Cómo lidiar con gente de mierda
by Yaya.
Tuve una epifanía una vez, una especie de revelación. Cuando la recibí me cayó como una patada al cráneo por lo poderosa que es la idea.
Un flashback: estoy en el estacionamiento de una clínica. Mi madre me ha traído al dentista. Damos vueltas un buen rato buscando sitio sin éxito así que bajamos al último sótano para aparcar y lo hacemos sin problema. 45 minutos después salgo de mi consulta. Nos encontramos con que en ese tiempo el estacionamiento se ha llenado por completo. Lo que es peor: un hijo de puta estacionó su Impala verde delante de nuestro coche y no dejó la llave.
Tenemos más coches a ambos lados así que es imposible maniobrar para salir. Por suerte uno de los hombres del valet parking reconoce el Impala, pertenece a uno de los médicos de la clínica. Lo llama por teléfono. La respuesta del médico es de campeonato: no piensa bajar, no es su problema. Mi madre intenta llamarlo de nuevo varias veces en las 2 horas que estuvimos esperando en el sótano, pero la secretaria no le pone con el doctor por nada del mundo. Estamos atrapadas.
No fue en ese momento cuando tuve la revelación, fue años más tarde, pero cada vez que pienso en el tema recuerdo esta escena: con una llave en la mano me acerco al Impala verde y lo rayo. No es una simple rayita, este tipo de cosas hay que hacerlas a lo grande. Le rayo el coche de arriba a abajo: un paisaje romántico de un lado (dunas de arena, el mar, el atardecer, dos palmeras) y naturaleza muerta del otro. (Piñas, uvas, manzanas etc.) En el techo le rayé un tema abstracto. Como tengo tiempo de sobra le hago hasta sombreado.
El mundo está lleno de hijos de puta. Del tipo de personas que te tratan mal sin razón alguna. No importa lo que les digas, es imposible hacerlos razonar. Estoy segura de que sabes de lo que hablo, seguramente has estado alguna vez en una situación parecida. Te puede haber pasado en una tienda con una dependienta, o con un perfecto extraño en la cola del supermercado. Los conductores, por ejemplo, suelen ser hijos de puta sin importar si lo son o no fuera del coche. Es sentarse al volante y transformarse.
La epifanía:
1) El mundo está lleno de hijos de puta. Por lo tanto, si me cruzo con uno, no es motivo de sorpresa, ni de rabia o frustración.
2) Solamente hay dos tipos de hijo de puta:
Uno es la persona normal que ha tenido un mal día. Yo he tenido malos días muchas veces. En este caso lo que esa persona menos necesita es que yo responda a su agresividad con más agresividad.
O puede ser que se trate de un hijo de puta verdadero. Una persona que merece que le griten, que lo golpeen y que lo pongan en su sitio. Pero, y aquí viene la parte más interesante, ese no es mi trabajo. Lleno como está el mundo de hijos de puta, sólo es cuestión de tiempo para que este hijo de puta se cruce con otro hijo de puta de igual calibre y se den su mutuo merecido. El mundo es hermoso en su perfección.
Como resultado de esta epifanía me di cuenta de que puedes NO REACCIONAR ante los demás. Es una opción factible. Estás en una situación desagradable y tú decides simplemente NO REACCIONAR. No pelear, no dar explicaciones, no disculparse, nada. Puede que esta idea suene obvia, y quizás lo sea para la mayoría de la gente, pero no tenéis ni idea de lo que significó este descubrimiento para mí. Hasta la fecha yo pensaba que uno debía hacerse respetar: yo rayaba coches, armaba revueltas, y en el cuarto año de bachillerato le pegué un puñetazo en la cara a la hija del rabino. Así que esta epifanía me liberó de un peso grande y me elevó a un nuevo plano, una especie de estado zen en el que puedo elegir cuándo involucrarme en una situación y cuando dejarla pasar.
Pero mi epifanía tiene sus límites. Funciona muy bien con los desconocidos, pero no es útil para lidiar con la gente más cercana. Quienes te rodean te conocen, es muy difícil ignorarlos, los intercambios no suelen ser frontales, quiero decir que las transacciones personales son mucho más sutiles cuando hay confianza. Eso no significa que las agresiones me hagan sentir menos mal, de hecho la fuente de la mayor parte de mis frustraciones está ligada a la gente más cercana: vecinos, amigos, familiares, etc.
Otra limitación es que es una idea que se practica en lo negativo, se trata de “dejar de hacer algo” cosa que no ayuda mucho si lo que buscas es mejorar una relación. Yo quería, por ejemplo, aprender a llevarme mejor con gente a la que veía a diario en la universidad. Porque para ser franca debo decir que cuando he estado en contacto con grupos grandes de personas no suelo sentirme muy a gusto. No soy del tipo de persona que se lleva bien con todos por naturaleza, y creo que le caigo mal de entrada a mucha gente.
Mi madre tenía un asesor de imagen que me dijo que a veces la gente se siente incómoda cuando están con alguien que es muy distinto de ellos. Agregó que si quería caer bien tenía que aprender a actuar con un perfil más bajo: sonreir mucho, no decir nada negativo y evitar el humor inteligente. Había muchos consejos más en la lista pero no entraré en detalles. Me parecieron consejos sensatos así que decidí ponerlos a prueba. En poco tiempo empecé a notar un cambio. La actitud de la gente hacia mí se estaba transformando. No es sólo que la gente a la que le caía mal ahora parecía odiarme, sino que la gente a la que solía caerle bien ahora me evitaba. Y yo, que pensaba que cambiar esas cosas no pondría en riesgo mi respeto por mi misma, descubrí que me había equivocado. Sentí que yo misma estaba pisando mi propia personalidad.
Pero dar marcha atrás fue complicado. La actitud no es un sombrero que te pones y te quitas a placer. Crees que estás transformando tu actitud, pero en realidad la actitud te transforma a ti. En poco tiempo ya no sabes donde terminas tú y dónde empiezan los consejos que te dieron. La identidad es algo poroso, frágil y es tan importante que hay que ser muy delicado con ella.
Total que en ese estado de cobardía psicológica pensé que quizás sería una buena idea buscar un sistema para clasificar a la gente. Pensaba que eso me permitiría detectar las personas con las que tenía una afinidad natural. Después de consultar con un especialista (Google) descubrí que la historia ha estado llena de gente que ha llegado a la misma conclusión que yo. Es probable que Hipócrates, por ejemplo, le cayera mal a media Grecia porque estaba muy interesado en el tema. Estudió el temperamento y dividió a las personas en 4 grupos: sanguíneos, melancólicos, coléricos y flemáticos. Cada temperamento era producto de líquidos vitales (o “humores”) del cuerpo humano. Antes de que descartes sus ideas por arcaicas, ten en cuenta que Pavlov estuvo de acuerdo con su teoría pero cambia la causa, según Pavlov existen 4 tipos de sistema nervioso que concuerdan con los 4 tipos de temperamento de Hipócrates.
Hay muchas teorías más, en los últimos dos siglos con el auge de la psicología se propusieron varios modelos. A mí el que más me gustó fue la teoría de la personalidad de Jung y el test que desarrollaron a partir de ella: el MBTI de Myers Briggs. Para él existen 4 variables en la personalidad y la forma en que se ordenan y se orientan esas variables produce 16 tipos distintos de personalidad. Leí mucho y después de considerarlo largamente llegué a la conclusión de que posiblemente el perfil en el que mejor encajo sea el del INTP pero nunca me quedó claro. Es una herramienta muy divertida, el modelo es lo suficientemente simple como para meter a casi cualquier persona en uno de los 16 tipos aunque nunca los definirá por completo, pero hey, por eso es un modelo de la realidad y no la realidad como tal, su función es resumirla, si crearan un tipo diferente para cada persona que existe no tendría mucho sentido como herramienta. Pero aunque me divertí mucho haciendo que todos mis amigos realizaran el test, eso no me hizo llevarme mejor con nadie.
Después de darle muchas vueltas al tema, concluí que el único modelo útil como punto de partida para clasificar a los demás sería un modelo diseñado desde mis propias necesidades. Quiero decir, que basarte solo en la personalidad para clasificar a la gente es tan infantil como basar una amistad en gustos musicales. A ver si me explico, todos los modelos externos a mí me son inútiles porque ubican al otro como sujeto principal de la interacción. Si estudio a la gente a través del modelo de Jung tengo que estudiarlos desde su perspectiva personal y entonces amoldarme yo a ellos. Eso es poco natural, inútil, consume demasiada energía y no produce buenos resultados. La idea es clasificar a la gente partiendo desde lo que te funciona a ti y a tu paz mental. Tanto de la Ética a Nicómaco de Aristóteles, como de los sutras de Patanjali se puede extraer esta clasificación de la que voy a hablar a continuación. Así que mi idea no es nueva ni revolucionaria, pero eso no significa que no funcione, la he escogido por encima de las otras formas de clasificación porque parten de la ética, de cómo actuar frente a ellos. Obviamente, puede que existan mil tipos de persona diferentes que no entran en esta clasificación, estoy segura que si te fijas con el nivel de detalle necesario cada persona es distinta. Pero estos 4 tipos sí son los que representan una amenaza a la paz mental.
1) Gente feliz
La gente cree que el carácter de una persona se mide por las cosas que hace por los que son menos afortunados que él. Angelina Jolie, por ejemplo, es buena porque cuida a los niños pobres de Nepal. Pero la verdadera prueba de carácter no es esa, el carácter de una persona se mide en lo que hacen frente a los que son más afortunados que ellos.
La reacción ante una persona feliz es siempre parecida. Uno puede creer que alguien es feliz sólo porque tiene cosas que nosotros no tenemos. El Éxito básicamente. Nuestro sentimiento hacia ellos se podría calificar de resentimiento. Es un reflejo natural. No digo que todo el mundo lo tiene pero sí que es muy frecuente. Si la persona en cuestión es realmente feliz o no, es irrelevante, para propósitos de esta clasificación basta con que creamos que lo es.
He estado muchas veces en esa situación. Ves al otro y piensas: no entiendo qué hizo para merecerlo, yo soy mucho mejor y una retahíla de mensajes parecidos. Si esa persona no es muy diferente de ti, si consideras que está a tu nivel, entonces lo catalogas de hipócrita, de falso o de mediocre. De que sonríe demasiado y eso no es normal. Porque si tenemos el valor suficiente para admitir que quién está a la par de uno es capaz de ser feliz, todas las excusas para ser miserable quedan en evidencia.
Pero es imposible vivir en paz a menos de que logres sentirte GENUINAMENTE FELIZ por ellos. Esto lo sé por experiencia propia. Ser feliz es tan difícil, requiere un compromiso tal, que quienes lo consiguen no es solamente por suerte. Alegrarse por ellos es algo que necesitamos y no por altruismo o por moral, sino por tu propia salud mental. Si logras sentirte feliz de verdad por alguien que es feliz, es porque has asumido que la felicidad es una meta posible de alcanzar. Has aprendido que su felicidad no disminuye la tuya. Que la felicidad no es un pan que se comparte y te puedes quedar sin tu trozo. Te has bajado exitosamente de la rueda del hamster. Así que hay que aprender a alegrarse de verdad por los demás. Esta actitud no es fácil de mantener y creo que para hacerlo hay que ejercitarla a diario: dedicar unos momentos cada día a sentirse feliz por las personas felices que uno tiene alrededor. Cultivar sentimientos de amistad hacia ellos. Si me descubro pensando cosas negativas sobre ellos me gustaría aprender a frenarlo antes de que la envidia y los celos me dominen.
2) Gente que sufre
Hay gente que sufre de forma gratuita, esa gente que cree que sufrir es noble. Pero también hay gente que está sufriendo de verdad. Sufren porque tienen problemas que no saben manejar. Quizás sea porque no pueden aceptar que ciertas cosas escapan de su control. Están peleados con la realidad. Sus problemas son reales porque así los sienten. Yo he sufrido en el pasado, he estado triste y hasta deprimida. A veces mueren personas que te importan, a veces las cosas no funcionan como tú querías, y todo eso te hace sufrir. Así que la mejor actitud frente a gente que sufre es la compasión equilibrada. Identificarse con sus sentimientos sin perder la perspectiva.
A lo que me refiero con eso es que si una persona cercana está sufriendo, muchas veces nuestro reflejo es tratar de “salvarlo” de su situación. Pero tratar de cargar el peso de una persona que sufre es una tarea que no le deseo a nadie. Es imposible sacarlos de su problema porque aunque puede que sean circunstancias externas, están también en su interior. Conviene comprender que cada quien es el único responsable de su propio bienestar. Pero eso no significa que no puedas echarle una mano. Comparte si puedes, ofréceles tu compañía y tu consejo, pero guarda distancia emocional.
3) Gente buena
Hay gente que es buena. Hacen cosas de forma desinteresada. Realmente existen. A veces cuando alguien me ofrece ayuda de la nada yo dudo de sus intenciones. ¿A qué viene tanta amabilidad? Pero en el fondo me gustaría ser capaz de ser buena como un impulso natural. En inglés tienen un adjetivo mejor para describir a este tipo de persona y es “kind”. Una persona que posee “kindness” se regocija en la amabilidad. Es una bondad de carácter, una bondad natural. No hay esfuerzo detrás de sus acciones y por lo tanto no es un sacrificio, no esperan nada a cambio. A mí me gustaría ser un poco más así. Una práctica buena es apartar un momento del día para recordar a las personas que son buenas contigo en tu vida y sentir agradecimiento hacia ellos. Cultivar hacia ellos la buena voluntad.
4) Gente de mierda
El tiempo que podemos pasar obsesionados con gente de mierda es increíble. Gastamos saliva, tiempo, energía y espacio mental en ellos. Son la principal causa de que se malgasten neuronas en todo el mundo. La gente de mierda pocas veces está conciente de que son gente de mierda. Por lo general creen que son gente buena, o gente que sufre. Pero no. Son gente de mierda y ya. Y no son los hijos de puta de los que hablaba al principio de este post, aunque muchas veces los dos grupos se solapan. Cuando hablo de gente de mierda me refiero a gente cercana.
La gente de mierda te hará daño sólo porque sí. Porque pueden. No entienden la situación, no aceptan razones, no les importa. Si son muy cercanos a veces ni siquiera te das cuenta del daño que te hacen. Empleas tu energía en buscar excusas para sus actitudes. Pero reconocerlos es fácil: son las voces que escuchas en tu cabeza cuando das vueltas en tu cama intentando dormir y no puedes. En tu cabeza te gritan, y tu les gritas, y ellos vuelven a gritarte y tú a ellos, todo el día, toda la noche, todos los días. Es una pelea contínua con la gente de mierda en tu propia cabeza. Otra forma de identificarlos es cuando reconoces que cada vez que interactúas con estas personas terminas sintiéndote mal contigo mismo. La gente de mierda te juzga, te hace sentir culpa y vergüenza por ser quien eres. Ellos creen que están haciendo lo correcto, que están cumpliendo con un deber moral. Tú sabes de quiénes te estoy hablando, lo sabes porque seguramente tienes a 10 o 20 personas así en tu vida. Familiares, amigos, un jefe, un conocido, un ex, un compañero de trabajo, da igual, tú sabes quiénes son.
Cuando te das cuenta de la verdad todo cambia. The truth will set you free, but first it will piss you off. Una vez le escribí un email a una persona que consideraba mi amiga diciéndole lo importante que era su amistad para mí. Como respuesta recibí un email de 6 párrafos detallando todas las formas en las que yo la había ofendido a lo largo de nuestra amistad. Son gente de mierda. No importa lo que tú hagas por complacerlos o por mejorar la relación, la gente de mierda no cambia. Nunca serás suficiente para ellos. Son incapaces de afrontar sus propias responsabilidades y cargan a los demás con el peso de su infelicidad. Y tú no puedes evitar sentirte mal y fantasear con mandarlos a la mierda de donde salieron, pegarles un puñetazo en la cara o publicar sus más terribles secretos en internet.
DETENTE.
Sólo existe una forma de lidiar con las personas de mierda: IGNORARLOS POR COMPLETO. No les hables, no les escribas, no pienses en ellos, no gastes ni un solo minuto de tu día en eso. Lo más importante de todo es no criticarlos, ni en tu cabeza ni con los demás. No hables mal de ellos. No existen. Imagina que eres una sartén de teflón y que todo te resbala. Es la única forma de mantenerse a flote.
Es muy difícil cumplirlo a cabalidad porque hablar mal de los demás es una adicción y también porque dejarlo de hacer es un compromiso que hay que renovar a diario. Lo único que garantiza la paz mental es la repetición. Yo podría dedicar toda una noche a responder a la gente que me insulta en otros foros y blogs. Pero, ¿por qué voy a invertirla en eso cuando puedo invertirla en responder los emails de la gente que lee mi blog y que genuinamente me apoya? No tiene sentido y sin embargo muchas veces ese es el orden de nuestras prioridades. Quizás sea porque nos gustaría que la gente de mierda nos aceptara, que estuviera de acuerdo con nosotros y que nos quisiera. Estamos obsesionados con que nos den el visto bueno. Pero si yo intentara explicarle a estas personas por qué opino lo que opino o digo lo que digo, ¿acaso eso cambiaría algo? ¿Me escribiría alguno de ellos para decirme que estaban equivocados?, ¿que se dan cuenta de su error y ahora podemos ser amigos?. Eso no va a pasar. Ellos quieren pelear, y si te metes en la mierda con los cerdos tú te ensucias y los cerdos se alegran.
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