Amor Fati

November 15th, 2012

En el instituto estaba convencida de que quería estudiar biología. Me imaginaba con una bata blanca en un laboratorio secuenciando el código genético. Así que cuando me tocó decidir qué carrera estudiar, eso fue lo que elegí.

Me fue bien. Tenía buenas notas. Hice muchos amigos. En el segundo año de la carrera empezaban las materias prácticas y aunque quise ignorarlo, la verdad es que no me gustó trabajar en el laboratorio. La biología me gustaba como teoría pero no necesariamente me gustaba aplicarla. Así que dejé la carrera.

Mi padre se enfadó. Lo que le molestó fue la idea de que yo estuviera “perdiendo el tiempo”. Para él el problema era que “perdí” un año estudiando una carrera que no quería, y tendría que “perder otro año más” aplicando a otra carrera por darme cuenta tarde. Para él eso significaba que estaba “dos años atrasada”.

No era la primera vez que escuchaba a alguien referirse a la vida de esa manera. Tengo una amiga que tiene 35 años y no se ha casado. El matrimonio es su tema de conversación favorito. Cada vez que la veo me dice lo mismo: que las mujeres tienen que casarse jóvenes porque es cuando pueden elegir con quién hacerlo. Que a medida que la mujer envejece los hombres “buenos” de su edad ya se han casado y los solteros “que quedan” no están interesados en salir con mujeres de su edad. Que los hombres mayores buscan mujeres más jóvenes que ellos. Para ella la vida es una especie de carrera, hay que ser veloz y ocupar los mejores puestos antes de que te los quiten.

Ambos, tanto mi padre como mi amiga, ven la vida como un proyecto que se planifica y se ejecuta. Lo que está detrás de esa idea es una visión particular del tiempo. La manera en la que creemos que el tiempo ordena la realidad. En nuestra cultura el tiempo es como una línea recta, lo entendemos como una línea del tiempo que tiene un pasado, un presente, y un futuro. Las cosas que ocurren son el resultado de una relación de causas y efectos.

En nuestra visión de tiempo lineal, el tiempo fluye en una sola dirección. El pasado es diferente del futuro y todo lo que hagas hoy tendrá un efecto en el mañana. Por lo tanto cada uno de nosotros es el actor principal de su vida y también su arquitecto porque con cada acción determina el resultado. Para el hombre occidental el destino no existe, en cambio existe la idea del libre albedrío.

No siempre entendimos el tiempo de esta forma. En el pasado el hombre estaba inmerso en la naturaleza, formaba parte de ella y dependía de su ritmo para sobrevivir. El hombre vivía de la recolección, de la caza, de la pesca, de la siembra, y de la cría. Algunas civilizaciones dependían del mar, otras de la tierra, pero todas necesitaban entender el tiempo de la naturaleza para poder sobrevivir.

El hombre antiguo observaba la tierra y aprendió a contar el tiempo en ciclos. Los períodos de fertilidad y abundancia se alternaban con los de infertilidad y sequía. Formaban un ciclo que coincidía con el ciclo del clima, con las estaciones. El mar también tenía su ciclo. Las mareas altas y las bajas se alternaban en una secuencia. Las estrellas aparecían y desaparecían en el firmamento en ciclos. La Luna crecía y menguaba, hasta las mujeres formaban parte de ese ciclo natural de la fertilidad en el que el mundo se destruye y se renueva.

Así que el hombre antiguo construyó su idea del tiempo a partir de los ciclos naturales. Creía que los eventos de la vida de los hombres, al igual que los de la naturaleza, tenían un ritmo, un patrón cíclico que se repetía una y otra vez. El tiempo del hombre primitivo era una rueda que giraba y sobre esa rueda las vidas de los hombres ejecutaban una y otra vez el mismo baile.

Del tiempo cíclico nace la idea del destino. Si el tiempo es una rueda que gira y lo que ocurre hoy es una repetición de algo que ha ocurrido mil veces en el pasado, y que seguirá ocurriendo de la misma forma en el futuro, entonces no hay mucho que una persona pueda hacer para cambiar el rumbo de las cosas.

Casi todas las culturas diferentes de la Occidental conservan esta forma de entender el tiempo. Los nativos americanos conciben el tiempo de forma circular y encuentran absurdo nuestro afán por medirlo, dividirlo y cuantificarlo. Los nativos americanos que viven de acuerdo con sus tradiciones rechazan la idea del reloj.

Los hindúes creen que el mundo es un ciclo de creación y destrucción. Creen que las almas reencarnan en nuevos cuerpos. Creen que la respiración es una expresión de ese ciclo eterno: con cada inhalación creas, con cada exhalación destruyes. Para los hindúes el tiempo es en sí mismo una deidad llamada Kalachakra que lo conoce todo, y su naturaleza está representada en la mandala, esa figura de círculos concéntricos.

La mandala no es la única representación del tiempo cíclico. Los calendarios de casi todas las culturas antiguas tenían forma de disco precisamente porque representaban esa idea del tiempo. El calendario maya es así, las mandalas son así, el símbolo budista del timón también es circular, pero quizás la más famosa sea la figura del ouroboros, esa serpiente que se muerde su propia cola.

El cambio de ese modelo de tiempo al nuestro fue producto del cristianismo. El judaísmo introdujo la idea de la creación. El mundo no había existido siempre, sino que fue creado, tuvo un único e inequívoco principio, que es el punto en el que comienza su historia y también el tiempo. Pero el cambio radical llegó con la figura de Cristo. Hasta entonces los dioses vivían separados del hombre, y tenían un tiempo propio que en nada se parecía al tiempo de los humanos.

Pero con Cristo fue Dios mismo quién se encarnó en un hombre. Dios nació, vivió, y murió como un hombre. Por primera vez la línea del tiempo de los hombres y la línea del tiempo divino se cruzaron y eso cambió por completo la idea que teníamos del tiempo.

A partir de Cristo existe un pasado (antes de Cristo) un presente (después de Cristo) y un futuro en forma de promesa (la segunda venida de Cristo). El tiempo pasó a ser una especie de flecha, una línea ascendente que se atravesaba en una sola dirección.

San Agustín escribió La Ciudad de Dios. En esa obra habla acerca de dos ciudades: el Reino de la Tierra, y el Reino de los Cielos que es el eterno destino de la sociedad cristiana, y en el que se encuentran todas las bendiciones y la felicidad divina. Para San Agustín el cristiano debía tener un objetivo en el mundo concreto: construir la Ciudad de Dios en la tierra a través de las enseñanzas del cristianismo para pertenecer al Reino de Dios en los cielos. San Agustin trazaba una línea hacia el futuro, ofrecía emprender un proyecto en el presente para alcanzar esa promesa de felicidad eterna.

Esa idea se llama proyecto histórico y aunque San Agustín fue el primero, en nuestra vida moderna tenemos el mismo mecanismo pero en una presentación secular. El comunismo, por ejemplo, también es un proyecto histórico. Existe la sociedad actual y la sociedad sin clases. El comunismo traza una línea hacia esa ciudad sin clases del futuro, y ofrece un proyecto en el presente para alcanzar esa promesa.

Nuestras vidas individuales también son un reflejo del proyecto histórico. El guión de la vida y todos los planes que hacemos se parecen a lo que planteó San Agustín. Estamos acostumbrados a imaginar un futuro maravilloso, a trazarnos una línea recta que va desde el presente hasta ese mundo que imaginamos, y después nos convencemos de que es solo cuestión de emprender un proyecto que lo convierta en realidad para vivir felices por siempre.

Esa es la base del guión de la vida, de nuestro modelo moderno. La escuela es un proyecto histórico: el futuro es esa vida maravillosa con un empleo seguro y una familia, sólo tienes que emprender este proyecto educativo en el presente para poder llegar hasta allí.

Es lo que está detrás de la idea del empleo: en el futuro podrás escalar dentro de la empresa, obtener un buen puesto de trabajo que sea lucrativo, podrás jubilarte con beneficios y no tendrás que trabajar más. Tu futuro será maravilloso, sólo tienes que emprender este proyecto en el presente. El empleo es un proyecto histórico.

Las hipotecas son proyectos históricos. Si obtienes esta hipoteca en el presente con estos intereses concretos en el mundo del ahora, en un futuro serás el dueño de tu propia casa, no tendrás que pagar más por tu vivienda, además se revalorizará y si algún día decides venderla no sólo vas a recuperar el dinero que has estado pagando todo este tiempo sino que además seguramente podrás venderla más cara de lo que te costó.

Casi todos los espejismos de la vida moderna, sus estructuras obsoletas, están basadas en una forma de entender el tiempo que no es consciente pero que lo baña todo: todo lo que hacemos, lo que sentimos, nuestras decisiones y nuestros planes están relacionadas con nuestra visión del tiempo lineal.

Ahora bien, da igual cuál es la realidad con respecto al tiempo. No importa cuál de las dos visiones es la más acertada desde el punto de vista científico, no es a eso a lo que me refiero. Da igual. Lo que importa es entender cuál es nuestra visión interior del tiempo, la que usamos para vivir, y cómo esa visión afecta todo lo que hacemos en nuestra vida. Muchas de nuestras frustraciones y deseos nacen de allí.

A diferencia del tiempo lineal, el tiempo circular es más benigno. En ese modelo el tiempo no comienza ni termina, solo fluye. En lugar de entender el tiempo como una línea, un segmento con un principio y un final, el tiempo circular lo entiende como un ciclo lleno de principios y finales que se repiten una y otra vez.

El sentido de la vida cambia si te trasladas a un modelo como este. El hombre que entiende el tiempo como un círculo no se plantea que lo que ocurre en su vida depende exclusivamente de sus decisiones, no se ve a sí mismo como un arquitecto de su futuro. No está obsesionado con el paso del tiempo y no considera que planificar más allá de lo inmediato es una actividad crucial.

De la misma manera, en el tiempo circular, el tiempo no es algo que se puede perder. El tiempo es abundante y nunca se termina. Simplemente está ahí, fluyendo constantemente, todo lo que tiene que ocurrir en la vida va a ocurrir en su momento sin necesidad de forzar artificialmente las cosas.

En el modelo circular el error no es garrafal. Un sólo error no anula tus futuras posibilidades, solo es parte de la vida. En el tiempo cíclico la vida es una secuencia de principios y finales, y no importa cuántos errores cometas siempre habrá un nuevo principio que traerá consigo la oportunidad de volver a empezar.

Si el tiempo es una rueda la vida no se entiende como algo que tiene un resultado. La vida no es una carrera. No es algo que debes ganar. La vida no se entiende como un triunfo o una derrota, sino como algo que simplemente es.

Pero eso no quiere decir que el modelo circular del tiempo no tiene puntos débiles. Para algunos creer en la idea del destino, así sea una idea de destino suave puede ser aterrador. Nietzsche decía que si te encuentras con un genio y ese genio te lleva aparte y te explica que después de la muerte lo que ocurre es que tu vida vuelve a empezar y debes vivirla exactamente igual, repetir las mismas acciones una y otra vez hasta el final de los tiempos, entonces sería muy difícil no morirse de asco.

El mito del castigo de Sísifo es un ejemplo de ese terror al destino cíclico del que hablaba Nietzsche. Sísifo quiso burlar a Hades y recibió un castigo eterno. Todos los días empujaba una enorme roca hasta la cima de una montaña, pero al llegar hasta ahí, la roca se deslizaba y rodaba hasta el pie de la montaña. Cada día Sísifo tenía que volver a empezar.

Para el hombre antiguo la única manera de aceptar el tiempo cíclico era rendirse ante él. Para poder vivir tenía que aprender a celebrar su propio destino que es al mismo tiempo su propia vida. Tenía que celebrarlo todo: lo bueno y lo malo. En latin hay una palabra para esa idea, se llama “Amor Fati” y significa “amor hacia el propio destino”. Amor Fati significa aceptar la vida con sus errores, con sus partes felices y sus partes amargas.

Amor Fati no es la idea de la tolerancia hacia el destino. Cuando hablamos de tolerancia lo que queremos decir es que hay algo malo, algo que no nos gusta, pero que debemos vivir con el disgusto, tenemos que “tolerarlo”. Amor Fati es aceptación. Es regocijarse en la vida con todo lo que en ella es necesario, incluyendo lo malo. Es aprender a amar lo que la vida te otorga. Aprender a no resistirse a lo que nos disgusta, no declararle la guerra a la aflicción ni al error. Se parece un poco a la idea de “no hay mal que por bien no venga” pero la trasciende.

La fórmula del Amor Fati es la siguiente: aprender a no querer cambiar nada. A no querer que nada sea distinto. Ni en el futuro ni en el pasado, ni en ningún punto de la eternidad. No es simplemente aguantar lo que no te gusta porque es necesario y mucho menos ocultar lo que te disgusta. Todos los idealismos son, al final del día, una forma de mentirnos a nosotros mismos para aceptar aquello que no podemos cambiar. Amor Fati no es recibir al mundo con idealismo, sino recibirlo con amor.

El tiempo circular y el Amor Fati te enseñan a aceptarte como eres, a vivir en el presente, y a celebrar cada cosa que la vida te ofrece sin pensar en el pasado ni pensar en el futuro, sin aprenderte de memoria un guión que alguien más inventó, sin atormentarte por el orden de la secuencia o el tiempo que inviertes en cada etapa. Es una manera de disfrutar la vida y de dejar a un lado todas las cosas que nos agobian.

El modelo del tiempo es sólo un fragmento del libro de La Vida Simple un libro que trata acerca de la crisis, los esquemas obsoletos, y cómo podemos plantearnos la vida de otra manera. El libro cuesta 15 euros, ha vendido más de 30 mil copias, si quieres saber más sobre él puedes leer el FAQ. O también puedes comprarlo directamente en paypal pulsando sobre este enlace.

Derechos y privilegios

October 19th, 2012

Esta es una compilación de algunos comentarios que puse en twitter y que produjeron un debate interesante. Si quieres seguirme en twitter pulsa aqui: @acapulco70

Ayer hablaba con una amiga francesa que lleva más de 20 años viviendo en Estados Unidos. Me dijo que en Francia la gente se comporta exactamente igual que en España. Que viven con la mano extendida.

En Francia, igual que en España, está mal visto tener un buen coche, y si quieres disfrutar de algo costoso mejor será que lo hagas a escondidas. Como pedir una botella de vino caro en un restaurante, hay quien pide al camarero que la envuelva en papel de aluminio para que el resto de los comensales no sepa que estás bebiéndotela.

Por eso mi amiga dice que jamás volvería a Francia porque allí aplauden que Hollande haya aumentado el impuesto a los ricos al 70%. Ella considera esto un problema de mentalidad.

Ella va a votar por Romney. Dice que lo más importante en este momento es la economía y la falta de trabajos. No entiende por qué las mujeres no quieren votar por él. Dice que las mujeres hacemos del aborto un tema demasiado importante, cuando solo es un detalle.

Yo, que soy pro-choice y partidaria de todo aquello que implique respetar la libertad ajena, me sentí intrigada por su argumento y le pregunté qué quería decir con que el aborto es un detalle.

Me soltó el típico sermón de todo conservador. Que sólo debería hacerse cuando el embarazo es producto de una violación, o cuando la vida del feto está en peligro, pero que no debería ser accesible a todo el mundo.

La misma persona que minutos antes se quejaba de los límites impuestos a la libertad individual por la mentalidad de la izquierda europea apoya causas que limitan la libertad en la vida privada de los demás. ¿No es igual de absurdo que limitar la libertad de los ricos y exigiéndoles que den más que limitar la de las mujeres exigiendo que se les prohiba el aborto?

Es igual de absurdo pedir que se le aumenten los impuestos a los ricos porque te parece que es “lo justo” aunque no te beneficie que pedirle al Estado que legisle sobre el útero de las otras mujeres o sobre quién puede casarse y quién no. Son todas violaciones a la vida privada, a los únicos dos derechos que tenemos: libertad y propiedad.

Yo no quiero que el gobierno se meta en la vida de la gente, ni en sus finanzas ni en sus decisiones. Lo que para ti es una “más justa distribución de la riqueza” es en realidad una imposición sobre la propiedad de otros.

Si quieres más oportunidades trabaja por ellas, pelea y lucha, como lo hicieron los antepasados de aquellos a quienes llamas ricos. ¿Por qué crees que un rico le debe más que tú a la sociedad? ¿Por qué un rico TE DEBE algo a ti?

La igualdad de oportunidades no garantiza nada. Ante el mismo escenario dos personas hacen cosas completamente diferentes.

Si tres personas no tienen nada y les das una naranja a cada una, lo que hace con ella es un problema de mentalidad. Dale una naranja a un pobre y se la come. Dale una naranja a uno de clase media y dividirá los gajos entre los meses del año para ahorrar. Dale una naranja a un rico: le quita la piel y las semillas, te vende la pulpa más cara, siembra las semillas, y con la piel se hace un té.

La naranja es la misma pero al cabo de un año el rico tiene una planta y tú no. ¿Es justo que te de el 70% de los frutos para distribuirlos entre quienes os comisteis la vuestra?

No siempre lo mejor es lo mejor

October 2nd, 2012

Lo que más me sorprendió del iPhone 5 es que pesa muy poco. Apple no lo sabe aún pero eso es un defecto. Es un defecto porque hasta ahora el peso del iPhone lo diferenciaba psicológicamente del resto de los móviles. Al coger un iPhone en la mano sabías lo que era, aún sin mirar. Y psicológicamente sentías que tenías en tu mano un objeto superior, hecho de un material especial, algo único, y no un simple gadget de plástico. Un teléfono ligero puede ser mejor, pero no siempre lo mejor es lo mejor.

En tecnología es fácil saber qué es lo mejor. En igualdad de condiciones es mejor tener un disco duro de 1TB que uno de 500 GB. En igualdad de condiciones cuanto mayor sea la resolución que soporta una pantalla, mejor. Una cámara de 12 megapíxeles es mejor que una de 8 si todo lo demás es igual, y menos peso en un teléfono es mejor porque es más cómodo de usar. En esa carrera juegan los teléfonos Android, los ordenadores PC, quién ofrece más que la competencia: más capacidad, más memoria, más resolución de pantalla, un procesador más rápido. Números que se ven bien en la caja, o cuando comparas las descripciones en el mostrador.

La carrera tecnológica no tiene fin, pero nuestras necesidades sí. ¿Cuándo deja de ser importante la velocidad que alcanza un coche? ¿Es importante para ti la diferencia entre un coche que alcanza 210kmph y otro que alcanza solo 200kmph? ¿A dónde vas a ir a 210kmph? ¿A la universidad? ¿Al mercado? Hay un punto en la carrera tecnológica en el que la diferencia entre una cosa y otra es irrelevante: el usuario medio es incapaz de llenar un discoduro de 1TB, ¿para qué necesita uno de 2?

Lo que hizo que Apple sea lo que es hoy fue aprovechar eso. Hasta ahora Apple se había mantenido al margen de la carrera. En lugar de producir tecnología, que es algo replicable, ofrecía objetos. Cosas como el peso del teléfono o sus especificaciones daban igual porque no era eso lo que Apple vendía. La tecnología permanecía oculta para que fuese la experiencia lo importante. Apple jugaba en otra liga.

La diferencia de criterios entre el antiguo Apple y sus competidores es algo que se extiende a muchas otras áreas de la vida. Hace meses que no miro mis estadísticas del blog con regularidad. Ha dejado de importarme cuánta gente entra cada día aquí, cuántas visitas únicas tengo, cuántos de ellos hacen click, y cuánto tiempo pasan en mi página. Me da igual. Me da igual porque sé que no tiene mayor importancia. Es en otra liga que quiero jugar.

Si tienes una página y vives de la publicidad, bien porque te la compra un anunciante, o porque usas un sistema como adsense de Google, los números, la cantidad de visitas, lo es todo para ti. Se ven bien en la caja y el anunciante cree que eso es lo importante. Google paga por clicks aunque esos clicks no garanticen nada al anunciante.

Esa es la intención que guía el trabajo de la mayoría de las páginas. Buscan atraer el mayor número de gente cada día porque eso abulta las cifras. La mejor forma de hacerlo es tener a un montón de gente escribiendo artículos breves sobre temas de actualidad (o temas “siempre verdes” para google), producir la mayor cantidad de contenido posible al día e interconectar tu contenido para que un solo visitante haga varios clicks en tu página cada vez que entra.

En esa liga está jugando la mayor parte de las webs, al menos las de habla inglesa. Desde About.com, o ehow, hasta el Huffington Post, pasando por Gawker y Refinery29. Hasta las webs más raras e “independientes” como The Hairpin, The Awl o Thoughtcatalog funcionan así: produciendo un gran volúmen de contenido para atraer la mayor cantidad de clicks.

Generar tráfico es importante para estas páginas porque es su forma de generar dinero. Pero aunque no uses tu blog personal para eso los números de tu página tienen otra ganancia y es que también son una forma de alardear frente a los demás de la misma manera en que alardeabas del procesador de su ordenador clónico con tus amigos. Si pones uno de esos mecanismos que cuenta cuánta gente entra en tu página y todo el que entra puede verlo, tu superioridad quedará demostrada ante todos. No es muy diferente a la competencia entre móviles Android.

Si tu interés es hacer algo por tu cuenta de forma completa, como puede ser vender tus libros a tus lectores, o tu música, o lo que sea, entonces la cantidad de gente que hay en tu página da igual. Lo importante es que te sigan a ti, que les importe lo que tú tienes que decir porque popularidad no es lo mismo que influencia. Pueden llegar a ser dos conceptos opuestos.

Buscando popularidad puedes llegar a traicionarte, y perder influencia con quienes te leen. ¿De qué te sirve tener 25 mil seguidores en twitter si a ninguno de ellos le importa tu opinión y sólo quieren reirse de tus chistes? La popularidad son los números, la influencia es lo que está detrás de ellos, la confianza que tienen en ti quienes te leen. Influencia es lo que trasciende la pantalla, las teclas, internet, y transforma tu proyecto en algo importante. Aunque tener más visitas en tu página es mejor que no tenerlas, tenerlas no significa nada. No siempre lo mejor es lo mejor.

El todo es más que la suma de sus partes. Si partes de un criterio cientificista y solo valoras lo medible, no puedes ir más allá de lo aparente. Te quedas con lo obvio porque te pierdes las conexiones que son complejas e imposibles de cuantificar con las herramientas que tenemos. Es imposible medir la confianza que tienen en ti quienes te leen, pero no por eso deja de ser un valor muy real. Más que los números de tus estadísticas.

Aprender a ver más allá de lo aparente, más allá de lo medible, es algo que se extiende también a otros ámbitos. Perfeccionar tu obra es una carrera sin final, igual que la tecnología. Todo puede ser refinado, las habilidades perfeccionadas, y sin embargo llega un punto en el que debes detenerte. Al editar, por ejemplo, puedes mejorar un escrito hasta cierto punto, y cuando te pasas comienzas a dañarlo. Le robas la espontaneidad, le quitas la magia. A diferencia de la gramática, de la ortografía o del ritmo, la espontaneidad es imposible de medir, pero no significa que no está allí.

No todos los artistas son Miguel Ángel. No todos tienen ese talento. Sin embargo, muchas veces los artistas que más me interesan no son como él. No son perfectos en lo que hacen, me gustan los que tienen limitaciones. Verlos luchar contra sí mismos y aceptar su vulnerabilidad puede ser la parte más interesante de una obra de arte. Puedes medir la perfección anatómica de una figura, la profundidad, la luz y la perspectiva, pero la lucha interna del artista es imposible de medir.

Borges era incapaz de escribir diálogos. Dalí no sabía pintar. Bob Dylan no cantaba bien. Todos los artistas son como ellos, si te detienes lo suficiente puedes descubrir sus límites. Son sus límites los que le dan un estilo propio. La importancia de su obra reside en otra parte que no es la técnica y sus defectos lo subrayan. Aceptar los límites es una forma de rebeldía que te hace único. Si Fiona Apple hubiese cantado música pegajosa hubiese vendido más discos y al día de hoy nadie la recordaría.

Los límites pueden parecer defectos, pero en realidad son lo que nos contiene. Lo que nos delimita y lo que nos define. Los límites nos dan forma y nos hace únicos, es lo que nos diferencia del resto de la gente. Ser perfecto es lo mejor, pero lo mejor no siempre es lo mejor porque aquello que carece de límites es imposible de definir. Lo humano es un desvío, es un gesto, el detalle que se sale de la fórmula, un traspié, un momento de duda, todo lo que es imposible predecir y lo que no se ve bien en la caja.

Ser pobre

September 12th, 2012

La principal diferencia entre una persona rica, de clase media, o pobre, no está en la cartera, sino en la perspectiva.

Casi todas las personas tienen una idea parecida sobre lo que significa el éxito. La mayoría consideran que tener éxito es tener riquezas y creen que tener riquezas es tener mucho dinero. Así que por propiedad transitiva, tener éxito implica tener mucho dinero. Cuando imaginan la vida de una persona rica, imaginan cuentas de banco con muchos ceros, lujo, ropa cara, una casa grande en una buena zona. Para el pobre la riqueza significa tener mucho dinero.

Por eso el pobre aspira a tener un trabajo que le deje un buen cheque a fin de mes, y al mismo tiempo sueña con obtener una herencia de un pariente lejano que murió sin dejar herederos, o con ganar la lotería. Son tópicos y dan risa, pero el fondo es ese: la creencia de que con dinero tendrá éxito, que tendrá acceso al mundo de los ricos, que será igual que ellos.

Hay muchas caras del fenómeno pero estamos rodeados de él. Seguramente conoces muchos blogs de tías que con la excusa de compartir su estilo con el mundo,  drenan a través del blog sus deseos de éxito. Ocupan la mayor parte de su tiempo en ver lo que se ponen las mujeres a las que consideran ricas y exitosas: la gente que está en la primera fila de las semanas de la moda. Se obsesionan con los detalles y comparten sus obsesiones. Para ellas tener las gafas de un diseñador determinado, el bolso del momento, un anillo específico, es un credencial que las acerca a ese mundo en el que aspirarían vivir. Más que con el trabajo fantasean con el estilo que el dinero puede comprar.

Los futbolistas muchas veces pasan de ser gente común a tener mucho dinero de la noche a la mañana, y automáticamente se consideran ricos. Tratan de cumplir con el papel emulando lo que creen que hace una persona así: buscan un coche caro y una novia guapa. Los raperos se bañan con botellas de champán de mil dólares.

Mucha gente que conozco ha aprendido de sus padres a ahorrar. Cuentan todo lo que consumen, recortan cupones, se apuntan a cualquier oferta y además se sienten bien haciéndolo. ¿A cuánta gente conoces que a pesar de tener el dinero para comprar algo que desean, esperan hasta que esté en oferta porque les sale más barato? Creen que acumulando su dinero serán ricos.

Pero para el rico la riqueza y el dinero no son la misma cosa. Entiende bien la diferencia que existe entre los dos. Para él el dinero es simplemente el producto de la riqueza y no al revés. Lo voy a repetir porque es realmente importante: la riqueza viene primero y lo es todo. El dinero es únicamente una consecuencia.

¿Qué es la riqueza? La riqueza es algo que se construye, que perdura en el tiempo, que se acumula, y que genera bienestar. El rico sabe que es mejor tener una empresa que genera 10 mil dólares mensuales que tener una maleta con un millón de dólares en efectivo. Sabe que comprar un terreno y construir una casa es generar riquezas, comprarse un piso no. La riqueza está en lo que construyes y lo que de allí se desprende. No es el dinero.

Esta diferencia de perspectiva no tiene que ver solamente con el trabajo, es algo que permea toda la realidad. Es como tener dos gafas distintas, unas con lentes de color verde y otras con lentes de color rojo: el mundo entero cambia dependiendo de cuáles tienes puestas. Una persona de clase media, por ejemplo, no sabe casi nada de la historia de su familia, con suerte sabe quiénes fueron sus bisabuelos. Pero las familias ricas conocen el pasado de su familia con mucha exactitud, hasta diez o quince generaciones atrás.

Para el rico, al igual que las casas y que las empresas, la familia es algo que se construye, un legado que recibes del pasado y que transmites hacia el futuro, por eso tienen muchos hijos y un fuerte sentido de identidad. Para el hombre de clase media la familia es una experiencia de vida que ocurre al margen de su trabajo. Tener hijos es una experiencia como puede serlo ir al cine y como no recibió ningún legado de sus antepasados, tampoco se esfuerza por dejarle uno a sus hijos.

El hombre pobre o de clase media cree que conseguir dinero es lo que te proporciona seguridad así que busca un trabajo de oficina, preferiblemente dentro de una empresa que él considere prestigiosa. Le gustaría que lo consideraran para un buen cargo porque su idea de construir es escalar. El pobre usa su trabajo para ganar dinero, pero no construye riquezas. Ni siquiera entiende la diferencia.

El rico no sobrevalora el dinero. Entiende que el dinero tiene poca importancia. El dinero es solamente el producto de la riqueza, de un paso que vino antes y que consiste en crear algo de valor a través del tiempo. El rico construye riquezas, el de clase media se aferra a su trabajo, el pobre fantasea con la lotería.

Una vez me invitaron a una reunión en casa de unos amigos. Había como veinte o treinta personas y alguien sugirió jugar a uno de esos juegos que se juegan cuando bebes alcohol. No recuerdo muy bien la mecánica, pero la premisa era decir qué harías con un millón de dólares.

Puede parecer una cantidad de dinero inagotable, en especial cuando la ves toda junta en un mismo lugar. Pero en realidad es muy fácil gastárselo. Un millón de dólares no te duraría mucho más de cinco años y eso sin vivir como un rico, viviendo como una persona normal.

El dinero no genera nada, no produce riquezas, ni bienestar. El dinero es únicamente una expresión de la riqueza. Si ganas la lotería eres igual de pobre que antes, sólo que ahora tienes dinero. Si te gastas lo que te dieron vuelves al lugar en el que estabas antes de comprar el billete ganador.

Comento todo esto porque eso es justamente lo que le hicieron a nuestras economías locales con la globalización. Sí, quizás el mercado globalizado es más eficiente produciendo dinero, pero no lo es produciendo riquezas. La globalización nos hizo intercambiar nuestras empresas por una maleta de un millón de dólares en efectivo. Durante un tiempo vivimos de ese dinero sin preocuparnos, creímos que éramos ricos. Ahora no tenemos nada, ni la empresa ni la maleta.

Esto es parte del libro que estuve escribiendo a lo largo del año pasado. Escribirlo ha sido una manera de generar riqueza porque por más tiempo que pase, tendré un libro que podré vender siempre, habré construido algo. Además la experiencia ha sido divertida tanto para mí como para los lectores. El libro cuesta 15€, si quieres saber más sobre el libro puedes leer de qué va en este enlace. Si quieres comprarlo directamente en Paypal puedes pulsar aquí.

Malabarismo mental

August 24th, 2012

MALABARISMO MENTAL

La habitación está totalmente oscura pero nuestros ojos se van ajustando gradualmente a la oscuridad. Algunas figuras aparecen contra el fondo negro en una escala de grises. Primero distinguimos, cerca de la puerta, una figura grande y rectangular, una mesa. Sobre ella algunos libros. A la izquierda hay otro mueble un poco más bajo con un televisor, y más allá está la cama. Hay una mujer acostada en la cama intentado dormir. Soy yo.

Sé que este ejercicio de salirme del cuerpo para hacer un recorrido de la escena con vosotros es poco ortodoxo, pero al ser un recuerdo, es una liencia poética que puedo permitirme. En realidad la persona que está en la cama puede ser cualquiera. Podrías ser tú, o él, o ella, el pronombre da igual porque es una situación en la que todos hemos estado sin excepción.

La persona que está en la cama, es decir tú, está tapada hasta las orejas con la cobija, y entre el aire acondicionado (al máximo) y la oscuridad (total) cualquiera pensaría que es una situación más que ideal para quedarse dormido. Pero no te duermes. Estás despierto. Cada cierto tiempo te das la vuelta, estiras la sábana, o arreglas la almohada, y sigues con el ejercicio de conciliar el sueño.

Si la escena fuése un cómic y tu personaje tuviese un bocadillo, de esos con forma de nube, dentro veríamos todo tipo de cosas. Algo sobre un examen oral que tienes al día siguiente en la mañana. También una frase o dos que alguien te dijo en la oficina. El email que una amiga te envió echándote algo en cara. O la respuesta perfecta para un comentario que te hizo la profesora de francés en frente de todo el mundo y que se te vino a ocurrir ahora, diez horas tarde. De vez en cuando una frase de alarma cruza la nube: “¡Tienes que dormirte! ¡Sólo te quedan tres horas!”

En resumen: hace poco descubrí que no padezco de insomnio. Mi aflicción es más general y menos misteriosa, es algo a lo que me gusta llamar “malabarismo mental”. Es un problema de desorden de pensamientos que va más allá del sueño, y que más bien inunda casi cualquier actividad. Consiste en algo tan simple que creo que a nadie se le ocurriría diagnosticarlo. El malabarismo mental consiste en que los pensamientos y las acciones no coinciden.

A ver si se entiende: estoy haciendo una cosa mientras pienso en otra. Es decir, que mientras haces algo que requiere de tu atención, estás en realidad pensando en una cantidad de problemas y escenarios que no tienen nada que ver con lo que estás haciendo en el momento.

Parte del problema es que las acciones que uno realiza en el presente son limitadas (en un segundo particular sólo puedo hacer una cosa), pero el espacio mental que puedes dedicarle a la basura es ilimitado, como un juke-box de la miseria en rotación contínua. Es imposible disfrutar del momento cuando tienes los 40 grandes éxitos dando vueltas en tu cabeza, pero además, cuando divides tu atención entre 4 cosas diferentes no haces nada bien.

Si estás pensando en un examen mientras tratas de dormir, lo más probable es que no hagas bien ninguna de las dos. No puedes resolver el examen a las 2 am desde tu cama, pero sí puedes quedarte dormido mañana durante el examen.

LÍNEAS DEL TIEMPO

No entiendo de pintura ni de fotografía. No es que no me gusten, es que no las entiendo. A diferencia de la música, del cine, o de la literatura, no sé cuánto tiempo se supone que tengo que estar ahí mirando. Quiero decir, que la pintura y la fotografía no se experimentan a través del tiempo, y eso hace que me cueste entender cómo disfrutarlas.

No es algo tan raro. Todos tenemos problemas con la experiencia del tiempo. A nuestra conciencia no le resulta fácil manejarlo. Muchas de las actividades que hacemos tienen como objetivo darle forma o estructura al tiempo. De otro modo no sabemos qué hacer.

Por eso la conciencia tiene un inventario de problemas reservado en el juke-box para esos momentos. Saca alguno cuando siente esa necesidad de estructurar el tiempo. Nosotros creemos que los problemas que nos arroja el juke-box nos interesan, caemos en la trampa de la conciencia, y pasamos un buen rato analizando pros y contras, escenarios alternativos, etc sin darnos cuenta de que todo es una estrategia para mantenernos ocupados.

En realidad operamos en dos líneas del tiempo diferentes. la primera línea del tiempo es la de la acción. En esa línea del tiempo están las acciones que hacemos en el momento en el que las hacemos. Tú por ejemplo, estás leyendo esto. Yo estoy escribiéndolo, aunque para el momento en el que tú lo leas ya no estaré escribiéndolo sino que estaré haciendo otra cosa. La línea del tiempo de la acción es un eterno presente, no tiene pasado ni tiene futuro.

Después está la línea del tiempo de la mente que se superpone a la de la acción. Es sólo en esa línea del tiempo en la que existe el pasado, el futuro, y los presentes alternativos. En ella se guardan los recuerdos, y se generan las fantasías. En ella se acumulan culpas, frustraciones, y también alegrías y orgullo.

DEJA A LA PUTA EN LA ORILLA DEL RÍO

Un monje y su pupilo peregrinaban por una montaña. En la orilla de un río se encontraron con una puta que les pidió ayuda para cruzar al otro lado. El maestro cargó a la puta en su espalda y cruzó con ella el río, la dejó en la otra orilla. La puta se despidió y reanudó su marcha, los monjes también la suya.

Horas después el pupilo le preguntó a su maestro: “¿por qué cargaste con la puta a través del río? ¿Te olvidaste de que no podemos tocar mujeres, mucho menos mujeres como esa?”

El maestro le respondió: “yo dejé a la puta en la orilla del río, pero tú sigues cargándola”.

Hay problemas que se arrastran en el tiempo. Que independientemente de la solución práctica del problema, hay un aspecto interno de ese problema que está desligado de lo práctico y al que nos aferramos. Es un apego a las situaciones que nos hace cargar con ellas mucho tiempo.

Conozco a una mujer que llegó a un cargo muy alto en un banco y la despidieron. Al poco tiempo encontró otro trabajo y no le va mal. De eso hace 20 años, pero ella sigue hablando de su problema hasta el día de hoy.

También sé de un hombre al que su mujer lo engañó con otro hace seis años. El hombre quiso seguir con ella, y aunque aceptó sus disculpas, nunca la perdonó en su interior. Hasta el día de hoy la culpa por su infelicidad.

Estos problemas tienen que ver con anclarse en el pasado. Cuando la mente está en el pasado arrastramos problemas, cargamos con la puta, comparamos nuestra realidad con un pasado mejor, o nos lamentamos de ofensas que debieron quedar atrás.

También podemos anclarnos en el futuro cuando generamos expectativas fantasiosas que no se cumplen. En realidad los problemas que se arrastran en el tiempo tienen dos orígenes:

1) Expectativas: tenemos una idea clara de lo que va a pasar. O de lo que queremos que ocurra. Construimos una fantasía y pretendemos imponérsela a la realidad. Cuando la realidad nos señala que estamos en un error, que lo nuestro es una fantasía, nos frustramos.

Ocurre con los planes a futuro, pero también ocurre con ideas que damos por sentado. La ejecutiva del banco creía que bastaba con trabajar bien para tener su puesto toda la vida. Tanto creyó en su fantasía que construyó su identidad alrededor de su trabajo, su vida giraba en torno a él. Cuando la despidieron no lo supo manejar. Encontró otro trabajo (resolvió el problema en lo práctico) pero no se liberó del problema en su interior y sigue arrastrándolo hasta hoy.

Lo mismo con el matrimonio y la infidelidad, o con las expectativas de vida. La gente que cree que va a estar en algún punto en algún momento, creen que basta con proyectarse para alcanzar una meta. Padres que creen que a los hijos hay que “impulsarlos” como si fuesen proyectiles.

Trazarse expectativas tiene que ver con escribir un guión para la vida, cuando la vida no se ajusta a nuestro guión nos angustiamos. Es la idea de que no tenemos control sobre lo que ocurre lo que genera esa angustia.

2) Incertidumbre: el segundo problema es de incertidumbre. Cuando no tenemos la certeza de saber cuál será el desenlace de una situación, no tenemos ni idea de lo que va a ocurrir.

Este es otro problema que nos mantiene despiertos por la noche. No sabes qué preguntas te harán mañana en el examen, no sabes cómo vas a responder, no sabes qué nota vas a sacar, no sabes qué carrera vas a estudiar, en qué universidad, no sabes si te darán un trabajo o no, no sabes qué quieres hacer con tu vida, o dónde se supone que deberías estar.

Al final ambos orígenes son el mismo: miedo a vivir sin seguridades, no poder anticiparse a lo que va a ocurrir. El único antídoto para esa angustia es aprender a hacer que las dos líneas del tiempo coincidan. Que la mente aprenda a vivir en el presente y a coincidir con el mundo de las acciones. Suena fácil pero requiere de disciplina y serenidad.

LO QUE ANOTAS EN EL CUADERNO

Odio la palabra “favor”. Es una palabra hipócrita. La gente que hace favores cree que los hace por bondad, cree que es desinteresado. En el fondo pocos son capaces de hacer favores sin esperar una recompensa.

Algunos hacen favores esperando a cambio un trato favorable. Otros los hacen para volverse indispensables. Hay quien hace favores para controlar al otro. Hay quien acepta de frente que si te hace un favor espera cobrártelo después, como Vito Corleone, pero a ese tipo de tratos los llamamos mafia.

Nietzsche decía que uno no debe aceptar favores porque quien los hace sólo quiere ahorcarte con la soga de tu agradecimiento.

Baudrillard decía que la única manera de pagar un favor es con venganza.

Yo creo que si es difícil mantener la mente de una sola persona, de uno mismo, limpia y en orden, es una tarea casi titánica mantener la de varias personas a la vez, y que además estén en sincronía.

Por eso es tan difícil encontrar un amigo de verdad, y si lo tienes cuéntalo entre tus bendiciones.

Cuando se mezclan las expectativas de uno con las expectativas de los demás, es una buena receta para el desorden.

Tengo una amiga que anota en su cuaderno todo lo que hace por los demás. Lo que te regaló en tu cumpleaños hace 3 años. La vez que te prestó una cartera porque combinaba con tu vestido. Cuando te llevó en su coche hasta la estación del metro.

Mi otra amiga se ríe. Dice “yo jamás podría tener un cuaderno así, hay que tener paciencia” y tiene razón, pero ella tiene un cuaderno peor en su mente en el que anota lo que los demás hacen por ella. Ella sabe con lujo de detalles quién la felicitó por su cumpleaños en facebook (y quién no). Sabe quiénes la apoyaron cuando se murió su perro (y quienes no). Sabe cuántas llamadas le has devuelto, si le respondiste o no el email la semana pasada, y si olvidaste traerle un recuerdo de Cancún.

Llevar cuentas como estas es un atentado contra ti mismo. Cada cosa que anotas en el cuaderno te roba tu paz mental. Cada página es un disco del juke-box, y regresará a atormentarte cuando estés dando vueltas en la cama intentando dormir. Cuando anotas lo que haces por los demás, tus regalos se transforman en favores. Cuando anotas lo que el otro te debe la deuda la pagas tú.

Mantener el equilibrio con las amistades requiere de una gran capacidad de orden. Saber poner cada cosa en su lugar. La mayoría de las amistades fracasan por las mismas razones: expectativas e incertidumbre. Así que aprender a manejarlas no sólo calmará tu mente, sino que además mejorará tu relación con los demás.

PASA LA PÁGINA

Llevo algún tiempo luchando contra estas dos sensaciones, y creo que he descubierto algunas ideas que son útiles para aprender a dejar los problemas atrás. Para sincronizar ambas líneas del tiempo. Como siempre os digo, no es una receta universal, y tampoco es un plan perfecto. No prometo ningún resultado, pero probarlo no cuesta nada, y quizás te funcionen.

1) No te ofendas. Ni con la realidad, ni con tus amigos. Si te despidieron de un trabajo, si no te contrataron aunque te fue bien en la entrevista, si alguien va o no va al funeral de tu abuelo, si se olvidaron del aniversario, no te ofendas. Si algo te ofende es porque tenías una expectativa que no se cumplió. El error es tuyo y no de la realidad o de tu amigo. Aprende de la realidad y ajústate a ella, no pretendas que la realidad se ajuste a ti.

2) Busca la acción en sí misma. Actuar es un privilegio y los frutos de tu acción no te pertenecen. No uses los frutos como motivo para actuar. Eso sólo te llevará a frustrarte.

3) No lleves la cuenta. De nada. Es anclarse en el pasado.

4) Resuelve los problemas en tu interior. No cargues con la puta. Cuando resuelvas algo en el mundo práctico, tómate un tiempo para resolver el problema en tu interior y asegúrate de que no se va a convertir en uno de 40 grandes éxitos de tu juke-box.

5) No fantasees sobre tu futuro. No tienes el control sobre lo que va a pasar. No te pongas en una posición en la que es imposible sentirte feliz con lo que tienes. Si pasas la mitad de tu vida fantaseando con que te darán el Nóbel, lo más probable es que te lleves una gran desilusión.

6) No te sacrifiques por los demás. Sé honesto contigo mismo y con los demás. Si no haces nada que no quieras hacer no estarás esperando nada de nadie y tampoco participarás de los juegos de los demás.

Este verano estoy escribiendo muchísimo, porque me estoy dedicando de lleno a escribir mi libro. Se llama “La Vida Simple” y ha vendido más de 30 mil copias. Si quieres saber mejor de qué va, pulsa aquí. Si lo quieres comprar a través de Paypal cuesta 15€ y lo puedes hacer aquí: http://pul.ly/b/50040

Si te gusta como escribo también te gustarán mis newsletters. Suelo enviar uno cada semana más o menos, y tiene contenido diferente al de la web. Si te quieres apuntar puedes hacerlo por aquí.

Mi blog no tiene comentarios pero si tienes algo que decir puedes hacerlo en el grupo de Facebook.

Historia de las religiones: comunismo

June 27th, 2012

“Si bajo el imperio islámico del pasado florecieron las ciencias, ¿por qué ahora hay tanto atraso?” “Si tanto la Biblia como el corán son violentos ¿por qué la cultura islámica no es igual de pacífica que la occidental?” “¿Por qué el fundamentalismo islámico odia a Occidente?” y “¿Por qué defiende la izquierda al islam?” son varias de las preguntas que me habéis hecho a raiz del post de la semana pasada sobre el conflicto árabe-israelí. Son preguntas de tipo general y como son realmente buenas y todas están relacionadas quise aprovechar el post de esta semana para responderlas.

“No se puede estudiar a otra cultura desde la tuya” es una frase que suelen decir los relativistas culturales para desacreditar cualquier juicio que se pueda hacer sobre una civilización. Es el “no generalices” de la política y de la historia.

Dicen que, por ejemplo, un japonés no puede entender la cultura eslava, o que un español no puede entender la cultura de Las Filipinas, si no se trasladan al paradigma de esas dos culturas, y que de ninguna manera se puede juzgar a una cultura hayas o no hecho el ejercicio paradigmático.

Esa idea, como todo argumento manido, tiene aspectos valiosos y otros tontos. Lo valioso es la parte que nos recuerda que las culturas también hay que estudiarlas desde adentro. La parte tonta es el tabú de que no se pueden juzgar las culturas por sus características.

Pero esta idea de cambiar el paradigma tiene otra aplicación que puede ser aún más útil porque pocos se lo plantean, y es estudiar nuestra propia cultura en el tiempo con los valores del pasado. No podemos comprender el pasado desde nuestro paradigma del presente.

Si bien es cierto que dentro de una misma civilización existen patrones culturales que se mantienen, la forma de ordenar el mundo que tenemos es diferente a la que tenían nuestros antepasados hace seis siglos.

La humanidad es una heredera ingrata. Da por sentado sus avances sin detenerse a revisar de donde vienen. Desconocemos la cultura que nos produjo. Asumimos que las cosas siempre han sido como son hoy, o atribuímos los defectos y las virtudes de nuestra cultura a causas externas sin detenernos a considerar que quizás fueron producto de nuestra propia ideología. No quiero decir que somos ignorantes, todos fuimos al colegio y por lo tanto conocemos los datos, conocemos nombres, fechas, líneas del tiempo, y quizás las arrastramos hasta hoy, pero no comprendemos el pasado.

Por esta amnesia histórica es que Occidente mira a Oriente perpleja. Por eso occidente se sorprende ante el resentimiento del mundo islámico y lo considera irracional. Pero para entender todos los conflictos entre las dos civilizaciones hay que entender el pasado, y para entender el pasado hay que desprenderse del presente.

Las ideas que damos por sentado son nuestros valores de democracia, libertad, secularismo, y modernismo. Cualquier ciudadano de Occidente se identifica con estos valores y los identifica como las virtudes que definen a nuestra cultura, pero ¿hemos sido siempre así?

A finales del siglo 19 Occidente triunfó sobre sí mismo. La batalla se había librado en Europa, pero se ganó en Estados Unidos. Fue la conquista del secularismo, la división entre el Estado y la religión. Hoy en día creemos que esta virtud de nuestro sistema ha estado con nosotros desde siempre, pero en realidad es un avance reciente, se puso en práctica por primera vez en 1809, con la Primera Enmienda de la constitución americana.

John Tyler, el décimo presidente de Estados Unidos, dijo en una carta lo siguiente:

“Los Estados Unidos se han aventurado en un experimento grande y noble, y en el que –en ausencia de precedentes– somos los primeros: el de la separación total entre la Iglesia y el Estado. Ningún arreglo religioso existe por ley entre nosotros. La conciencia queda libre de toda restricción y a cada cual se le permite adorar a su creador como lo considere conveniente. Las oficinas del gobierno están abiertas por igual a todos. No se imponen diezmos para sostener una jerarquía establecida, ni encumbramos el juicio falible de los hombres como el infalible juicio de la religión. El mahometano, si tiene la voluntad de vivir entre nosotros, tendrá el privilegio de adorar a su dios como lo estipula el coran. El hindú podrá erigir un templo a Brahma si lo desea. Es este espíritu de tolerancia el que inculcan nuestras instituciones políticas. El hebreo, perseguido y vejado en otras regiones, podrá vivir entre nosotros sin miedo, y el aparato del Estado estará allí para protegerle. Es este gran experimento en el que nos hemos embarcado, y hemos cosechado los felices frutos de este ejercicio. Nuestro sistema de libre gobierno sería imperfecto sin él.”

Hasta ese momento la historia de Occidente había sido diferente. Antes de la Ilustración en Occidente reinó la Iglesia Católica durante 10 siglos y fueron los diez siglos más oscuros de nuestra historia. El clima y los valores del Medievo los conocemos todos, y creo que no tengo que esforzarme demasiado en recordarlos. Hambre, pobreza, atraso, ignorancia, y control total a manos de una Iglesia cruel.

Lo que pocos comprenden es que la civilización no renació con nosotros en algún punto del siglo 15. El Medievo no fue un punto muerto en la cultura de todo el planeta. Durante esos diez siglos la civilización avanzaba en el mundo Oriental, y no en sus antiguas culturas, sino en el Islam. Fueron los árabes, los persas, y los turcos el centro del mundo. En su imperio se recuperaron las antiguas ciencias y se desarrollaron nuevas, se expandieron las rutas de comercio, hubo espacio para el arte, y para la filosofía. El Imperio del Islam fue una cultura de libertades, mucho más tolerante y abierta en la práctica que la cristiandad, que acogía a todos los monoteístas, a los judíos y hasta a los cristianos disidentes que eran perseguidos por su propia religión.

Entonces, ¿Qué ocurrió? ¿Cómo pudo cambiar tanto la situación? ¿Por qué hoy en día Occidente es una civilización libre y tecnológicamente superior? Y –más importante aún– ¿cómo puede ser que en la civilización musulmana hoy reina el hambre, la pobreza, el atraso, la ignorancia, y el control total a manos de una religión cruel? ¿Cómo pasó el islam de ser una religión de libertades a una religión del terror? ¿De dónde surge el odio del Islam a Occidente?

EL TRIUNFALISMO RELIGIOSO

No es casualidad que las dos civilizaciones que hemos tenido en Occidente hayan sido religiosas. Me refiero a que han sido civilizaciones que se definen más por su religión que por su cultura, y que es justamente la religión su razón de ser.

Para entenderlo sólo hace falta hacer el ejercicio de desprenderse del paradigma actual: nosotros reconocemos la diferencia que existe entre el Estado y la religión, pero en el pasado esta distancia no existía. La religión era la manera en la que un pueblo entendía su realidad, la organizaba, y también la forma en la que estructuraba el poder.

La mayoría de las religiones son leyes de convivencia, leyes sociales, leyes políticas, sólo que su validez estaba garantizada por lo divino. Para ayudarnos a entender las dos esferas de las religiones en el pasado desde nuestros valores actuales, los historiadores suelen dividir las civilizaciones religiosas en dos.

Hay una diferencia entre el cristianismo y la cristiandad. La primera es una ideología, la segunda es un imperio. Muchas veces pueden llegar a ser contradictorias. Por ejemplo, el nazismo fue un producto de la cristiandad, aunque sus acciones hayan sido poco cristianas.

Con el Islam no tenemos esa diferencia. El Islam es el Islam, tanto la civilización como la ideología llevan el mismo nombre, y eso contribuye a la confusión. Pero al igual que lo fue el cristianismo, el islam es al mismo tiempo una ideología religiosa y un modelo político y militar. La diferencia está en que Occidente abandonó las ideas políticas de la Iglesia, pero Oriente sigue aferrado al proyecto político-militar del Islam porque los considera indivisibles.

¿Por qué fueron estas dos las religiones que produjeron Imperios y no el resto? Quizás las razones por las que Occidente y Oriente son civilizaciones antagónicas tiene más que ver con lo que ambas religiones tienen en común que con lo que las diferencia.

Los críticos de las religiones, los ateos en especial, suelen decir como argumento que creer en las religiones es imposible porque todas se consideran a sí mismas la única fe verdadera y niegan la validez de todas las demás, y pasan de la invitación de creer en un Dios o morir. Pero en realidad, no todas las religiones se consideran a sí mismas la única fe verdadera, eso es un avance nuevo.

Antes de la llegada del cristianismo las religiones se aceptaban entre sí. El budismo, el judaísmo, el taoísmo, el zoroastrismo, las religiones politeístas, todas eran religiones que aceptaban al otro. Los politeístas incluso incorporaban a los dioses de las otras religiones a la suya sin problema. Entre las religiones posteriores la postura era básicamente la de “vive y deja vivir”. Para cada pueblo su religión, sus valores, eran la expresión humana más elevada, la cumbre de la civilización, la forma de vida más perfecta, pero comprendían que el resto de los pueblos creía exactamente lo mismo de su propia cultura, y eso estaba bien.

Dentro del judaísmo, por ejemplo, el primer mandamiento es: “yo soy tu dios, tu único dios” y pongo el énfasis en el “tu” porque aunque el judaísmo es una religión monoteísta, Dios no se considera a sí mismo “el único dios”, sino “tu único dios” es decir, “puede que existan otros dioses, pero yo soy el único que soy tuyo”. Para el judaísmo cualquier persona puede obtener “la salvación” a través de su fe, no es algo exclusivo del judaísmo.

La idea en los pueblos primitivos era que las religiones eran diferentes caminos para acercarse a Dios, y aunque algunas tenían problemas entre sí, las monoteístas solían rechazar a las politeístas, por ejemplo, en líneas generales había un respeto por la creencia de los otros pueblos.

Esto cambió con el cristianismo. El cristianismo fue la primera fe que se proclamó a sí misma poseedora de la única verdad. El cristianismo veía a su religión como la única religión válida, y a los cristianos como los herederos de la revelación. Por lo tanto el deber del cristianismo era “salvar” al resto de los pueblos imponiéndoles su credo. Tan importante era esta misión del cristianismo que Cristo únicamente regresaría cuando el planeta entero acogiera su fe.

Lo mismo ocurrió en el Islam. El Islam heredó del cristianismo su misión: considera a Mahoma el último profeta de Dios, al Islam como la única fe verdadera, y su deber sagrado como musulmanes es imponer esa religión a todos, llevar las revelaciones de Mahoma hasta el último rincón del planeta, cueste lo que cueste.

Por lo tanto ambas religiones, cristianismo e islam, consideran que Dios tiene enemigos a los que hay que derrotar, y que esa lucha es sagrada. Es lo que estaba detrás de las Cruzadas y lo que está hoy en día detrás del jihad.

Esa característica de las dos religiones es un tipo de triunfalismo religioso en el que para que dios “triunfe” hace falta abolir a todos los demás. Esa idea le imprime a ambas ideologías una ambición de conquista universal sin precedentes en otras religiones. Si las dos civilizaciones occidentales han sido la islámica y la cristiana, es justamente porque sus ideologías tienen esa capacidad.

En escritura creativa se entiende que toda historia tiene un protagonista, y que la mayoría de las historias tienen también un antagonista. La relación entre ambos no siempre es una relación entre “el bueno” y “el malo”, quiero decir, que no necesariamente el protagonista es bueno y el antagonista es malo, ambos pueden ser buenos, o el protagonista puede ser menos bueno que el antagonista (como sucede en Casablanca, por ejemplo). Lo que los opone no es un tema de valores sino un objetivo que comparten y que es mutuamente excluyente: si Rick obtiene el amor de Ilsa, Victor no y viceversa. Para que triunfe uno, el otro debe necesariamente perder.

Esto es exactamente lo que ocurrió a lo largo de diez siglos entre el cristianismo y el islam. Y lo que sigue ocurriendo hoy en día entre el secularismo modernista de Occidente y la sharía islámica: para que uno triunfe el otro debe necesariamente perder. Para el cristianismo el triunfo dependía de que todo el planeta aceptara a Jesús. Para el Islam el triunfo depende de que se imponga la sharía en todo el planeta y de que se convierta o se subyugue al infiel. Para el secularismo modernista occidental el triunfo es que todas las culturas del planeta acepten los derechos humanos universales.

Claro que occidente tiene sus propias fórmulas para la opresión, no lo niego, pero la opresión en Occidente parte de la seducción más que de la fuerza. En lo personal, prefiero que la batalla la gane el secularismo occidental porque es la única práctica que garantiza el respeto a las creencias individuales, a la dignidad, y a la libertad de cada persona. Naturalmente que la lucha por la libertad contradice a la lucha por la opresión, y que si una se impone es a costa de la otra.

SECULARISMO Y FANATISMO

¿Cómo pasó Occidente de ser una civilización religiosa a una secular? Fue producto de las circunstancias que vivió Occidente, de su historia como civilización, y de las fracturas entre los católicos y los protestantes. Casi se podría decir que fue por accidente, porque si las cosas se hubiesen desarrollado de otro modo, es probable que el secularismo occidental jamás hubiese existido.

Lutero se separa de la Iglesia en el siglo XVI y junto con Calvino hacen reformas a los dogmas del cristianismo para fundar su propia doctrina, la del protestantismo, que pretendía regresar a los orígenes de la fe. Los protestantes buscaban desprenderse de la Iglesia y del Papa, desechar la creencia en la virgen y en los santos, basar su religión únicamente en las escrituras, y promover la idea de que cualquier persona puede ser un líder religioso.

Los protestantes fundaron movimientos de reforma en Alemania, Escandinavia, Escocia, Suiza y Francia. A la Iglesia no le hizo gracia el tema, normal, y decidió dos cosas: por un lado afianzar sus creencias básicas con la contra-reforma, y por otro perseguir a los protestantes en todo el territorio europeo a través de la Inquisición en lo que pasó a llamarse Las Guerras de Religión.

Fue justamente esa intolerancia religiosa hacia su propia cultura la que produjo dos fenómenos diferentes:

En primer lugar fue el responsable de que exista una diferencia tan marcada entre America del Norte y América del Sur. Las Guerras de Religión coincidieron en el tiempo con la colonización de América. Mientras que los protestantes puritanos ingleses encontraron refugio en América del Norte, América del Sur fue colonizada por la Iglesia Católica en pleno apogeo de la contra-reforma. Con lo que Norteamérica es hija de la reforma y Sudamérica es la hija del catolicismo más radical.

En segundo lugar esas guerras fueron la base desde la que se creó el secularismo. Para defenderse del ataque de la Iglesia los protestantes se encargaron de propagar esta idea. La idea de que Cristo dijo “Al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”. Con esta idea pretendían explicar que el cristianismo en su forma más pura busca una diferencia entre el poder terrenal y el poder divino.

Así fue como nació el germen del secularismo, en el seno de la cristiandad, y no es una casualidad que diera sus frutos en Estados Unidos, la hija de Europa y heredera del protestantismo inglés. El desarrollo de la cultura Occidental es la historia, en parte, de la fe cristiana. Si nuestra cultura es una cultura de libertades es porque a pesar de lo que ocurrió durante el Medievo, la ideología cristiana tiene la capacidad de admitirlas.

Pero en el mundo islámico no ha existido un proceso paralelo similar. A pesar de que el islam tiene tantas divisiones como el cristianismo, y de que también ha sufrido guerras a causa de ellas, esas guerras no han desembocado en un movimiento secular, sino en un recrudecimiento de la propia ideología musulmana.

No sorprende, porque el islam es ante todo una ideología política y militar expansionista, la religión es solo una parte del islam y sirve a ese propósito. Si ha existido en la historia musulmana momentos moderados ha sido cuando el Imperio Musulmán era la civilización dominante en constante expansión, y nada amenazaba su poderío. Ahora que los países musulmanes tienen contacto con una civilización más avanzada que los seduce, la ideología se recrudece y vuelven a surgir con más fuerza que nunca los movimientos radicales de odio y represión.

En el plano de la ciencia, la tecnología, el arte, el comercio, y el conocimiento en general, el mundo árabe se estancó por su indiferencia hacia los avances del resto de las civilizaciones. Mientras que occidente traducía los libros que se escribían en árabe, se interesaba por comprender su cultura, y se incorporaban traductores de árabe a las universidades, el universo del Islam se encerró en sí mismo. Los avances de la civilización occidental no eran entendidos ni incorporados a la cultura islámica, y así, a través de los siglos, el estancamiento se apoderó de su cultura.

¿DE DÓNDE NACE LA HOSTILIDAD DEL ISLAM A OCCIDENTE?

Es cierto que algunas acciones políticas de los países europeos han afectado al mundo islámico (como la ocupación francesa e inglesa del Medio Oriente). Pero aunque los ingleses dejaron sus mandatos en Medio Oriente, aunque Francia se fue de Argelia, aunque nuestras compañías petroleras dejaron de explotar sus pozos, y el Shah iraní dejó el cargo, a pesar de que Europa se ha retirado, las soluciones no parecen apaciguarlos.

Otras justificaciones del odio a Occidente son su apoyo a Israel, la Guerra de Irak, el imperialismo, y dentro de los de tendencia moderada el apoyo de Occidente a regímenes musulmanes radicales. Pero ninguna de estas causas, por más importantes que puedan ser, explican el odio general y prolongado del mundo musulmán en contra de la cultura occidental. El odio es algo más profundo que precede todas estas acciones puntuales.

Una buena pregunta que cabe hacerse es por qué no odian los musulmanes a los rusos. La Unión Soviética también ocupó sus territorios, durante un período mucho más largo y con políticas más férreas que Occidente. Los rusos apoyaron la creación del Estado de Israel desde el principio, a diferencia de otros países Europeos y de Estados Unidos. Los rusos también apoyaron regímenes radicales en el Medio Oriente, y son tan culpables como occidente de todos y cada uno de los cargos en su contra. ¿Por qué entonces los musulmanes los consideran sus aliados?

El odio a Occidente tiene varias razones de fondo y no es tan difícil de entender. Después de reinar en el mundo como la civilización más avanzada durante casi un milenio, el Islam fue superado por la civilización occidental, una civilización a la que consideraban inferior en todo sentido. Los superó en ciencias, en tecnología, en arte, en lo político, y en lo militar, en las conquistas territoriales, en el comercio, y hasta en la imposición de su religión en el mundo. Fue una derrota dolorosa y humillante, pero lo más importante  es que el éxito de Occidente implica la derrota de Oriente en su proyecto y en su misión.

El problema no es que Occidente sea imperialista, el Islam también lo es. El problema es el orden de los factores. El verdadero problema, la parte que consideran vil en todo esto, es que sea Occidente, los infieles, los que gobiernan sobre Oriente, sobre los creyentes, y no al revés. El problema está en que ese orden es antinatural y va en contra de Allah y de Mahoma. La misma situación con los factores invertidos: Oriente sobre Occidente, sería natural y benigna, porque supondría que los creyentes dominan a los infieles y les dan la posibilidad de vivir bajo el islam y adoptar su fe.

Va más allá, los musulmanes no odian a los rusos en primer lugar por la proximidad geográfica, no pueden darse el lujo de odiarlos, y más allá de eso porque la cultura rusa no supone una amenaza para el Islam. La cultura soviética es una cultura ascética más estricta que la que propone el islam, y la Iglesia Ortodoxa rusa no representa un problema porque al ser una versión “anterior” de la misma fe, el islam se considera a sí mismo superior. La cultura soviética no representa un problema porque no seduce a nadie. Es la cultura occidental, la del consumismo, la del secularismo, la cultura laicista, industrial y progresista la que representa un peligro para el islam. Y en ese sentido el Islam no la puede tolerar.

LA IZQUIERDA ES UNA RELIGIÓN

Hay un fenómeno dentro de la izquierda que a muchos nos deja perplejos. En teoría se supone que la izquierda es un tipo de pensamiento político que está a favor del cambio social para alcanzar una sociedad más igualitaria; que promueve la búsqueda de soluciones para ayudar a los más necesitados, y que considera que una sociedad civilizada debe proteger a sus miembros más débiles. La izquierda defiende los derechos humanos y la justicia social. En esto estamos todos de acuerdo, y yo me considero de izquierda.

Sin embargo en la práctica hay una parte de la izquierda que apoya causas que van en contra de todo lo que creen. Uno de los ejemplos claves de esta cultura de la contradicción está en el apoyo de la izquierda hacia las tiranías musulmanas en el Medio Oriente. Tiranías de extrema derecha que violan todos los derechos básicos del individuo, que oprimen a los más necesitados, y que favorecen una sociedad jerárquica con derechos y privilegios de acuerdo con la religión parecida a una sociedad de castas. En fin, apoyan un sistema que es diametralmente opuesto a todo lo defiende la izquierda, lo apoyan con virulencia y pasión, y no dudan un minuto en pronunciarse a favor de cosas como Hamas, Irak, el velo, o Palestina. A veces el observador de este fenómeno siente como si llegó tarde a una película y se perdió el primer acto porque no hay nada racional que pueda explicar esta peculiar afinidad.

Esa sensación está perfectamente justificada. No es normal encontrarse con contradicciones tan profundas fuera del ámbito de la religión. En política, así como en la ética, en la ciencia, o en cualquier otro ámbito del pensamiento racional esperamos que se cumplan ciertos estándares de coherencia interna, y la izquierda europea los desafía todos.

Para entender por qué la izquierda se comporta de esa forma hay que verla no como una teoría política, sino como una religión. Al igual que el cristianismo y la cristiandad, la izquierda tiene su propia división interna entre lo que es la filosofía política, y lo que son sus tradiciones, sus costumbres, sus dogmas, y sus creencias.

Mientras que el primer componente es racional, cualquiera puede sentir afinidad hacia la filosofía de la izquierda, el segundo componente es emocional, es místico, casi religioso. La izquierda como religión tiene su propia cosmogonía, sus profetas, sus creencias, sus promesas, y tiene también sus demonios.

En realidad vivimos en un mundo en el que los sistemas políticos reemplazaron a las religiones. No vivimos en estados seculares, vivimos en estados religiosos, sólo que no lo sabemos. Le pusimos la etiqueta de “religión” a los sistemas de gobierno que ya no funcionaban, los apartamos del poder, pero los reemplazamos con ideologías que en la práctica son tan irracionales como el primero.

La comparación que hago entre el comunismo y la religión no es arbitraria. No estoy trazando un paralelismo fácil entre religión y política usando trucos. Aunque ciertamente es tentador reírse un rato con esos símiles, decir por ejemplo: “De la misma manera en la que los cristianos van a Lourdes, o a Fátima, los de izquierda tienen su propia tradición de peregrinaje a Cuba, a Venezuela, en el pasado a Rusia, etc. De la misma forma en que los cristianos compran merchandising de la virgen, frasquitos de aguas milagrosas, estampitas de los santos, y escapularios; los comunistas compran camisetas con la cara del Ché Guevara, el sombrerito verde de Fidel, y la bufanda palestina.”

Pero más allá de lo absurdo que puede ser todo el cuadro, y de lo divertido que es hablar del comunismo en esos términos, no es por esa razón que trazo la comparación. No digo que el comunismo es una religión porque comparo a El Capital con la Biblia, o a Lenin con Cristo. Los comparo desde la naturaleza misma de ambas ideologías, del sentido de trascendencia que es lo que comparten.

Las religiones monoteístas, particularmente el catolicismo trajeron consigo un cambio total en el modelo de pensamiento. Hasta ese momento el modelo del tiempo de las culturas primitivas era cíclico. Al igual que las estaciones y al igual que la Luna, las culturas primitivas entendían la historia del mundo como una secuencia se repetía una y otra vez. Los dioses observaban estos cambios desde el cielo y a veces participaban en las actividades de los hombres, pero los dioses tenían su propia historia independiente del tiempo de los humanos.

Pero en el cristianismo, Dios mismo se encarna en un hombre, en Cristo, y se introduce en la historia. A partir de ese momento hubo un punto en el que la línea de la historia de los humanos y la línea de la historia de Dios se interceptaron. Cristo dividió la historia de los hombres en un antes, durante, después, y la promesa de un futuro que está por venir.

San Agustin resumió la naturaleza de la promesa en La Ciudad de Dios. En esa obra habla acerca de dos ciudades: el Reino de la Tierra, y el Reino de los Cielos que es el eterno destino de la sociedad cristiana, y en el que se encuentran todas las bendiciones y la felicidad divina. Ese era para San Agustín el proyecto histórico cristiano: reestablecer la Ciudad de Dios, la sociedad cristiana en la tierra, para pertenecer al Reino de Dios en los cielos.

El comunismo llega a las mismas conclusiones con otras herramientas. Sustituye el más allá por el mañana, la salvación por el progreso, y el Reino de los Cielos por una ciudad ideal en el futuro a la que seguramente llegaremos si seguimos la doctrina de la izquierda. Es la misma promesa, el mismo proyecto histórico, pero barnizado con un manto de secularismo aparente.

Quizás sea por eso que el comunismo era intolerante con las religiones y pretendía abolirlas. No era intolerante con las religiones, era intolerante con las OTRAS religiones, las religiones que no eran el comunismo, de la misma forma en la que el cristianismo había sido intolerante con las OTRAS religiones, no la suya.

Para el comunismo como religión el demonio es occidente porque representa todo lo que el comunismo pretende abolir. El liberalismo y el comunismo son antagonistas porque para que triunfe uno debe fracasar el otro. Entre el comunismo y el liberalismo occidental existe la misma oposición, la misma lucha que existía antes entre la cristiandad y el Islam, y fue en ese mismo tono sangriento en el que se disputaron al resto del planeta durante el siglo pasado.

No hay otra palabra para describir el odio que siente la izquierda hacia USA y hacia Europa occidental más que “irracional”. La izquierda nos acusa de ser imperialistas, sexistas, racistas, nos acusa de haber aceptado cosas como la esclavitud, nos acusan como cultura, y ante todas estas acusaciones Occidente no tiene más remedio que declararse culpable. Pero no se declara culpable como cultura occidental, se declara culpable como miembro de la raza humana. No fue en Occidente que se originaron estos males, y estamos lejos de ser sus peores exponentes aún hoy en día.

¿El problema es el racismo? Podemos reconocer que Occidente sí ha sido racista a lo largo de su historia, lo ha sido con los negros, con los indios, con los chinos, y con todas las razas diferentes a la propia. Occidente ha sido racistade la misma manera en que lo han sido la mayor parte de las culturas a lo largo de la historia de la humanidad.

¿La opresión a la mujer? Si bien es cierto que la cultura occidental oprime a la mujer, que existe en occidente un patriarcado y que la igualdad entre los géneros está todavía lejos de ser una realidad; si históricamente esa opresión ha sido todavía peor, que la mujer no gozó nunca de derechos y libertades plenas bajo la cristiandad, que durante la Edad Media se quemaron a cientos de miles de mujeres por considerarlas brujas, también es cierto que su posición dentro de nuestra cultura ha sido siempre mejor que dentro de la gran mayoría de las culturas del planeta en las que la poligamia y la violencia han sido la regla desde siempre y continúan siéndolo.

¿La esclavitud? En todas las culturas de la historia la esclavitud había sido aceptada y practicada, en algunos casos defendida hasta por leyes divinas, y eso incluye las culturas indígenas de América, las africanas, y las asiáticas. No fuimos los primeros en practicarla, pero sí fuimos los primeros en abolirla, y en prohibirla en todos los territorios que habíamos conquistado.

¿Es el imperialismo el problema? ¿De verdad es creíble la teoría de que el imperialismo occidental fue peor que el imperialismo de los mongoles, de los otomanos, o de los califas, de los romanos, de los griegos, de los persas, o de los incas? Todos los imperios de la humanidad han ganado su estatus de imperio de la misma manera, y aunque los métodos cambien, siempre existirán potencias ambiciosas mientras la humanidad sea humanidad, es una realidad ineludible.

El siglo pasado estuvo signado por dos grandes luchas, una en contra del nazismo y la segunda en contra del bolchevismo. Ambas fueron batallas sangrientas y amargas, y en ambos casos ganamos. Ambos sistemas eran una amenaza para la libertad en el mundo, y en especial, un yugo para sus propios pueblos, así que para ellos la derrota fue una forma de liberación.

De todo lo que nos acusan Occidente debe declararse culpable, y sin embargo, Occidente es una civilización única en el sentido en el que ha sido la primera en identificar todos estos males, en darles nombre, y en tratar de solucionarlos, no sin éxito. Con lo que si Occidente es culpable de todo esto en su pasado, y en menor medida en su presente, el resto de las civilizaciones del planeta, comenzando por la islámica tienen una lista de agravios mucho peores.

Para cualquier persona objetiva no existe ni ha existido una civilización más abierta y más libre que Occidente. Negarlo es no querer verlo. Al criticar a Estados Unidos, y a Occidente con estas excusas la izquierda lunática está participando de una práctica irracional propia de una religión y no de un pensamiento político racional.

La izquierda lunática heredó el odio irracional a Occidente de la Unión Soviética. Apoyan al islam por la simple ecuación de “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”. No es por los derechos humanos, no es por defender la autonomía y la soberanía de los pueblos, no es una defensa racional, y no es una causa noble. La izquierda lunática defiende al islam de manera irracional en contra de sus propios intereses, de su propia filosofía, y de sus propias libertades, y en ese sentido es una causa kamikaze, no dista mucho del caso del musulmán que se explota a sí mismo para ganar vírgenes en el cielo.