No todos somos iguales

April 12th, 2016

Las ideas tienen dos niveles

1. La idea superficial que se adopta o se descarta con facilidad y suele ser de tipo práctico

2. La idea seminal que se usa para interpretar la información. Suelen ser permanentes, si cambian lo hacen lentamente. Es difícil cambiarlas porque son casi imposibles de detectar.

Uso la palabra “seminal” a propósito. Estas ideas son como semillas. Echan sus raíces en las profundidades de la mente de una persona, son fértiles y de ellas emanan otras ideas derivadas que forman toda una red de pensamiento, y además tienen la capacidad de propagarse a otras personas con facilidad.

El primer paquete de ideas seminales se adopta del entorno junto con el lenguaje y las costumbres y se usa como una lente para filtrar la información. A lo largo de la vida, una persona adopta o descarta otros paquetes de ideas seminales con los que entra en contacto y ese proceso se suele hacer por afinidad de ideas con el paquete original.

Las ideas seminales pueden ser racionales o no. Pueden estar basadas en la realidad o pueden ser producto de la ficción. La popularidad de una idea seminal no tiene mucho que ver con lo objetiva que sea. Suelen tener más éxito las ideas que son más agradables.

Hay ideas seminales mejores que otras. Como de ellas dependen las acciones y las decisiones que toma una persona, tener ideas seminales deficientes le puede llevar a cometer errores importantes. Pasa a nivel individual, pero también ocurre colectivamente.

Una idea seminal básica es la siguiente:

“Todos somos iguales”

Es agradable. Es reconfortante. Es increíblemente popular. Gusta y se propaga porque afianza una fantasía de auto control. Si la igualdad es algo innato, si todos somos iguales al nacer no eres, por defecto, peor ni mejor que ninguna otra persona.

De esa idea seminal surgen todos los siguientes mantras:

“Las mujeres y los hombres son iguales”

“Ningún pueblo es mejor que otro”

“Ninguna religión es mejor que otra”

“Ninguna cultura es superior o inferior a las demás”

“Somos parte de una raza, la raza humana”

Porque claro, si todas las personas somos iguales debemos ser, en potencia, igual de buenos, igual de inteligentes, igual de tolerantes, e igual de nobles. Si aceptamos esa idea como válida tenemos que aceptar también que por lo tanto, produciremos el mismo tipo de culturas buenas-inteligentes-tolerantes-nobles. Nuestras religiones aspirarán a los mismos ideales morales, etc.

“Todos somos iguales” es una idea que une a todas las facciones. La aceptan los socialistas. La aceptan los comunistas. La aceptan los ateos. Pero también la aceptan los liberales, los capitalistas, los católicos, los cristianos. La idea contraria, la idea de que somos diferentes y algunos somos mejores que otros, es cuando menos impopular.

Ahora, ¿de dónde viene esa creencia? ¿cuál es el origen? ¿por qué este concepto particular tiene tantos creyentes hoy? ¿Cuándo se creó? ¿Es una idea de los 60? ¿de 1790? ¿del Renacimiento? ¿de dónde ha salido?

Si nos apegamos a lo literal, el tema de los derechos humanos y de la igualdad/fraternidad/libertad nos recuerda a la Revolución Francesa. Pero las ideas salieron de la Ilustración. La igualdad es la idea que acabó con las monarquías (si todos somos iguales ¿cuál es la cualidad que tiene una familia específica y que les permite gobernarnos a todos los demás?) las suplantó por democracias, y nos trajo este estado de revolución permanente.

Del grupo que mencioné arriba, a los ateos, a los liberales y a los socialistas seguramente les guste ser identificados como herederos de la Ilustración. Después de todo, a la mayoría de ellos les gustaría pensar que sus creencias son producto de la razón y no de la fe. Pero ¿es La Ilustración el verdadero origen de la idea?

Que va, la idea es más antigua. Es una idea cristiana sacada directamente del Nuevo Testamento (1)(2). La gran innovación del proselitismo requería aglutinar a pueblos muy diferentes bajo una misma fe y la única manera de hacerlo era convencer a todo el mundo de que eran iguales entre sí y a todos los demás.

De ahí sacó la Ilustración las ideas acerca de la igualdad. No es una innovación. No es producto de la modernidad ni de la Revolución Francesa. Sino producto directo del cristianismo. La creencia secular en la idea de que todos somos iguales es en realidad una secta cripto-cristiana que oculta su origen teológico para disfrazarse de racional.

Por lo tanto, la Ilustración no fue realmente una reacción a la religión ni un abandono de la fe cristiana. Fue simplemente una adaptación del cristianismo que desechó su barniz divino y presentó el mismo contenido desde un punto de vista racional. Socialismo, comunismo, progresismo, liberalismo, capitalismo, etc, son todas herederas de la Revolución Francesa, de la Ilustración, y del Cristianismo, nacen de esa cepa ideológica.

La conexión entre la Ilustración y el cristianismo es evidente. François Fénelon, (arzobispo de Cambrai y tutor real del Delfin de Francia) escribió lo que posiblemente fue el mejor best seller de su época tanto en Francia como en el extranjero, traducido a todos los idiomas europeos: “Las Aventuras de Telémaco”. Escribió también una defensa de los derechos humanos:

Un pueblo es un miembro de la raza humana, que es la sociedad en su conjunto, de la misma forma en la que una familia es un miembro de una nación en particular. Cada individuo le debe incomparablemente más a la raza humana, que es la gran patria, de lo que le debe al país particular en el que nació (…) Abandonar el sentimiento humanitario no implica únicamente renunciar a la civilización y deslizarse hacia el barbarismo, sino además es unirse a la ceguera de las más brutas brigadas de salvajes. Es dejar de ser un hombre y convertirse en un caníbal.

Si olvidamos quién es el autor de la cita y modernizamos el lenguaje podríamos pensar que lo escribió un ateo, digamos, Richard Dawkins. O que se trata del soliloquio de un activista social cualquiera en youtube. Que es el ensayo de un estudiante de primer año de filosofía de la Complutense. Pero no, es el discurso de un arzobispo de 1690, el responsable de educar al delfín de Francia y de quien tomaría sus ideas Ilustradas tanto Luis XV de la Casa de Borbón como su hijo Luis XVI. Poner en práctica esas ideas le costaría la cabeza, a él, a su mujer, a la aristocracia francesa, al clero, y a cerca de 40 mil desgraciados más.

Cuando la realidad confronta la idea con un hecho concreto, el creyente busca una explicación que le permita continuar creyendo en su idea. Es decir, busca la explicación que le permita hacer a la realidad compatible con su filtro, porque lo contrario implicaría destruir todo su castillo de creencias. Lo que diferencia cada rama cripto-cristiana es que cada una encuentra explicaciones diferentes a las mismas contradicciones, y en eso es en lo que se diferencian.

Si buscamos las evidencias de que todos somos iguales no las encontramos por ninguna parte. Las evidencias apuntan justamente a lo contrario, a que existen enormes brechas entre sexos, entre personas, entre pueblos, razas, culturas, y religiones, y esas diferencias no son fáciles de reconciliar.

Para continuar creyendo que somos todos iguales se hace necesario encontrar una justificación externa que resuelva el problema sin comprometer la idea original. Si eres comunista justificas las diferencias con la idea del expolio que hace una clase sobre la otra. No se trata de una diferencia real entre las personas sino de privilegios materiales que unos heredan y otros no, o que unos ganan a costa de apropiarse del fruto del trabajo de los demás. Si nadie expoliara a los demás, todos seríamos iguales y el comunismo es la promesa de realizar ese sueño, el de la igualdad.

Si eres socialista interpretas las diferencias como el producto de una desigualdad de oportunidades. Es un problema del sistema que ha institucionalizado la opresión de las minorías. Es una opresión omnipresente que afecta cada ámbito de la vida y del que nadie se puede librar. Pero si aplicáramos la justicia social alcanzaríamos una verdadera igualdad de oportunidades, y entonces todos seríamos iguales.

Si eres liberal justificas las desigualdades desde el punto de vista de las decisiones individuales. Una persona está mejor que otra porque ha tomado mejores decisiones. Si un pueblo es peor que otro se le achaca la diferencia al sistema de gobierno. Es un problema de intervención del Estado o de falta de imperio de la ley. Los pueblos serían iguales si se limita el poder del Estado.

Para el capitalista las desigualdades son un problema de libertad de mercado. Si se amplía la libertad de mercado y se eliminan los obstáculos seremos iguales porque tendremos las mismas oportunidades de progresar.

El problema de estas cepas cripto-cristianas es que al sacrificar el aspecto divino de la religión católica en favor de una visión secular eliminan las restricciones del sistema. Para el cristianismo todos somos iguales… en Cristo. Lo que quiere decir es que para poder ser igual has de ser cristiano. Primero adoptas la fe, sus leyes, sus costumbres, y entonces serás igual. Pero si eliminas la fe de la ecuación entonces no hay restricción alguna. La creencia es igual de irracional en ambos casos (ninguna fe te hará igual a nadie más) pero mientras que la versión católica es simplemente una ficción, la versión cripto-cristiana es directamente destructiva.

Ninguna cosa es igual a las demás. Ser mujer y ser hombre son dos cosas completamente diferentes, tenemos diferentes necesidades, objetivos, formas de ser, etc. Las personas tampoco son iguales porque las hay mejores y peores. Hay gente noble y gente de mierda. Lo mismo ocurre con los pueblos, con las razas, y con las religiones. Ninguna cosa es igual a la otra. Puedes elegir creer en lo contrario, pero siempre será un acto de fe.

Las soluciones no fueron las adecuadas

April 11th, 2016

El periódico digital Gaceta.es publicó un capítulo de “Yo no me callo”, el nuevo libro de Esperanza Aguirre lo puedes leer aquí. Lo estuve leyendo mientras desayunaba y aunque parece que Esperanza Aguirre opina lo mismo que digo yo en este vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=znfodsjgVPg a la hora de ofrecer soluciones se queda corta.

Es capaz de identificar el síntoma, la enfermedad que padece su partido (y todos los partidos timoratos de derecha en España) que han abandonado la batalla ideológica para enfocarse únicamente en lo económico y en lo práctico:

Por lo tanto, el discurso puramente económico, que el PP ha prodigado a lo largo de todo el año 2015 y en todas las Elecciones que se celebraron, la verdad es que no ha calado entre los jóvenes. Con esto no quiero decir que no haya habido mucha gente que valore bien la evolución de la economía —de ahí el 29-30 % de votos que hemos obtenido—, pero hemos sido incapaces de atraer a la otra parte de la sociedad, que es la que te da las mayorías potentes. Y hemos sido incapaces porque un Gobierno, aun en las peores circunstancias, tiene que ejercer el liderazgo político e ideológico

Y el síntoma más evidente de esa decadencia política e ideológica es el intentar constantemente adelantar a la izquierda por la izquierda, el miedo a los titulares de prensa, el miedo a ser «de derechas», el miedo al discurso enérgico. En definitiva, ese centrismo acomplejado que intenta competir con los populistas en eso, en populismo. Un centrismo que equivale, en el toreo, al diestro que, en lugar de plantarse en los medios y mandar con la muleta, se pasa la faena correteando alrededor del toro.”

La causa principal de la decadencia de los partidos de derecha en España es que no son de derecha. La mayoría silenciosa, la gente de sentido común, se ha quedado sin voz y sin representación política porque todos los partidos están ocupados apaciguando o complaciendo al mismo grupo de personas, a la izquierda cada vez más radical. ¿Quién quiere votar a un partido timorato que sólo se desmarca de ese grupo en el tema de los impuestos? No tienen nada más que ofrecer.

La raiz del problema viene todavía de más atrás. En una democracia, que es uno de los sistemas políticos más mediocres, la clase política está en un perpetuo concurso de popularidad y sus líderes abandonan cualquier convicción para acomodarse a la moda de turno si creen que eso se va a traducir en un mayor número de votos. Los asesores de los políticos de derecha se informan en la televisión y en la prensa, medios tomados por la izquierda o peor aún, se informan en twitter que está tomado por la minoría dentro de las minorías y creen que esa imagen distorsionada es la realidad, que eso es lo que quiere la gente.

El ciudadano que ni sabe lo que es Twitter ni tiene tiempo para eso porque está trabajando para mantener a su familia está en manos de políticos que se fían de publicistas, que lo mismo les dicen qué decir mañana en base a algo que vieron en Twitter la noche anterior, que hacen un anuncio de Vodafone. La gente común, la mayoría, quiere a un líder de verdad, alguien que no esté pagado por nadie, que de la cara y no se asuste con lo que vayan a decir de él en Twitter o en la tele. Que defienda sus ideas y sea consecuente con ellas.

Un ejemplo de esto que estoy contando es Donald Trump. Una persona, no un equipo de publicistas. Nadie está financiando su campaña. Sus ideas son de sentido común y las urnas dicen que la gente confía en él.

Los medios le tienen la guerra declarada, desde luego, los titulares dicen que es el candidato más odiado, que la moda de Trump se agota, que nadie le va a votar. Si te guías por los medios o por lo que la gente dice en Twitter tienes que concluir que Trump va a perder. Pero si en lugar de eso te trasladas a la realidad ves que la mayoría de la gente de la calle le ha votado en las urnas, que es el líder indiscutible del GOP, y no parece que la cosa vaya a cambiar.

Lo que me sorprende de este capítulo del libro de Esperanza Aguirre es que a pesar de que parece identificar correctamente cuál es el síntoma, a la hora de dar las soluciones parece que da las soluciones para problemas totalmente diferentes:

“Por eso creo que quienes desde el PP hablan de «nuevos PP» o de «viajes al centro», en realidad lo único que están haciendo es aceptar pasiva e ingenuamente que el centro se ha corrido hacia la izquierda colectivista delante de sus propias narices. Y, al mismo tiempo, declaran, por la vía de los hechos, que no están dispuestos a hacer nada por evitarlo, sino, más bien, que están dispuestos a sacar todo el provecho que puedan de la nueva situación.
De ahí que insista en la urgencia, no de renovar nuestras ideas, sino más bien de aprender de nuestros errores y de nuestras omisiones para reafirmarnos en aquello que siempre ha dado buenos resultados: más libertad individual, más España, menos burocracia y menos impuestos.

La solución que ofrece es bajar los impuestos, intentar eliminar la burocracia, que son dos temas prácticos, y por otro lado aumentar las libertades individuales que es su reivindicación ideológica. Es decir, considera que la respuesta es más liberalismo, es regresar al modelo primigenio del PP.

El modelo liberal está muy bien en épocas de paz y de tranquilidad. Es lo ideal si tienes un país sólido, si cuentas con un pueblo unido, homogéneo, con fronteras definidas, con independencia y autonomía, y una cultura arraigada. Pero cuando tienes un país cuya unidad está en peligro, que está en riesgo de disolverse, no solamente en lo territorial sino sobre todo en lo cultural, la solución no pasa por más libertad individual. La solución no pasa por el repudio del colectivismo. Porque aunque pese, cuando las cosas están mal, el espíritu colectivista es lo único que protege la identidad del grupo.

En el primer escenario, en épocas de paz, el liberalismo es útil. Si hay un fuego en la cocina puedes intentar apagarlo con un cubo de agua. Útil. Apropiado. Proporcional. Pero si lo que ya está ardiendo es el edificio entero la solución no es ir a buscar un cubo de agua. Un cubo de agua no va a apagar el incendio, no va a salvar a tus vecinos ni va a resolver el problema. Es una solución inadecuada por insuficiente. Eso es el liberalismo hoy.

Probablemente el problema sea enfocarse en el partido en lugar de enfocarse en el país. El problema no lo tiene el PP. Ni Ciudadanos. Ni Vox. El problema lo tiene España. El vacío ideológico de la derecha es un síntoma de la enfermedad del país, y de Europa en general, que es la invasión marxista de todas sus instituciones, la hegemonía del marxismo en la educación y en los medios de comunicación.

Hoy el marxismo es tan prevalente en la cultura que ha sustituido a la realidad en la mente de muchos españoles. Si paras a un español cualquiera en la calle y le preguntas qué es el marxismo la respuesta que te va a dar probablemente sea de tipo económico o político, pero jamás te hablará de la cultura porque la gente no comprende que ante todo el marxismo es un racimo de ideas sobre el mundo diseñado con el único propósito de debilitar las bases de nuestra sociedad. Por eso aunque un español vote al PP su cultura y sus ideas pueden estar alineadas con el marxismo. Es incapaz de verlo porque para él sus ideas marxistas no son marxismo, son la realidad. Es una ideología tan prevalente que ha sustituido la realidad y el sentido común.

Esto es posible gracias a que la derecha abandonó la batalla cultural hace mucho. La gente no sabe realmente qué es lo que propone la derecha o por qué son válidas las tradiciones sencillamente porque no han escuchado esa versión jamás. Si la derecha hiciese su labor y recuperase los espacios culturales la gente se daría cuenta y entendería la realidad. No es difícil convencerlos porque sus convicciones son débiles, la misma gente que hace 10 años se manifestaba con las manos blancas en contra de la ETA hoy defiende a los mismos asesinos de ETA llamándolos “presos políticos”. Esto es tan real que estoy segura de que conoces personalmente a más de una persona que en su día estuvo en una plaza con las manos blancas en alto manifestándose y hoy está haciendo chistes, trivializando a ETA y lavándoles la cara. La gente hoy no necesita partidos políticos sino a alguien que les explique la realidad y a un líder al que seguir. La primera persona que lo proporcionase se quedaría con todo.

Locas del coño

April 10th, 2016

Estaba leyendo este estudio que señala que las religiones monoteístas comparten las mismas actitudes hacia la sexualidad porque son sistemas de garantía de la paternidad. Las religiones son la solución cultural a un problema biológico, al hecho de que solo la mujer tiene la seguridad de que el hijo que tiene es suyo. Resolverlo es importante porque de eso depende que un padre se involucre en la crianza de su hijo.

Un padre que está seguro de que su hijo es suyo, se involucra en su crianza. Un padre que no está seguro si el hijo de su mujer es suyo o no, difícilmente destinará recursos, esfuerzo y tiempo en protegerlos. A corto plazo la consecuencia directa de esa incertidumbre es la creación o la ausencia de la estructura familiar. A largo plazo de eso depende la civilización en su conjunto.

El estudio prueba que las diferentes religiones monoteístas funcionan como funcionaría hoy un test de ADN solo que a priori. El estudio es muy interesante pero no me voy a extender porque aunque me gusta hacer rabiar a los ateos, no es de esto que va el post de hoy. Si quieres leer el estudio puedes hacerlo en este enlace.

El hecho es que me topé con este párrafo mientras lo leía:

“Los Dogon no utilizan métodos anticonceptivos y el 83% de sus mujeres son muy fértiles (entre 7 y 13 bebés vivos). La duración mediana de la amenorrea es de 20 meses y la menstruación es un raro evento seguido rápidamente de otro embarazo.”

Hasta ahora no lo sabía, pero durante la lactancia las mujeres no ovulan, ni menstrúan si dan pecho ininterrumpidamente. Si una mujer queda embarazada son 9 meses sin regla, seguidos de 20 meses más de amenorrea, es decir, casi dos años y medio sin ciclo menstrual. Hay que admirar la belleza del cuerpo humano que es capaz de darle a la madre un respiro y que evita que el bebé tenga que competir con otro por los mismos recursos.

Ahora imagina por un momento que vives en una dimensión paralela, un mundo alternativo en el que el feminismo nunca existió, nadie ha escuchado hablar de la liberación femenina, de las mujeres independientes, ni de la empoderación. No existen los métodos anticonceptivos, nadie tiene sexo fuera del matrimonio y la gente mantiene aún la estructura social que tuvo la civilización durante los últimos 2 mil años.

En este mundo alternativo la tecnología es la misma que tenemos hoy, las ciudades son exactamente iguales, tenemos teles y iPads, tenemos internet y viajamos en avión. La única diferencia es que las mujeres no trabajan, no tienen carreras ni van a la universidad. La educación femenina se enfoca en el placer, en los sentidos, y se aprende en círculos ínter-generacionales de mujeres que enseñan a las más jóvenes todo lo que necesitan saber para triunfar en ese mundo: cómo llevar un hogar, cómo cuidar de los hijos, cómo complacer a su marido, cómo ser guapas.

Las mujeres se casan muy jóvenes, a partir de los 15 o 16 años y como no existen métodos anticonceptivos quedan embarazadas de inmediato. Una vez embarazadas no vuelven a tener la regla durante dos años y medio. Pasado el tiempo de lactancia vuelven a quedar embarazadas rápidamente. El ciclo menstrual no es realmente un ciclo, ni es importante, porque ocurre poco.

Una mujer de ese universo paralelo, a la edad de 30 años posiblemente tendría alrededor de cinco hijos, un matrimonio estable, y la regla sería una anécdota, algo que le ocurrió una vez, no lo recuerda muy bien. En nuestra cultura, sin embargo, una mujer de esta generación con 30 años ha tenido la regla unas 196 veces, no tiene hijo alguno ni marido conocido, toma un cóctel de pastillas anticonceptivas y antidepresivos, y aunque tiene muchos títulos universitarios porque pertenece a la generación más preparada, se acaba de enterar que durante la lactancia no viene la regla. Como profesional le va bien, tiene un trabajo de oficina que se ganó después de pasar media década de becaria y en el que le pagan 600 euros. Pero es una mujer empoderada, independiente, y realizada.

La tragedia moderna concluye cuando la mujer independiente alcanza la edad de 45 años, sin hijos y sin marido, su belleza se marchita y con ella se le termina su carousel de eat-pray-love. Se termina también la atención de los hombres, la ristra de beneficios propios de su sexo, su mejor arma para negociar, y lo único que le espera es una larga vida en soledad. Más le vale que su carrera haya merecido la pena, que su jefe se jubile a tiempo para que pueda ascender, y que su trabajo la satisfaga, porque será su único consuelo.

Mientras tanto lo de la regla como excepción o como regla puede parecer una tontería, pero es importante. Si eres mujer y sufres de ansiedad lo mejor que puedes hacer es anotar en un diario tu humor cada día. Anota antes de dormir si durante el día te sentiste calmada, ansiosa, nerviosa, preocupada, motivada, feliz, etc. Después de cinco o seis meses puedes buscar en las páginas de tu diario si existe alguna tendencia. Te adelantaré algo que no te esperas: los días de ansiedad coinciden en la mayoría de los casos con la fase lútea de tu ciclo menstrual. Los días de calma, alegría y alta motivación suelen coincidir con la fase folicular. Cada una dura 14 días más o menos.

Lo que quiere decir que las crisis de locura y cambios de ánimo no son solamente producto del “síndrome pre-menstrual” sino que es una realidad de todo el ciclo. El estrógeno que es la hormona que produces los primeros 14 días de tu ciclo y que preparan a tu cuerpo para la ovulación te hacen sentir feliz, calmada, motivada, y con energía. La progesterona que prepara tu cuerpo para la regla durante los siguientes 14 días te hace sentir deprimida, ansiosa, de mal humor, y hace que tu cerebro actúe de manera más lenta.

Creas en el diseño inteligente o en la evolución, el cuerpo de la mujer no está pensado para tener la regla una y otra vez de forma consecutiva y sin interrupción durante toda tu vida. Se supone que la regla es un evento que ocurre cada dos años entre un embarazo y otro. Este ciclo de hormonas al que nos sometemos todos los meses en nombre de la empoderación nos hace unas locas del coño. La mitad del mes las mujeres somos incapaces de tomar decisiones, de ser consecuentes, de pensar con la cabeza, de mantener la calma. Sufrimos de desórdenes alimenticios, depresiones, cuadros de ansiedad, y paranoias varias. Las feministas culpan al Patriarcado. La causa real son las hormonas.

El feminismo ha hecho creer a las mujeres occidentales que el sexo es un constructo social, que las diferencias entre los hombres y las mujeres son cosméticas. No es verdad. El sexo es una realidad biológica que afecta cada célula de nuestro cuerpo. Los roles sexuales no son producto de la cultura, sino de la biología. Si existe el Patriarcado es el resultado de nuestra biología y cambiarlo es primero imposible y segundo estúpido.

Por esa razón el feminismo no lucha en contra del machismo ni en contra del Patriarcado, la lucha real del feminismo es en contra de la feminidad, en contra de todas las diferencias que nos hacen ser mujeres y no hombres. La lucha feminista se basa en intentar hacer de la mujer un hombre y nunca seremos mejores que los hombres en la masculinidad.

La guerra del feminismo en contra de la feminidad es total. En el área sexual el feminismo busca igualar la sexualidad femenina con la masculina castrándola en el proceso. Las relaciones sexuales son solamente un detalle dentro de la rica vida sexual de la mujer. La sexualidad femenina incluye la gestación, el parto, y la lactancia. Pero las feministas reducen la sexualidad femenina a la regla y a follar que son los dos temas que las obsesionan, porque ese es el equivalente a la sexualidad masculina que se limita únicamente a follar y eyacular. La sexualidad femenina es más rica, es más compleja, y su conclusión natural es una nueva vida. Ni en ese último punto ceden las feministas y por eso defienden el aborto y los anticonceptivos.

En lo cultural la guerra es en contra de todos los valores de la feminidad que son la belleza, la juventud, el reposo, la sensualidad (una concepción del mundo basada en los sentidos a diferencia de la concepción masculina que se basa en la razón), la maternidad, y el hogar. Las feministas repudian todos los valores tradicionales de la feminidad, y se llevan por delante a los siglos de sabiduría de nuestras antepasadas en el proceso.

El feminismo, en resumen, envidia la masculinidad y por eso sacrifica la feminidad y a los hombres. Pretende eliminar la feminidad, apropiarse de la masculinidad y suplantar a los hombres. El resultado es un abandono de los roles femeninos y un enfrentamiento entre los hombres y las mujeres que es imposible de resolver porque hace que las mujeres compitan por los roles masculinos y los hombres, que son biológicamente incapaces de adoptar el rol femenino por excelencia, se sienten redundantes.

No existe ninguna otra ideología en la historia con la capacidad que tiene el feminismo de destrozar las familias y evitar que se creen familias nuevas. Con el feminismo ni siquiera es necesaria la garantía de la paternidad para mantener la estructura familiar porque se han dado a la tarea de convencer a las mujeres de que no desean tener hijos con nadie, les ha dado píldoras de hormonas que suprimen la ovulación, las ha convencido de que “el ciclo menstrual” es lo normal y el embarazo es la anomalía, y en resumen, las ha convertido en locas del coño cuya compañía es desagradable porque nadie les enseñó que ser complacientes es mejor que ser amargadas, que tener el pelo limpio es mejor que tenerlo sucio, y que tatuarse y decir palabrotas es cosa de marineros y ex-presidiarios, pero no de mujeres.

Judíos: ¿por qué los odia tanto la derecha como la izquierda?

April 6th, 2016

No soy la primera, es verdad. El tema del antisemitismo cansa y posiblemente esté todo dicho, pero hoy he querido contar mi punto de vista nada oficial y poco ortodoxo sobre la razón por la que nos odian desde ambos extremos del espectro político.

No soy libertaria

April 2nd, 2016