de un libro? No hay gastos de materiales, ni de impresión, ni de distribución, ni de marketing así que si el libro no se vende, la editorial no pierde nada y si logra venderlo son puras ganancias.

Uno podría pensar que para un autor que no conoce internet y que no tiene un blog, vender los derechos del ebook a Planeta a cambio de 25% es sensato. Después de todo sería Planeta la encargada de hacerle promoción. El problema es que con el sistema que Planeta usa para vender sus libros dudo que estén a la altura de la competencia, que si alguien cae en la página en la que venden sus ebooks (planetadelibros.com) es porque se equivoca. Si un autor no vende por su propio pie en internet, no va a vender con el respaldo de Planeta.

Para un autor desconocido en internet es más inteligente poner a vender su ebook a través de Amazon y explicaré por qué. En primer lugar Amazon te da el 70% de las ganancias. Sí, EL SETENTA POR CIENTO. Eso es casi 3 veces lo que te da Planeta. Pero además Amazon es un supermercado, la gente entra para llevarse algo y muchas veces se lleva otras cosas, tienes más posibilidades de vender por rebote en Amazon que en cualquier otro lugar, es difícil comparar las ventajas que tiene vender a través de Amazon con las que tiene vender con Planeta porque no están en ligas diferentes, están en universos diferentes. Nadie que tiene la posibilidad de vender por Amazon debería plantearse si quiera la idea de vender a través de Planeta.

Eso si eres un desconocido, si eres famoso fuera de internet también te conviene vender a través de Amazon. Piensa como lo hace el usuario medio de internet: si quiero comprar un libro de Boris Izaguirre tengo dos opciones: o busco su nombre y apellido en Google, o lo busco en Amazon. Lo que no voy a hacer es pensar ¿En qué editorial salió el libro de Boris? Ah, Editorial Planeta bajo el sello equis. Voy a ir a la página planetadelibros.com a comprarlo Planeta está llevado por editores que, al igual que la que me contactó a mí, ni siquiera tienen un smartphone y en lugar de asesorarse con gente que entiende de internet y beneficiarse de lo que saben hacer lo que buscan es asfixiar a la gallina de los huevos de oro.

Al lado de Amazon la editorial Planeta lo tiene muy difícil, lo que pueden hacer para intentar vender más es usar caras conocidas para atraer gente a su tienda online. La editorial busca bloggers, gente que ya tiene un nombre en internet y una base de lectores. imagina que hay un blogger popular, vamos a llamarlo Andrés que ha logrado tener un grupo consistente de seguidores. Lo que Planeta quiere hacer es coger lo que Andrés escribe, vendérselo a los lectores de Andrés, usando el blog de Andrés como medio publicitario y darle a Andres 25% de las ganancias. No hay que ser muy listo para darse cuenta de que aquí hay algo que no funciona cuando la editorial no pone nada, ni siquiera absorbe el riesgo y le deja al que pone todo un 25% nada más. Si la editorial no estuvo ahí para trabajar contigo y no te ayudó a formar tu audiencia ¿Por qué vas a repartirte con ellos el fruto de tu esfuerzo? En especial cuando lo único que tienes que hacer es venderlo en tu página y quedarte con el 100% de las ganancias.

Si no existiese internet no tendrías más remedio que ponerte en manos de Planeta o de cualquier otra editorial porque ellos serían los que tendrían los clientes y porque si no existieran los ebooks no podrías producir el libro tú sólo. Pero hoy en día con internet no tiene sentido venderle tu trabajo a un intermediario que te va a dar una mínima fracción de las ganancias si puedes venderlo por tu cuenta y quedarte con todo el producto de tu trabajo.  Si la editorial no edita el libro, no trae clientes porque los traes tú, no publicita porque eso lo hace tu blog (y eso es tan así que si tu blog no tiene tráfico no se hubieran interesado por ti, por eso te piden las estadísticas del blog), ni distribuye porque no es un libro físico y no hay nada que distribuir, ¿qué es lo que hace? Lo que venden las editoriales a los autores hoy en día es un carnet de escritor. Es el sello que va en la portada. Es la sensación de ser un escritor reconocido por una editorial.

Planeta tiene todo el derecho de proceder como les de la gana, después de todo son una empresa y no una ONG, así que pueden comprar manuscritos, o ebooks al precio que quieran si la gente se los vende. Lo que hay que preguntarse es si uno está dispuesto a ser ese autor. A ser el autor que vende su trabajo de años a cambio de migajas, si uno quiere ser el autor que recibe órdenes de una editorial que te quiere hacer pasar por el aro veinte veces para darte una propuesta firme, si uno quiere darle tres cuartas partes del producto de tu esfuerzo a otro a cambio de nada (literalmente).

Yo fui ese autor. Acepté las condiciones de la editorial porque por un momento dejé a un lado mi sentido común. Me traicioné haciéndome creer que como mi interés con Planeta no era ganar dinero, entonces era un proyecto noble. Lo que quería en el fondo era la satisfacción infantil de ver La Vida Simple en las librerías y quería hacerlo aunque eso me costara los derechos del ebook. Era por ego, por no lograr desprenderme del todo de los símbolos de éxito con los que crecí.

Cuando dije que sí la editora me habló de firmar el contrato, de enviármelo por correo, y agregó un par de frases que me hicieron entender que ella asumió que  como yo le estaba diciendo que sí a su propuesta eso significaba algo más, algo que ella no puso entre las cláusulas que me envió y que por lo tanto yo no había aceptado. Ella puso en el correo entre líneas que Planeta podría enviarle el libro por email a la gente que ya lo había comprado en preventa a través de mi blog y lo dijo de tal manera que parecía algo natural. Es decir, la editora me escribió entrelíneas que Planeta quería editar el libro en PDF, y enviárselo a las 30 mil personas que me lo habían comprado a mí a través de mi blog como si eso fuese el siguiente paso lógico para poder firmar el contrato.

Yo no tengo agente literario porque como dije antes no creo en los intermediarios, pero sí tengo una brújula ética y lo que Planeta insinuaba no me parecía correcto.

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Me respondió de inmediato para cancelar todo el proyecto. Me dio una excusa ilógica para hacerlo mezclando la crisis con el hecho de que ya he vendido demasiados libros y con la idea de que ya no les parecía rentable. Lo curioso no era tanto la tónica del email, sino el hecho de que el número de libros vendidos era el mismo que los días anteriores cuando me hizo la propuesta y la crisis estaba ahí desde el 2007. Horas más tarde bajo las mismas condiciones, el mismo libro ahora no era rentable. Lo único que había cambiado entre el email anterior y ese fue mi aclaratoria de que no les iba a dejar enviar por mí los 30 mil libros que ya me habían comprado mis lectores a través de mi blog y por lo tanto esos 30 mil lectores míos no iban a pasar a ser “clientes” de Planeta.

Lo que voy a decir es sólo una impresión mía: creo que es probable que el interés de Planeta no fuese tanto publicar el libro, sino tener acceso a mis lectores. Si ellos enviaban a mis lectores el ebook por email, mis 30 mil lectores pasaban a ser automáticamente 30 mil clientes en la base de datos de la Editorial Planeta. De ahí el interés de enviar a través de Planeta los libros que yo había vendido por mi cuenta (previo relleno de formularios y registro en la página de la editorial, imagino). No me parece muy descabellado pensar que esto pudiera ser así porque dejando a un lado la ética, ellos iban a tener 30 mil clientes nuevos de un día para otro totalmente gratis. A cambio sólo tenían que publicarme un libro y darme un trocito de lo que vendieran.

El resultado es que en lugar de ser directos y hacerme una propuesta clara de entrada (fuese eso o no) me marearon durante meses, me hicieron ir a Madrid, enviarles estadísticas de mi blog, capítulos del libro, preguntas de mis lectores, mi biografía, mil requisitos absurdos, y al final no sirvió de nada, fue tiempo perdido. Planeta no ganó nada, yo no gané nada, mis lectores no ganaron nada. Todo fue una pantomima, un ejercicio fútil. Isra no fue pesimista, fue clarividente.

Suponiendo que Planeta sí tenía un interés genuino en mi libro, aún así hubiese sido una pérdida de tiempo. Las editoriales son animales enormes, piensa que son como mastodontes de dos mil kilos que tardan diez minutos en enterarse de que hay un problema y dos horas para darse la vuelta. Todo es lento, letárgico, y complicado. En el nuevo mundo, el mundo interconectado y dinámico en el que vivimos hay que ser como un guepardo: identificar las oportunidades y cazarlas lo más rápido que puedas, moverte a toda velocidad y aprovechar cada espacio que se abre ante ti. Por eso las editoriales están al borde de la quiebra y sus editores te mencionan la palabra crisis en todos sus emails: porque se mueven lento y no saben desenvolverse en este mundo en el que vivimos, siguen formando parte de un sistema paternalista y mezquino. Frente a las editoriales los autores que vivimos de internet somos bólidos, estamos hambrientos, tenemos nuestro territorio y no vamos a cedérselo a nadie.

De este simulacro he aprendido una cosa:  hay que aprender es a ser fiel a tus propias convicciones y firme en lo que haces siempre. No es suficiente con ser fiel a tus convicciones a veces. No es suficiente con ser fiel a tus creencias cuando es conveniente, cuando es fácil. Hay que ser fiel a uno mismo cuando es difícil, ese es el verdadero reto. Ser más duro que un armadillo. Hay que aprender a creer en uno mismo por encima de cualquier otra cosa y a desechar los símbolos de éxito que nos meten en la cabeza desde el momento en el que nacemos. Publicar un libro con una editorial grande no te hace mejor escritor, te puede hacer un escritor más pobre, un escritor más burlado y menos digno, pero difícilmente te hará un mejor escritor.  Si puedes hacer las cosas por ti mismo, no involucres nunca a terceros. Usar intermediarios no te acerca a quien eres, ni hoy ni nunca.

El derecho a portar armas

December 30th, 2012

Viví una gran parte de mi vida en Caracas, la ciudad con el índice de homicidios por delincuencia más alta del mundo. El año pasado murieron más de 22 mil personas. Una de las paredes del estudio de mi abuelo en Caracas tiene un impacto de bala: una bala perdida que entro por la ventana una noche mientras dormían.

Cuando vives en un lugar así aprendes muchas cosas sobre las armas, aunque jamás hayas tenido una. Los caraqueños muchas veces dicen que es peor tener un arma que no tenerla porque si un delincuente te ataca y descubre que tienes un arma es más probable que te mate en el acto, en lugar de perdonarte la vida.

Conocí a un señor que tenía una tienda en el Centro de Caracas y que llevaba a todas partes un revólver. Un día se le acercó un delincuente al coche mientras estaba pagando el ticket del parking. No dio tiempo a que el delincuente le dijera lo que quería porque el señor sacó el arma para defenderse y hubo un intercambio de tiros. El señor fue herido en un brazo, pero mató al delincuente y conservó su vida, sus propiedades, y defendió su seguridad.

A mí me han atracado varias veces. Creo que cuatro en total. Una de esas veces me cogieron por el cuello para arrancarme un colgante de oro que me había regalado mi madre. Lo hicieron a plena luz del día en una calle llena de gente. Nadie hizo nada por defenderme. La policía no llegó nunca.

En Venezuela que te secuestren no es algo extraño como en el resto del planeta, es algo habitual. A mi madre la secuestraron saliendo del supermercado. La asaltaron 5 hombres con armas cuando estaba metiendo las bolsas en el maletero. La metieron en el coche, le golpearon la cabeza contra la palanca de cambio, se la llevaron más de seis horas y la soltaron descalza en medio de la autopista. Se fue caminando hasta casa de una amiga y nos llamó por teléfono para que la buscáramos. En esa época mi madre usaba unas gafas de cristales enormes, y cuando la golpearon quedaron las huellas del que la golpeó en el lente pero cuando fuimos a la policía a poner la denuncia, mi madre no dijo nada por miedo a represalias. Lo primero que hicimos al regresar a la casa fue cambiar las placas del coche de mi padre y cambiar las cerraduras de todo el edificio.

Historias hay miles. A mi primo lo persiguieron a tiros desde otro coche en la madrugada. A mi mejor amiga le robaron la cámara estando conmigo: iban dos en una moto, nos vieron, se pararon, se bajaron, y le dijeron algo como: “Dame la cámara”. A mi padre lo persiguieron 5 hombres con machetes por la calle. A una amiga de la universidad le hicieron bajar la ventanilla del coche en medio del tráfico a punta de pistola y le robaron el móvil. A veces no pasa a mayores, otras veces se complica. Conozco gente a la que han secuestrado durante meses y un día me enteré de que habían matado a un conocido con el que había visto una materia como oyente en la escuela de filología de la Universidad Católica. Aunque no vayas armado el asaltante no siempre te perdona la vida. La compasión de un delincuente depende de lo drogado que esté, de lo violento que sea, de si está o no está nervioso.

Venezuela es uno de esos países en los que conseguir armas es difícil. El porte de armas no se lo dan a cualquiera. Pero en los últimos años han entrado más de 600 mil armas de forma ilegal gracias a las FARC y a que el gobierno arma deliberadamente a los chavistas de las favelas. No es ilógico pensar que un delincuente o un asesino no es la clase de persona que suele seguir las leyes. Él va a conseguir las armas sean legales o no. Por lo tanto una ley que prohibe tener armas no le afecta a él sino a su víctima: el ciudadano de a pie que tiene un empleo, que tiene una familia, que paga sus impuestos y que cumple la ley.

Este año fueron 22 mil los muertos que se cobró la delincuencia: la gran mayoría de las víctimas no iban armadas. La clase media y la clase alta no suelen llevarlas porque es difícil conseguirlas de forma legal así que se han convertido en el patito de tiro de las favelas: los criminales apuntan siempre al Valle de Caracas porque saben que sus habitantes no se pueden defender.

Así que cuando se trata del derecho a llevar armas, la libertad para defenderse no es un juego. Defenderla o condenarla no se trata de si tendrías o no tendrías un arma en tu casa. No se trata de lo que te gusta. Yo jamás he tenido un arma, no sé usarlas, pero defiendo el derecho que tiene mi vecino de juzgar por sí mismo si él necesita una para defenderse. Quizás si fuese más fácil conseguir armas en Venezuela, la clase media podría hacerlo.

La idea europea de que un ciudadano no necesita un arma para defenderse nace del pacto social: el individuo renuncia a las armas y delega la responsabilidad de su defensa al gobierno que apunta un cuerpo policial y otro militar para encargarse de su defensa. Por lo tanto, el ciudadano “no necesita” un arma.

Es lo mismo que ocurre con la seguridad social. El individuo renuncia a la libertad de elegir cómo cuidar de su propia salud y delega la responsabilidad al gobierno que construye hospitales y contrata médicos por él. Es lo que ocurre con la educación. El individuo renuncia a la posibilidad de educar a sus hijos y delega esa responsabilidad al gobierno que construye escuelas y contrata profesores por él.

Todo parte de la misma idea: la idea de libertad francesa. La idea de que el Estado se ocupa de tus necesidades para que tú no tengas que hacerlo. Así la libertad no es responsabilidad ni es autonomía, pasa a ser “cultura” pasa a ser “mundo interior” pasa a ser “libertad de no preocuparse” porque en efecto, el ciudadano europeo heredero de la Revolución Francesa es un ser dependiente del gobierno.

Puedes delegar una responsabilidad, pero es imposible disociar al individuo de las consecuencias. Si el policía no llega a tiempo el que mueres eres tú. Si el médico es un inepto el que pierde un riñón eres tú. Si el profesor que le asignaron a tu hijo es un fanático y le enseña creacionismo el que aprende que el hombre no evolucionó del mono es tu hijo. Por lo tanto, más te convendría poner atención y poder elegir cómo defenderte, a qué cirujano someterte, y el profesor que le vas a poner a tu hijo.

No se puede confiar en el Estado porque el Estado es una máquina independiente del maquinista. Ahí se monta quién sea y la hace andar a su favor. Ha ocurrido múltiples veces a lo largo de la historia y seguirá ocurriendo. Si no puedes confiar en que el Estado es responsable para manejar algo tan sencillo como el dinero de los impuestos ¿cómo puedes cederle la responsabilidad sobre tu propia vida? Y más allá de eso, más allá de la ineptitud del gobernante, las masacres siempre se perpetúan en contra de una población desarmada.

America se fundó para ser un antídoto a todas estas cosas. Su fundamento es la libertad como responsabilidad individual. La autonomía de cada ciudadano como norte. Cada vez que se prohibe una libertad se infringe la base de lo que es América. El que lo entiende jamás apoyaría la prohibición de armas.