Las soluciones no fueron las adecuadas

April 11, 2016

El periódico digital Gaceta.es publicó un capítulo de “Yo no me callo”, el nuevo libro de Esperanza Aguirre lo puedes leer aquí. Lo estuve leyendo mientras desayunaba y aunque parece que Esperanza Aguirre opina lo mismo que digo yo en este vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=znfodsjgVPg a la hora de ofrecer soluciones se queda corta.

Es capaz de identificar el síntoma, la enfermedad que padece su partido (y todos los partidos timoratos de derecha en España) que han abandonado la batalla ideológica para enfocarse únicamente en lo económico y en lo práctico:

Por lo tanto, el discurso puramente económico, que el PP ha prodigado a lo largo de todo el año 2015 y en todas las Elecciones que se celebraron, la verdad es que no ha calado entre los jóvenes. Con esto no quiero decir que no haya habido mucha gente que valore bien la evolución de la economía —de ahí el 29-30 % de votos que hemos obtenido—, pero hemos sido incapaces de atraer a la otra parte de la sociedad, que es la que te da las mayorías potentes. Y hemos sido incapaces porque un Gobierno, aun en las peores circunstancias, tiene que ejercer el liderazgo político e ideológico

Y el síntoma más evidente de esa decadencia política e ideológica es el intentar constantemente adelantar a la izquierda por la izquierda, el miedo a los titulares de prensa, el miedo a ser «de derechas», el miedo al discurso enérgico. En definitiva, ese centrismo acomplejado que intenta competir con los populistas en eso, en populismo. Un centrismo que equivale, en el toreo, al diestro que, en lugar de plantarse en los medios y mandar con la muleta, se pasa la faena correteando alrededor del toro.”

La causa principal de la decadencia de los partidos de derecha en España es que no son de derecha. La mayoría silenciosa, la gente de sentido común, se ha quedado sin voz y sin representación política porque todos los partidos están ocupados apaciguando o complaciendo al mismo grupo de personas, a la izquierda cada vez más radical. ¿Quién quiere votar a un partido timorato que sólo se desmarca de ese grupo en el tema de los impuestos? No tienen nada más que ofrecer.

La raiz del problema viene todavía de más atrás. En una democracia, que es uno de los sistemas políticos más mediocres, la clase política está en un perpetuo concurso de popularidad y sus líderes abandonan cualquier convicción para acomodarse a la moda de turno si creen que eso se va a traducir en un mayor número de votos. Los asesores de los políticos de derecha se informan en la televisión y en la prensa, medios tomados por la izquierda o peor aún, se informan en twitter que está tomado por la minoría dentro de las minorías y creen que esa imagen distorsionada es la realidad, que eso es lo que quiere la gente.

El ciudadano que ni sabe lo que es Twitter ni tiene tiempo para eso porque está trabajando para mantener a su familia está en manos de políticos que se fían de publicistas, que lo mismo les dicen qué decir mañana en base a algo que vieron en Twitter la noche anterior, que hacen un anuncio de Vodafone. La gente común, la mayoría, quiere a un líder de verdad, alguien que no esté pagado por nadie, que de la cara y no se asuste con lo que vayan a decir de él en Twitter o en la tele. Que defienda sus ideas y sea consecuente con ellas.

Un ejemplo de esto que estoy contando es Donald Trump. Una persona, no un equipo de publicistas. Nadie está financiando su campaña. Sus ideas son de sentido común y las urnas dicen que la gente confía en él.

Los medios le tienen la guerra declarada, desde luego, los titulares dicen que es el candidato más odiado, que la moda de Trump se agota, que nadie le va a votar. Si te guías por los medios o por lo que la gente dice en Twitter tienes que concluir que Trump va a perder. Pero si en lugar de eso te trasladas a la realidad ves que la mayoría de la gente de la calle le ha votado en las urnas, que es el líder indiscutible del GOP, y no parece que la cosa vaya a cambiar.

Lo que me sorprende de este capítulo del libro de Esperanza Aguirre es que a pesar de que parece identificar correctamente cuál es el síntoma, a la hora de dar las soluciones parece que da las soluciones para problemas totalmente diferentes:

“Por eso creo que quienes desde el PP hablan de «nuevos PP» o de «viajes al centro», en realidad lo único que están haciendo es aceptar pasiva e ingenuamente que el centro se ha corrido hacia la izquierda colectivista delante de sus propias narices. Y, al mismo tiempo, declaran, por la vía de los hechos, que no están dispuestos a hacer nada por evitarlo, sino, más bien, que están dispuestos a sacar todo el provecho que puedan de la nueva situación.
De ahí que insista en la urgencia, no de renovar nuestras ideas, sino más bien de aprender de nuestros errores y de nuestras omisiones para reafirmarnos en aquello que siempre ha dado buenos resultados: más libertad individual, más España, menos burocracia y menos impuestos.

La solución que ofrece es bajar los impuestos, intentar eliminar la burocracia, que son dos temas prácticos, y por otro lado aumentar las libertades individuales que es su reivindicación ideológica. Es decir, considera que la respuesta es más liberalismo, es regresar al modelo primigenio del PP.

El modelo liberal está muy bien en épocas de paz y de tranquilidad. Es lo ideal si tienes un país sólido, si cuentas con un pueblo unido, homogéneo, con fronteras definidas, con independencia y autonomía, y una cultura arraigada. Pero cuando tienes un país cuya unidad está en peligro, que está en riesgo de disolverse, no solamente en lo territorial sino sobre todo en lo cultural, la solución no pasa por más libertad individual. La solución no pasa por el repudio del colectivismo. Porque aunque pese, cuando las cosas están mal, el espíritu colectivista es lo único que protege la identidad del grupo.

En el primer escenario, en épocas de paz, el liberalismo es útil. Si hay un fuego en la cocina puedes intentar apagarlo con un cubo de agua. Útil. Apropiado. Proporcional. Pero si lo que ya está ardiendo es el edificio entero la solución no es ir a buscar un cubo de agua. Un cubo de agua no va a apagar el incendio, no va a salvar a tus vecinos ni va a resolver el problema. Es una solución inadecuada por insuficiente. Eso es el liberalismo hoy.

Probablemente el problema sea enfocarse en el partido en lugar de enfocarse en el país. El problema no lo tiene el PP. Ni Ciudadanos. Ni Vox. El problema lo tiene España. El vacío ideológico de la derecha es un síntoma de la enfermedad del país, y de Europa en general, que es la invasión marxista de todas sus instituciones, la hegemonía del marxismo en la educación y en los medios de comunicación.

Hoy el marxismo es tan prevalente en la cultura que ha sustituido a la realidad en la mente de muchos españoles. Si paras a un español cualquiera en la calle y le preguntas qué es el marxismo la respuesta que te va a dar probablemente sea de tipo económico o político, pero jamás te hablará de la cultura porque la gente no comprende que ante todo el marxismo es un racimo de ideas sobre el mundo diseñado con el único propósito de debilitar las bases de nuestra sociedad. Por eso aunque un español vote al PP su cultura y sus ideas pueden estar alineadas con el marxismo. Es incapaz de verlo porque para él sus ideas marxistas no son marxismo, son la realidad. Es una ideología tan prevalente que ha sustituido la realidad y el sentido común.

Esto es posible gracias a que la derecha abandonó la batalla cultural hace mucho. La gente no sabe realmente qué es lo que propone la derecha o por qué son válidas las tradiciones sencillamente porque no han escuchado esa versión jamás. Si la derecha hiciese su labor y recuperase los espacios culturales la gente se daría cuenta y entendería la realidad. No es difícil convencerlos porque sus convicciones son débiles, la misma gente que hace 10 años se manifestaba con las manos blancas en contra de la ETA hoy defiende a los mismos asesinos de ETA llamándolos “presos políticos”. Esto es tan real que estoy segura de que conoces personalmente a más de una persona que en su día estuvo en una plaza con las manos blancas en alto manifestándose y hoy está haciendo chistes, trivializando a ETA y lavándoles la cara. La gente hoy no necesita partidos políticos sino a alguien que les explique la realidad y a un líder al que seguir. La primera persona que lo proporcionase se quedaría con todo.